La historia de Juan y su lugar en el mundo
Juan tiene 28 años, esposa y dos niños. De chico creció bajo el buen sol
del norte mendocino, en la chacra en que vivieron sus padres y antes lo hicieron
sus abuelos, pero no lo conocí abriendo surcos en esos rincones de nuestra
hermosa provincia sino en un barrio marginal del Gran Mendoza, cuando todavía
era ministro de Desarrollo Social y él buscaba una oportunidad para trabajar y
sostener a su familia.
Las causas por las que ese joven se mudó a la Capital, hace diez años, en
busca de nuevas oportunidades, son las mismas por las cuales Mendoza necesita
un orden en su territorio, en su economía, en su presente y futuro.
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El Plan de Ordenamiento Territorial tiene que ver con Juan y con cada uno
de nosotros. Dónde y cómo vivimos; qué pedacito de territorio habitamos y cómo
lo podemos mejorar. Tiene que ver con la distancia que separa a nuestro hogar
de servicios básicos como hospitales, centros de salud o la escuela para
nuestros hijos; con el ambiente que nos rodea y la calidad de vida que ello
supone: si el crecimiento industrial nos impuso una fábrica pegada al barrio;
si edificaron edificios en nuestro entorno; si el lugar en el mundo que
elegimos para vivir es sano, es ambientalmente sostenible, es seguro. Si es un
lugar que podemos dejar a nuestros hijos y nietos.
Ordenamiento Territorial también tiene que ver, por supuesto, con el
desarrollo económico de nuestra tierra. Que el agua para riego llegue realmente
a las producciones frutihortícolas de Mendoza y no se pierda, como hoy ocurre,
en zonas donde los barrios reemplazaron a los olivos; Que las fábricas tengan
perfectamente delimitadas las zonas industriales porque de ese modo podrán
gozar también de los beneficios que esos parques constituyen y no interferir en
sectores residenciales; Que el turismo, el comercio, la construcción puedan
seguir creciendo entendiendo las reglas del juego.
Si “planeamos” mejorar las oportunidades de los cientos de pequeños pueblos
que tiene Mendoza, los “Juan” del interior no tendrán que emigrar para poder
sostener a su familia. Esta es una de las directrices más fuertes que involucra
el Plan de Ordenamiento Territorial.
Y hacerlo implica pensar en un desarrollo armónico para toda la provincia. Supone
políticas de estado que tenga en cuenta los recursos naturales, el agua, que
lleve nuevos caminos e infraestructura para que pueblos, ciudades y
departamentos del interior tengan sustentabilidad social y económica.
Oportunidades como las del Gran Mendoza, que se ha convertido en un orbe
demasiado grande, insostenible y no sustentable en el tiempo.
La semana pasada presentamos el Plan de Ordenamiento Territorial ante la
gente, en audiencia pública y este jueves el Consejo Provincial le dio su
aprobación. Fueron muchas horas de escuchar multiplicidad de voces, pluralidad
de pensamientos, riqueza de sentimientos y visiones, así como pedidos
históricamente desoídos.
Yo agradezco a todas y cada una de esas personas que se acercó a dejar su
palabra porque todas ellas fueron escuchadas y tendrán su lugar en esta nueva
Mendoza que buscamos.
Recuerdo especialmente a Claudia, de la comunidad huarpe de Uspallata. Ella
nos tocó el alma al traernos el pensamiento de su gente en torno al “Buen
Vivir”. ¿Quién va a defender nuestra tierra de los extranjeros si no nos
metemos nosotros a hacerlo? Fue una de las cosas que dijo y quedó latiendo
entre los presentes. “Hacerlo nosotros, hacer este plan entre todos. Participar
para que todos sean escuchados… pero participar”.
La historia de Claudia es también la historia del Plan de Ordenamiento de
Mendoza.
Tenemos que entender que el Plan Provincial que presentará nuestro
gobernador el 1 de mayo ante la Legislatura Provincial habla de cada uno de
nosotros. Plantea problemáticas graves que deben ser subsanadas rápidamente en
lo que se refiere a temas macro como matriz productiva, desarrollo equitativo del
territorio, recuperación de pueblos y parajes en vías de extinción, equilibrio
territorial y equidad en el acceso a los servicios.
Habla de ser dignos teniendo oportunidades de trabajo, cuidando el ambiente
como bien común que nos trasciende, llevando a Mendoza más allá de las
fronteras, con una mirada económica e intelectual puesta en los mercados internacionales
y en el futuro.
Este
es nuestro lugar en el mundo. Rodeados de álamos o en la ciudad; viviendo en un
puesto en el secano o sosteniendo una bodega familiar… “Este” es nuestro sitio.
Ordenarlo, organizarlo, establecer prioridades económicas, académicas,
inclusivas, con la mirada en el desarrollo es nuestro derecho y nuestra
obligación.
Lic. Guillermo Elizalde, Ministro de Tierras, Ambiente y Recursos Naturales de
Mendoza