Alta performance y calidad de vida: Sublimar
Si tomamos un trozo de hielo seco y lo dejamos expuesto al aire libre, comprobaremos en vivo y en directo este fenómeno de volatilización. En mis épocas de estudiante de farmacia, disfruté de un espectáculo aún más colorido de este proceso, al calentar cristales de yodo y observar un magnífico vapor violáceo.
Ahora bien, es fácil ver con claridad estos cambios de estado en el plano de la materia. ¿Y si trasladamos este concepto al campo de las emociones? Quizás por tratarse de algo menos tangible, por lo tanto más sutil, habrá que agudizar los sentidos para percibir el proceso, y aún más, trabajar con ahínco en pos de un resultado que sea tan bonito como la neblina de yodo.
Sublimar las emociones es buscar transformar algo denso (sólido) en otra cosa (liviana) con características prácticamente opuestas. Por ejemplo, sentir una admiración profunda (en lugar de celos) por un compañero de trabajo que logró un ascenso al que nosotros también aspirábamos. Y a su vez, esa transformación puede ayudarnos a sumergirnos de cabeza en un viaje extraordinario: el autoestudio. Mirarnos desde un lugar noble pero objetivo, sin juzgarnos pero sin ser condescendientes con nosotros mismos.
¿Cuánto dura un trozo de hielo seco dejado a la intemperie? Relativamente poco, ya que comienza a evaporarse. Traslademos eso a nuestras emociones más pesadas (miedo, tristeza, derrotismo, enojo), imaginando que ejercitamos sublimarlas… El resultado será increíble, ya que viajaremos más livianos. ¡Y esa transformación de sólido a gaseoso no deja residuos!
