Poemas de verano: Camilo Torres
después
el convencimiento íntimo de las cosas
el saber reflexivo
el recuerdo latente
la mirada aguda
nada me salva de cometer viejos errores
cuando miro el fuego pienso
en el infierno de Dante
los pies de una bailarina
pechos que son como de mujer / diosa / muerte
y no veo al fuego como fuego.
saber que el fuego es fuego
que su movimiento no es demorado
y sí difuso
que hay fuego de todo tipo de fuego
vuelve a mi sentir
solo
y mientras lo pienso
un calor inunda mi cuerpo
como las olas traen botellas a la playa
o mejor dicho
como marea en el bosque.
los cuervos
aunque la quietud se aleje de sus alas
ellos ya se habrán hecho amigas de su sombra
aún cuando su único huésped no lo sepa
y su cuerpo endurezca al correr del tiempo
ellos seguirán allí...
pero alzar trigales no es como llegar a cualquier sueño
los gestos son monótonos
los trazos gruesos
se puede ver el mar de lejos
de cerca... lluvia y pasión en sus mejillas
(de cielo de colores, de ojos perdidos)
pero ya no habrá nuevos árboles, no
ni casas puentes rostros
carretas prostitutas o viejos
no verdecerá su cara en girasoles
ni habrá cielo detrás de los paisajes
su mirada no violentará al sol
o separará el oleaje de los trigos
y los cuervos quedarán inertes
postrados / sumisos
esperando.
"El tren que da vueltas alrededor de la mesa"
Vicente Taglia
nosotros los labios los locos
que miramos bajo las polleras los balcones
estamos absurdos anonadados
ya sin clérigos para las manos
ni vientos para los oídos
nosotros que bebimos demasiado
que escuchamos mucho Bach
teníamos algo así como una meta con qué hacer jueguito
(una rabona eso es todo)
despertamos sobresaltados al cuarto para las doce
cuando parecía no haber mordazas que nos unieran
nosotros que tendimos una mesa sin orden
alabamos en la pasión al silencio.
sentados, no sabíamos hacer ni ruidos
¿quién de nosotros debiera creer en la locura?
disoluble embolia del recuerdo
como ladrones
acabamos en la mesita de luz pariendo mariposas de papel
perdimos la paciencia, las manos, la venganza
sólo nos dieron esto para dedicarnos
una noche donde no hubo nada, un cuchillo de costado, sombras hacia delante.
Por Camilo Torres, de Alrededor del muro, C arbónico Ediciones

