Nicanor: De ciegos y amor
Nicanor: Francisco, mi viejo amigo. ¿No has pensado en que quizás llegue el momento en que perdamos todo esto?
Francisco: ¿Esto? ¿A qué te refieres?
Nicanor: A todo lo que nos rodea. Hablo de los astros desnudos, de las hipérboles del poeta, de las personas inciertas que temen encontrarse, del nacimiento de un amor, de las infinitas idas y vueltas de los amantes, del cataclismo que se produce cuando dos corazones se quieren, de los días en donde uno se olvida del mundo y el mundo de nosotros, de los hombres y mujeres que aman y de aquellos que dicen amar.
Francisco: Pues claro que he pensado en ello, aunque no tantas veces como quisiera. Hace ya bastante tiempo que he dejado de hacer lo que tú haces. Cuando pienso que al fin he llegado a responderme a mí mismo, se me presentan otras cuestiones, y a decir verdad, nunca me he acostumbrado a ello.
Nicanor: Sí, debo reconocer que poseo un espíritu al que le complace inmiscuirse en aquello que lo turba. No satisfecho con las aguas tranquilas del río, se sumerge en las profundidades de la mar. Sucede todo lo contrario contigo, prefieres la seguridad a los cambios. Eso está bien, hasta cierto punto, ya que tarde o temprano, el cambio acontece. Espero darme a entender, ya me conoces, abuso de las palabras.
Francisco: Sí, no te preocupes. Siempre me han interesado tus observaciones, y lo seguirán haciendo, pero no nos desviemos, has planteado algo y quiero que lo deshilvanemos juntos. Todo aquello que se puede perder, también puede recuperarse, es como yo lo veo. No existen los absolutismos, o es esto o lo otro; lo que sucede es que cuando algo nos resulta digno de mención y de reconocimiento, todo lo demás adquiere otra significancia, y pasa a ser secundario. A lo que voy, siguiendo tu pensamiento, es que más allá de que el mundo, veamos como lo veamos, parezca pronto a desaparecer, no se trata más que de una desilusión que nos desconcierta. Si hoy se pierde el encanto, no hay problema, al otro día se recupera de nuevo. Eso es un poco lo que pienso.
Nicanor: Estoy de acuerdo, creo que el desencanto se reduce a la falta de amor. Sin amor, el hombre sería un mero desperdicio, y todo lo pudiera llegar a surgir de él, carecería de valor.
Francisco: Así es. Sin amor, los veranos serían invierno y el día sería noche.
Nicanor: Me gustaría leerte una carta que escribí hace un par de años atrás. La guardo porque con ella puedo acercarme más a mí mismo cada vez que me pierdo. Habla un poco acerca de lo que veníamos conversando, así que no vendría mal. Jamás se la he mostrado a nadie, por lo que serás el primero en atestiguar lo que sentía cuando era más joven.
Francisco: Te lo imploro, quiero que me leas esa carta ahora mismo.
Nicanor: Bien –y Nicanor, un poco nervioso, comenzó a leer la epístola.
Luján, aquí, del otro lado del globo, las cosas no son como me lo había figurado. Te extraño, y mucho. Cuando paseo de noche te extraño, cuando me despierto te extraño, cuando escucho ruidos te extraño, cuando me aburro te extraño, cuando leo te extraño, cuando escribo esto te extraño. En qué estaba pensando cuando decidí emprender este viaje, ahora me arrepiento más que nunca, pero ya ves, las circunstancias se dieron así. Todo esto podría parecerle exagerado a cualquiera, pero tú no eres cualquiera, y el cielo me dice, entre tantas cosas, que también piensas en mí. La gente de aquí es tan buena, me tratan como si fuera uno de ellos, y aunque no cuente con ciertas comodidades a las que estoy acostumbrado, se las han arreglado muy bien para que mi estadía sea lo más reconfortante. Su cultura es muy diferente de la nuestra, por lo tanto, la idiosincrasia de sus habitantes es diferente también, y si bien uno se encariña rápidamente con todo lo que tiene para ofrecerle este lugar, a la vez, jamás deja de recordar lo que se trae consigo. Etiopía es un lugar para nacer, no para vivir. La pobreza y las enfermedades crecen día a día, las niñas son vendidas a cambio de pan, y las mujeres deben caminar varios kilómetros entresemana para conseguir algo de agua, debido a la escasez de la misma, en los lugares más alejados de la ciudad. Por si esto no fuera poco, la malaria y el sida, se propagan de una forma inusitada; aquí le llaman: “La muerte africana”. La falta de recursos materiales y humanos, perjudica aún más cualquier intento por querer contrarrestar la situación. No te imaginas la felicidad que se podía ver en los rostros de los niños cuando les di unos caramelos que tenía. Sus besos y abrazos acariciaron mi alma, y cuando ya no tuve más nada para ofrecerles, aun así continuaron animosamente con sus muestras de agradecimiento. Qué realidad tan disímil de cualquier otra les toca vivir, y aun así tienen tiempo para sonreír. Esto me hace pensar si no estaremos haciendo las cosas mal, es decir, mientras nosotros leemos la carta del restaurant y elegimos qué comer, ellos se debaten entre un hijo o una ración de comida. Se trata de sobrevivencia, y el que debe sobrevivir, se haya despojado de todo sentimiento de culpa, aunque sea difícil de entender.
Por las noches, se pueden escuchar los rugidos de los leones merodeando en las cercanías, los etíopes dicen que es un buen presagio, ya que alejan a los malos espíritus del lugar. Son muy creyentes, y el más viejo de la tribu es siempre venerado como un dios, ya que según sus creencias, cuantos más años tiene uno, hay una menor aversión hacia la muerte. Para ellos, la muerte se traduce en vida, por lo cual, cuanto más alejados estemos de ella, más alejados estaremos de la vida.
No han pasado ni dos días desde que estoy aquí y ya quiero regresar, no creo que me alcancen las fuerzas para estar lejos tanto tiempo. Si mañana me sigo sintiendo tan mal como ahora, estoy decidido a volver. Estoy seguro de que si estuvieras conmigo, las cosas serían de otro modo, pero debo aprender a estar solo también, es necesario. Últimamente hemos tenido varias discusiones, es evidente que nuestros caracteres distan mucho de parecerse el uno del otro, pero eso no debiera ser motivo de conflicto, puesto que la mayoría de las personas encuentra en el otro lo que no tiene o quiere tener. Se me hace tan difícil estar peleado contigo, los dos somos muy sentimentales, y el final de nuestro pequeño acto es siempre el mismo, dramático y cargado de angustia, por lo que debiéramos rever el libreto y hacer algunos arreglos. Somos como dos ciegos que fingen serlo, queriendo aparentar que no ven lo que sucede a su alrededor, podría parecer la mejor manera de justificar el daño que le hacemos a los demás, pero no es más que una evasión. Ha pasado tan solo un año desde que nos conocimos, el tiempo suficiente para que mi corazón se aflija al no tenerte cerca. Haces de mi vida el desastre que siempre quise tener, fuiste pensada para mí, nuestros sueños congenian, incluso nuestros demonios se entienden muy bien. Antes de conocerte, no era más que un punto, ahora soy una recta.