Alta performance y calidad de vida: La belleza de las cosas
Caminando por diversos escenarios, naturales o “hechos por el hombre”, fui descubriendo en mi último viaje que lo que consideramos bello es tan relativo al punto de vista de quien observa como la afirmación de que una comida es deliciosa o desagradable.
Si bien hay cierto estándar de lo lindo y lo feo, afortunadamente cada individuo puede manifestar diferencias en cuanto a aquello que le gusta. Esas sutilezas varían de acuerdo con tantos factores, que sería imposible enumerarlos.
Durante aquellos días, el hecho de ver el encanto de objetos, lugares y personas de las más variadas características me dio una sensación agradable de descubrimiento, la certeza de que se puede encontrar belleza casi en cualquier objeto, aunque a otros no les parezca que la hay. Esa actitud es algo que trato de mantener siempre, pero en esa situación especial de vacaciones sentí que se acentuó mi capacidad de apreciar las cosas.
¿Cuánto puede influir –por ejemplo– nuestro estado de ánimo en la percepción que tenemos del mundo? Sin duda, bastante.
Estar de paseo nos predispone de forma más positiva ante todo lo que nos rodea; no obstante, así como hay personas que aún en lugares hermosos y en momentos de ocio no pueden “ver” nada atractivo en su entorno, hay otras que en su vida cotidiana realizan el ejercicio de encontrar esplendor en cada cosa, y logran sorprenderse a diario con la hermosura inesperada de lugares y objetos. La clave está en tomar la decisión de aplicar otra mirada a lo que hay a nuestro alrededor.
Por Natalia Aramburú (foto), directora de la sede Mendoza del Método DeRose