Obra mendocina llegó al Senado de la Nación
El viernes 2 de octubre se puso en escena la obra teatral “Perón e Yrigoyen” en el Salón Azul del Senado, el más emblemático del Congreso Nacional, el mismo donde fueran velados los restos de Evita, Perón y Alfonsín, entre otros presidentes, y por donde desfilaron cientos de miles de argentinos despidiendo a sus líderes.

El salón es mítico y parece respirarse la presencia de espíritus, esos que siempre quisieron volver a la vida. Y sí, eran ellos, dos fantasmas en la fantasía de un Perón y un Yrigoyen que como siempre, convencieron a su público. Uno en su marasmo de vejez y quietud soportando la ignominia de ver a su propio pueblo echándolo, quemando y destrozando su modesta casa, el otro llorando a su mujer muerta, el ser humano desgarrado para siempre, amputado, y todos con un nudo en la garganta.
Y la escena universal de Hamlet. Un padre (Perón o Yrigoyen) reclamando a su hijo (el pueblo) que “le devuelva el reino del que fuera injustamente despojado”. Y un pueblo puesto a funcionar al compás de los deseos de sus líderes, repitiendo sus errores y fracasos, cayendo en la trampa existencial del miedo, la orfandad y la desolación, en la eterna duda y neurosis de Hamlet entre ser él mismo o ser el deseo de otro.
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Pero también el amor. Porque más allá de las disputas los personajes son ganados poco a poco por un sentimiento amoroso que guardan hacia su pueblo. Y entre quejidos y a regañadientes saben comprender finalmente que están muertos y que el pueblo “ya tiene que hacer su vida”. Un pueblo que los deja ir acogiendo sus geniales enseñanzas, esas que le dan identidad y seguridad, pero que también, ahora más maduro, ha superado viejas mezquindades y egoísmos.
Entonces el discurso que se vuelve realidad: “Un Presidente para todos los argentinos: amigos y adversarios”. El ansiado diálogo político, ese que se hace tan urgente en los tiempos que corren frente a las prácticas de antagonismo e intolerancia que heredamos de la revolución de Mayo y que jamás hemos dejado de repetir periódicamente. El odio dejando paso a la amistad respetuosa con otro que no es igual pero tampoco muy distinto, porque en definitiva todos estamos hechos de lo mismo y nadie tiene la verdad total.
La obra la protagonizan Martín “Tino” Neglia (Perón) y Miguel Wankiewicz (Yrigoyen), los autores son Tristán Casnati y Marino Martínez y llegó al Congreso Nacional de la mano del reconocido gestor cultural y realizador artístico Pedro Marabini, quien asistió en la puesta en escena. En el Senado Nacional fue impecable la organización a cargo de Stella Chianelli y la colaboración de la Senadora Nacional y Vicegobernadora electa Laura Montero.

