Alta performance y calidad de vida: La empatía que no siempre aparece
Hay situaciones que no dejan de sorprenderme: en estos días en que las emociones de muchos se ven alteradas por un “juego”, entre todo lo sorpresivo aparecen algunas cosas muy lindas y otras que apenan.

Observar tanto entusiasmo, empeño y esfuerzo en apoyar, estar cerca, dar aliento, me hace sentir que hay algo realmente bueno en los seres humanos. Pero al instante aparece la contracara: el insulto, la crítica destructiva, la exigencia sin límites e incluso el disfrute por el dolor ajeno, y en ese punto pierdo un poco la esperanza. Reflexiono acerca de aquello que quizás intrínsecamente traemos y puede generar en nosotros falta de empatía, ese sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.
Creo que todos tenemos la capacidad de experimentarla, ya que consiste en ser capaz de ponerse en la situación de los demás, y esto habla de usar un aspecto más racional. Porque llegar a imaginar de manera precisa o aproximada la situación que está viviendo otra persona, requiere primero pensar, decidir hacerlo, y luego intentar sentir lo que el otro siente, no al revés. Tal vez en otras especies, donde el raciocinio no existe, la empatía con los pares se produzca de manera más instintiva.
Por eso opino que en nuestra especie tener empatía es una cuestión de decisión. Un ejemplo de ello es el hecho de que nos afecte más el sufrimiento de ciertas personas desconocidas, que el de otras que también lo son. ¿Qué nos hace seleccionar con quién confraternizar, y con quién no? Seguramente motivos intelectuales, implantados por la cultura y educación que recibimos.
Si realmente pensáramos antes de dejarnos llevar por la emoción, podríamos conectarnos mejor con los otros, empatizando sin “discriminar” mediante ninguna clase de filtro. Así, disfrutaríamos más con su alegría y acompañaríamos con respeto su sufrimiento.
Por Natalia Aramburú (foto), directora de la sede Mendoza del Método DeRose

