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Vivir abandonada por la OSEP

Hace dos años le diagnosticaron escoliosis y no tiene a nadie que atienda su caso, porque la obra social no les paga a los profesionales.
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Los dolores se le hacen insoportables, por lo que toma grandes cantidades de analgésicos. Tiene 20 años y no puede ir a bailar, y ni hablar de hacer deportes. Imposible en su situación tener un trabajo, porque no puede estar parada ni sentada durante mucho tiempo. Estudia una carrera universitaria y sus compañeros le hacen el aguante, porque debe cambiar de postura frecuentemente y a veces por el dolor ni siquiera puede ir a cursar.

Radiografías que muestran el avance de la patología en esta joven de 20 años.

Hace dos años le diagnosticaron escoliosis, pero en los nuevos análisis el resultado ha sido peor, porque ahora presenta también "rotación de cuerpos". Debido a la deformación en la estructura de la columna, hace un tiempo comenzó a padecer una contractura cervical que derivó en mareos, vértigo y desmayos, que la llevaron a temer salir a la calle, hasta que esto se convirtió en pánico.

La operación que le daría a esta joven la posibilidad de una mejor calidad de vida tiene un valor que ronda los $100.000. El 80 por ciento de este monto se lo cubre la obra social, pero esto en caso de que se pudiera llevar adelante tal operación. Y no es que no se pueda realizar porque en Mendoza no haya médicos capaces de darle solución a este tipo de patologías, sino que el motivo por el cual es imposible para ella someterse a la intervención es que la OSEP no dispone de profesionales que la puedan atender, porque todos ellos han dejado de recibir pacientes de esta obra social por una simple razón: no les pagan.

OSEP (no) te cuida

A partir del diagnóstico que le hicieron a esta joven (que prefirió mantener su nombre en reserva), tuvo la posibilidad de consultar a algunos especialistas en escoliosis, pero de a uno fueron dejando de atenderla porque la Obra Social de Empleados Públicos (OSEP) ya no les pagaba.

De manera casi perversa, en la obra social le entregaron a ella una lista con los nombres de todos los especialistas que podían tratar su patología, pero ninguno de ellos recibe ya a pacientes que cuenten con la "cobertura" de OSEP. Ante esto, la última de las soluciones que le propusieron fue que recurriera al Lagomaggiore, en donde, le dijeron, hay un médico que puede realizar la intervención.

Pero la situación no es tan sencilla, porque para que pueda haber una operación debe haber un diagnóstico claro, y este diagnóstico lo debe realizar un profesional, uno al menos de la lista de profesionales que OSEP tiene en su cartera, pero ninguno de estos recibe a pacientes de esta obra social porque no se les pagan los honorarios correspondientes, entonces... Un círculo de nunca acabar...

"Las chicas ya no saben con qué cara mirarme", resume al relatar cómo las empleadas de OSEP la atienden cada vez que va a consultar si por fin habrá alguien que pueda tratar su patología. Y es que ella es consciente de que las empleadas son sólo la cara visible de un sistema de cobertura médica depauperado al extremo por años de desidia en la administración.

De esta manera, el tiempo pasa y la situación de esta joven empeora, porque la deformación de la columna sigue avanzando y no hay otra forma de solucionarlo que no sea con la colocación de una placa de titanio.

Hija de un ex empleado público y desocupada, su salud depende de OSEP, ya que no puede darse el lujo de pagar entre $250 y $500 por consulta, dependiendo de a qué consultorio particular de un profesional recurriese.

La obra social es su única esperanza. La única.

Dos datos

Se ríe nerviosa. Lleva las fotos de la radiografía de la columna en su celular; "por si las necesito en algún momento", asegura. Sabe que un mal movimiento puede desencadenar un dolor insoportable. Y recuerda una anécdota que podría haber empeorado aún más las cosas.

Luego de que le diagnosticaron la escoliosis y mientras que era posible que la atendiera un especialista, le recetaron realizar sesiones de reeducación postural global (RPG). Fue a OSEP a pedir una orden para esto, y se la dieron, pero cuando fue a realizar los ejercicios, la persona que oficiaba de coordinadora de su trabajo le pidió que se acostara de espaldas sobre una pelota para ejercicios de rehabilitación.

Ella, al ver la actividad que le proponía, le aclaró a la persona a cargo que no podía hacer ese tipo de movimientos porque lo que padecía era escoliosis. La respuesta que obtuvo fue que, estaba claro, la autorización que le habían dado era errónea y debía tramitarla de nuevo.

"Imaginate si yo me tiraba arriba de esa pelota...", dice aún escéptica.

Pero más escéptica se la nota cuando revela que su hermano menor, de once años, también fue diagnosticado de escoliosis.

"¿Quién lo va a atender a él?", se pregunta sin siquiera tener una respuesta a su situación, porque OSEP no les paga a los especialistas y estos no atienden a los afiliados a la obra social más grande de Mendoza. Alejandro Frias