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No confundir amor con deseo

El amor y el erotismo caminan por caminos distintos que muchas veces tienen direcciones distintas. Un análisis polémico, pero necesario.

Recuerdo un paciente, Rubén, que me contaba que su mujer y su amante eran “dos cosas diferentes”. Su esposa era una mujer maravillosa, una madre increíble, lo mejor del mundo, una gran compañera. En cambio su amante era una máquina sexual, que lo excitaba cada parte de su cuerpo, como un puro objeto sexual, “una bestia”

El amor y el erotismo caminan por caminos distintos que muchas veces tienen direcciones distintas.

Estas diferencias en describir cada persona no hacen otra cosa que marcar los mecanismos con los que funcionan el amor y el deseo

También les cuento el caso de Ana, una mujer de 40 años, casada ya hace más de 15 años con su esposo con el que crearon una familia muy estable. Ella se convierte, muy a menudo en esa mujer objeto, “esa perra”, y  disfrutan ampliamente de esa erotización, deseándose y excitándose.

La dificultad que se le presenta a una pareja es poder sostener el amor y el deseo en una misma relación, o sea, idealizar y degradar, según sea el momento, a la misma persona, lo cual no deja de ser un verdadero desafío  

Para que el amor surja es necesaria una cierta idealización de la persona amada. El deseo necesita degradar al objeto para poder erotizarse.

Es común que estos senderos, del amor y del deseo, se dirijan a dos personas diferentes, rompiendo de este modo la ilusión de encontrar a otro que nos complete. Cuando nos enamoramos fantaseamos que el otro no va a desear a nadie más. Si somos sinceros nos damos cuenta que aunque estemos enamorados no dejamos de desear. Este deseo loco, siempre insatisfecho, que va de uno a otro objeto.

¿Entonces se puede pensar que es imposible ser fiel?

El ser humano tiene la capacidad de elección, la capacidad de hacerse cargo de lo que hace con su deseo. El perro ante una perra en celo hace lo que el instinto le manda, en cambio, el hombre puede desear el cuerpo hermoso de otro y elegir a su pareja, la fidelidad es una opción.

 El amor no detiene el deseo y, por ende, no garantiza la fidelidad. Uno puede estar muy enamorado e igual ser infiel. La fidelidad es una decisión personal que, a veces, se sostiene con mucho esfuerzo porque alguien no está por fuera de las tentaciones de la vida. Y creo que esa es una buena cosa.

(*) Psicóloga, especial para MDZ