Presenta:

Un revolucionario de barrio adentro y su primer libro literario

Ramón Ábalo hace a un lado la literatura meramente testimonial y documental para sumergirse en la ficción. Este miércoles, su nuevo libro.
Foto: Pachy Reynoso/MDZ
Foto: Pachy Reynoso/MDZ

 Este miércoles 14 de octubre, desde las 21 y en la Sala Roja del Espacio Julio Le Parc, Ramón Ábalo presentará su nuevo libro: "Cuentos de la Media Luna y la Calle Larga".

Se trata de su primer volumen de ficción, luego de toda una vida dedicada a contar lo que vio o a reunir documentación sobre cosas que fueron contadas pro su pluma por primera vez.

A sus 87 años, Ábalo inicia un nuevo camino que, en definitiva, no abandona del todo al recorrido ya, porque se trata de cuentos y relatos del lugar en donde nació y vivió durante toda su vida, por lo que cada una de las historia está ineludiblemente teñidas de realidad.


Es autor de "El terrorismo de Estado en Mendoza", "Mendoza Montonera"  junto con Hugo de Marinis al que "Entre viñas, guitarreadas y revoluciones".

Ábalo, escritor, periodista, militante gremial, político y social, no afloja y al borde de los 90, abre una nueva perspectiva a su pasión por escribir: la veta literaria.

El prólogo del libro escrito por su hijo Jorge:

Recuerdo cuando llegaba de la facultad a mi viejo, esperando en el comedor. No estaba leyendo ni mirando televisión. Estaba ahí,́ con la mesa servida, esperando a los vagos, a mis amigos, con un pedazo de pan o un vino tinto. Iban llegando de a uno o en barra, cómo le va Ramón, decían, adelante muchachos, el Jorge no está pero no importa. Ellos sabían eso, pero daba igual, querían sentarse, compartir y escuchar historias. Así́ pasaban las horas, hasta que yo llegaba, y nadie se inmutaba, todos seguı́an y yo me prendíá a las conversaciones inacabables de noches eternas de anécdotas, reminiscencias y aprendizajes crepusculares.

¿Las historias? Bueno, el Armando, la bohemia, la calle larga, el Chatencler, El cine Recreo, las películas antológicas de ayer. Los vagos, la milonga, el club de barrio, el Atlético Argentino y el Sayanca, la historia de Pedro Molina, de Mendoza, el peronismo de Perón, el peronismo sin Perón, y el peronismo contra Perón, la Argentina de las panzas lacas y las vacas gordas, el Che y la Cuba de Fidel, El Ciro Bustos y el Gordo Politti, las inequidades de la patria grande, y la puta “madre patria” que nos habíá expoliado en nombre de la cruz y la espada. Las desigualdades de un mundo que se devoraba a sí ́mismo en nombre de las sacrosantas finanzas.

Decenas, tal vez cientos de anécdotas que se hilvanaban a sí ́mismas en esa mesa, de la casa de la calle Manuel A. Sáez, que tantos recuerdos ya tenía de antes, de siempre. De mi abuelo y de la emigración de su Siria natal, de mi vieja, enamorada de la música, sus hijos y de la escuela, de mis tías, y del recuerdo de Lili, bailarina, que rodeaba el comedor con cuadros de Carlos Alonso y poesías de Iverna Codina. Del Negro Mathus y Mercedes Sosa, que abonaban el patio con sus canciones y de la cultura que allí ́vibraba. De los amigos de siempre, del Gordo Nardi y el Pepe, del Armando, que de tanto en tanto lo buscaba al viejo para salir de curda, del Negro Carrasco y el Jorge Fornés, de la hermosa Elina Alba, y del Carlitos Owens.

Alrededor de esa mesa que me acompañó́ en la adolescencia, hace 30 años, creo que comenzaron a delinearse estos relatos que Ramón trae hoy para nosotros, para sus amigos. Con la épica que lo caracteriza en su escritura, y la virtud con la que maneja el lenguaje.

Aquí ́una digresión: el artículo en femenino o masculino que Ramón pone en la antesala de los nombres de las personas. Y es que era así,́ dice “el” Ramón, así ́nos tratábamos, y así ́era la cultura popular.

Por eso, este libro, es la síntesis del contorno de la mesa, alrededor de esa casa, cerca de la calle larga. Allí ́se construyó una partecita de la historia de Mendoza, de un pedazo de mundo, de nuestro mundo.

Jorge Abalo