Por un instante, ser parte de la historia
¿Qué genera en nosotros la visita a lugares históricos? Por alguna razón nos gusta conocer ambientes que por diferentes motivos fueron importantes en la historia de la humanidad.
Natalia Aramburu |
Estar ahí, en esos espacios que se destacan porque en ellos pasó algo “trascendente”, a muchos nos provoca emoción y una especie de sensación de complicidad, en el sentido de alcanzar a tocar –al menos mínimamente– aquel momento, y tal vez de esa manera darle más reconocimiento.
Por ejemplo, al visitar la casa donde vivió alguien que se ha destacado, como puede ser un artista, creemos poder atrapar algo de aquella época, de sus características, de sus rutinas, y mucho más si es alguien a quien admiramos. Una especie de aprendizaje nuevo: deseamos impregnarnos de todo lo que aquel lugar representa, contagiarnos de él.
A la mayoría nos gusta conocer esos ambientes de relevancia histórica, artística, política, deportiva, y una vez en ellos simplemente percibir que estamos ahí, donde sucedieron los acontecimientos, donde vivieron aquellas personas, donde se tomaron determinadas decisiones, donde hay marcas de algo diferente. Así nos sentimos parte de la historia, siquiera por ese momento. Si es un lugar de homenaje a luchadores, héroes o mártires, internamente tomamos partido, admirando y respetando en nuestro silencio de visitantes.
Creo que en algunos casos específicos, estas visitas pueden generar en nosotros un aprendizaje y un cambio significativo, que no tiene que ver con el plano intelectual, sino con algo diferente, difícil de explicar aunque fácil de sentir.
Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.

