Caso Puleo: Las dudas que aún nadie respondió
En las últimas horas, se conocieron los detalles de un peritaje hecho el pasado 10 de junio en el Cuerpo Médico Forense del Poder Judicial de la Nación: se trata de una contraprueba realizada sobre el cuerpo de Cristian Puleo, muerto el pasado sábado 9 de noviembre durante un asado entre amigos en Lunlunta, en circunstancias aún no del todo esclarecidas.
El estudio químico fue realizado a modo de contraprueba en el Laboratorio de Toxicología y Química Legal y de allí surge que el organismo del rugbier no registraba “la presencia de compuestos o elementos de importancia toxicológica”.
El documento fue firmado por Mario Raúl García y Ana María Perkins de Piacentino, ambos profesionales en Ciencias Químicas y Medicina, y generó la inevitable pregunta: si no fue por el uso de drogas, ¿de qué murió Puleo?
Debe recordarse que los amigos del rugbier de 21 años de edad juraron ante la Justicia que esa noche consumieron una explosiva mezcla de LSD, marihuana y alcohol. ¿Por qué habrían dicho algo así si no es cierto?
Según las palabras de quienes estuvieron con Puleo la trágica noche del 9 de noviembre, este comenzó repentinamente a correr, mientras reía y lloraba, desconociendo por completo a quienes estaban allí.
Acto seguido, se desplomó y comenzó a sufrir convulsiones. Fue la última escena que vieron sus amigos: poco después, la médica de guardia del Servicio de Emergencias Cordinado (SEC) Verónica Palavecino dictaminó que el rugbier había fallecido por un paro cardíaco.
A pesar de que en estas horas la familia de Puleo intenta poner en duda la versión de los amigos del joven fallecido, la profesional que lo atendió no detectó nada que se saliera del “libreto oficial”. Palavecino incluso intentó reanimar a Puleo pero no lo consiguió.
Tampoco la Justicia detectó nada anormal en el testimonio de quienes estuvieron con el rugbier la noche en que murió.
Ello lleva a insistir en la pregunta: ¿De qué murió Puleo si no fue por el exceso de alcohol y drogas? Peor aún: ¿Cuál sería el sentido de inventar una historia que incriminara a los propios declarantes?
Si sus amigos buscaran zafar de la situación, ¿no hubiera sido más lógico decir que Puleo se indispuso repentinamente, evitando mencionar el detalle de los narcóticos consumidos esa noche?
En el expediente que instruye la fiscal Susana Muscianisi aparece incluso la referencia al dealer que aportó el LSD que se consumió esa noche. Un hombre que aún hoy sigue caminando por la zona de Palmares.
La desconfianza de la familia es claramente entendible, lo mismo que su escepticismo a la hora de aceptar que Puleo hubiera consumido estupefacientes. El hecho de no encontrar rastros de drogas en el organismo del rugbier, no es evidencia concluyente de que no haya consumido.
De acuerdo a lo que surge del expediente en cuestión, el primer estudio sobre el cuerpo de Puleo se hizo cuatro días después de fallecido, tiempo suficiente como para que desaparezcan los vestigios de drogas como el ácido lisérgico.
Todos los manuales de toxicología advierten que el LSD dura unas pocas horas después de pasado el efecto. Se metaboliza rápido y no deja residuos ni en ganglios ni en células grasas.
Josep Solé Puig, psiquiatra y psicoterapeuta reconocido internacionalmente, asegura que el LSD tiene una farmacocinética relativamente rápida, con una vida media de eliminación de tres horas, ya que “es de fácil absorción digestiva, oral y parenteral, así como a través de mucosas erosionadas”.
“Tan sólo una parte infinitesimal, del orden de una o dos cienmillonésimas de gramo, logra pasar la barrera hematoencefálica”, aseguró hace unos años Solé Puig a revista Adicciones de España.
Lo mismo aseguró a MDZ Claudio Izaguirre, titular de la Asociación Antidrogas de la República Argentina: “En reglas generales es así, el LSD se va rápido del organismo”.
-¿Es posible que el consumo de ácido lisérgico provoque un paro cardíaco?
-En general, esto ocurre cuando se mezcla con otras drogas.
-El caso que investigamos tiene que ver con consumo de marihuana, LSD y alcohol.
-En ese caso, sí es posible. La marihuana es un altísimo depresor del sistema nervioso central, el alcohol también, dos drogas que te bajan los niveles. A su vez, el ácido lisérgico te lleva la tensión vascular por las nubes.
-¿Entonces?
-Entonces el sistema nervioso no sabe qué hacer. Al tener dos órdenes opuestas, los músculos del corazón no saben qué hacer. El corazón deja de latir y se da una muerte súbita. Lo mismo les pasa a los que consumen éxtasis y alcohol.
Las dudas rozan incluso al ex ministro de Salud provincial, Sergio Saracco, quien no solo refrendó la posibilidad de que hubiera sido tardío el estudio hecho sobre el cuerpo de Puleo, sino que además advirtió que la marihuana que se encontró en la sangre del fallecido podría haber causado la broncoaspiración que produjo su deceso.
Luego de lo aquí expuesto, ¿quién podría decir de manera concluyente que el rugbier no consumió LSD u otras drogas?
Las dudas que surgen a partir del nuevo estudio del Cuerpo Médico Forense jamás podrán ser aclaradas: como se dijo, las primeras horas después de ocurrida la muerte de Puleo fueron totalmente desaprovechadas.
MDZ intentó hablar con la fiscal Muscianisi para aclarar ese y otros puntos, pero nunca atendió los llamados hechos a su teléfono celular. Ello a pesar de que, en enero de este año, aseveró que revelaría cualquier novedad a este diario.
La lentitud de la Justicia en este caso puntual, es llamativa. Lo mismo que el tiempo transcurrido desde que se refrendó el nuevo peritaje —el pasado 10 de junio— y el momento en el que se dio a conocer. Por caso, ¿por qué debió pasar casi un mes para que el estudio se diera a conocer públicamente?
Y otra duda aún más incómoda: ¿Por qué el primer estudio, pedido por el fiscal Juan Tichelli, se contradice con el que refrendó el Cuerpo Médico Forense?
En el primero, se dice que Puleo había consumido marihuana pero no alcohol ni otras drogas; en el que se conoció en las últimas horas, se asegura que solo consumió alcohol y no se detectaron narcóticos de ningún tipo. ¿Cómo se entiende semejante contradicción? ¿Por qué Tichelli demoró tanto tiempo en analizar el cuerpo del rugbier?
Como sea, lo que sucedió esa ingrata noche de noviembre en Lunlunta, donde Puleo perdió la vida, solo reposa en las cabezas de quienes estuvieron allí. ¿Dijeron estos todo lo que sabían o callaron puntuales detalles acerca de la muerte de su amigo?
A casi ocho meses de ocurrida la muerte del rugbier, nadie aún puede arriesgar una respuesta. Por ello, debe reinar la cautela antes de avanzar en cualquier sentido. Nada puede darse por seguro.
Como dijo alguna vez René Descartes, “para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas”.

