No son drogas, son solo luces
En noviembre del años pasado, publicamos una serie de autorretratros realizados por una mujer antes y después de consumir LSD. La percepción que tenía de sí misma ante el espejo variaba de acuerdo al efecto que el ácido le hacía en cada momento.
Sin recurrir a las drogas, el cineasta Nacho Guzmán obtuvo un resultado similar, sólo que haciendo un juego de luces, las que se movían o cambiaban de color.
El video fue realizado para la canción Sparkles and Wine (Resplandores y vino), del grupo francés de música electrónica Opal, y el resultado es una pieza de dos minutos que nos lleva a interrogarnos si sólo tenemos un rostro o eso que identificamos como nuestra cada no es más que el resultado de una visión específica en un momento determinado.
Dos minutos, una mujer pero varios rostros.