Alta Performance y Calidad de Vida: Disfrutar el recorrido
Con la vehemencia de llegar a la meta, muchas veces olvidamos disfrutar el camino. Imaginemos una carrera universitaria que por cualquier razón (o por varias) no logramos finalizar o simplemente decidimos cambiar a raíz de otra elección vocacional. ¿Habrá sido en vano ese tiempo invertido? Seguro que no, pero cuán fructífero haya sido depende solo de nosotros, de nuestra capacidad de aprender.
En primer lugar, lo aprendido, aprendido está y eso ya es una gran adquisición. Y me refiero no solo al saber académico, sino a esa capacidad de aprender en cada momento y la aptitud de aplicar eso a cualquier situación. En mis épocas de estudiante de farmacia aprendí a manejar proporciones y cantidades y descubrí de manera empírica lo maravilloso de la alquimia. Más tarde volqué ese conocimiento (íntimamente ligados a otros) a la magia de la cocina.
En segundo lugar está el hecho valioso y transformador de conocer personas. Amigos, colegas, compañeros o conocidos con quienes vamos interactuando, enriqueciéndonos, enriqueciéndolos. Y esto independientemente de si perduran o no en nuestra vida; no importa, porque ya hubo una transmutación.
Imaginemos prepararnos para escalar una montaña: entrenamiento físico, aprendizaje acerca de temas alimenticios, climáticos, fisiológicos, etc., inversión de tiempo y dinero. Conociendo personas que ya realizaron la proeza y de cuya experiencia nos valemos. Llegado el momento del gran desafío, no podemos alcanzar la meta debido a causas mayores, por ejemplo, fenómenos naturales. Entonces… ¿fue tiempo perdido? Por supuesto que no, porque todo lo que conformó los momentos previos ya pasó a ser patrimonio nuestro.
Está demás decir que debemos aspirar a llegar a la meta con bravura y determinación, pero sumándole ese plus extra de disfrutar y aprender del camino recorrido. Basándome en mi propia experiencia puedo afirmar que esto hará que el objetivo cumplido sea aún más grandioso o, en el caso contrario, no habrá sido tiempo insustancial.
Por Marcela Heras Emprendedora del Método DeRose Mendoza