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Quién lo diría: Dostoievski era un bromista

"Él nunca decía nada que no fuese verdad, salvo un día al año", recuerda la hija del escritor, junto con algunas de las bromas que su padre les preparaba.

Cuando piensas en Fiodor Dostoievski lo primero que se te viene a la mente no es que pudiese ser un fan de las bromas, quizás porque tendemos a identificar directamente a los escritores con lo que escriben y también porque lo que sabemos de su biografía (consumido por las deudas, atrapado por las mesas de juego…) no nos hace pensar en que Dostoievski pudiese ser el alma de la fiesta. Pero, sin embargo, muchas veces la vida privada de los escritores tiene cosas que acaban por sorprendernos, la de Dostoievski incluida.

Ya sabemos que le gustaba cantar mientras se aseaba y que era un obseso de la higiene así como que trabajaba sobre todo por las noches, gracias a los recuerdos de su hija Aimée que permiten trazar su rutina de trabajo. Pero las memorias de su hija no solo nos permiten conocer cómo trabajaba Dostoievski sino que también nos posibilitan descubrir algunas otras cosas sobre él, como que (a pesar de todo lo que nos imaginamos sobre el escritor ruso) era un fan de las bromas. Dostoievski cumplía año tras año con una fecha: la del día de los Inocentes (que en Rusia es el primero de abril).

"Él nunca decía nada que no fuese verdad", explica Aimée Dostoievski, "salvo un día al año, el primero de abril". Para él, esa jornada era una tradición y “mi padre amaba las tradiciones”. La hija del escritor no solo nos cuenta que su padre les preparaba bromas para la jornada sino que además nos da un ejemplo de una que hizo y en la que su esposa, Anna, cayó completamente.

"Una mañana de abril salió de su habitación con cara consternada. '¿Sabes lo que me pasó esta noche?', le dijo a mi madre mientras entraba en el comedor. 'Una rata subió a mi cama. La estrangulé… Dile por favor a la doncella que vaya y se la lleve. No puedo volver a mi habitación mientras la rata esté allí. ¡Me horroriza!', y escondió su cara entre sus manos. Mi madre llamó a la doncella y fue con ella a la habitación principal. Mi hermano y yo las seguimos, nunca habíamos visto una rata y nos preguntábamos como sería. La doncella sacudió las sábanas, las almohadas y las mantas, luego las tiró en la alfombra. ¡Nada! El cuerpo de la rata había desaparecido. '¿Pero dónde la tiraste?' preguntó mi madre, volviendo al comedor, donde mi padre estaba tranquilamente bebiendo su té. Él comenzó a reírse. 'Inocente', gritó, encantado con el éxito de su broma".

Fuente: https://www.libropatas.com/