Presenta:

Alta Performance y Calidad de Vida: Rutinas placenteras

Hace tiempo me sonaba aburrida la palabra rutina. Respecto a muchas cosas, la rutina puede ser realmente tediosa, sobre todo cuando nos es impuesta o es algo de lo que no podemos escapar.
590199.jpg

Un ejemplo de rutina impuesta es la asistencia al colegio, que en cierto modo es “lo que hay que hacer” cuando somos niños y adolescentes. Otras pueden comenzar como obligatorias -por ejemplo, practicar un deporte desde pequeños- y transformarse más tarde en una costumbre elegida.

Hoy tengo otra visión, ya que la perspectiva al observar lo que se repite como un hábito me muestra lo constructivo de reiterar ciertas acciones, y el aprendizaje que incorporamos de esa forma. No obstante, me pregunto cuántas veces elegimos una rutina de manera inconsciente, solo porque no vislumbramos otra opción. Y cuántas veces nos quejamos de nuestra rutina por la incapacidad de aplicar una actitud y óptica diferentes.

Ante la primera pregunta, concluyo que es bastante común dejarse llevar por las costumbres conocidas o que nos resultan familiares. Es imprescindible cada cierto período detenernos a observar nuestros hábitos con sentido crítico y, si detectamos que no nos dan felicidad, hacer un cambio al respecto.

Ante la segunda pregunta, creo que es importante encarar con actitud alegre y optimista a las rutinas que tenemos y pensar que siempre hay novedad en aquello que parece totalmente conocido. En definitiva, ningún día es igual a otro: solo debemos desarrollar una mirada más minuciosa para descubrir esos matices. Una dosis de creatividad hará posible, además, renovar lo cotidiano y transformar así nuestras rutinas en algo placentero.

  Por Natalia Aramburú , directora de la sede Mendoza del Método DeRose