Alta performance y calidad de vida: La particularidad de los compromisos
Muchas veces la palabra “compromiso” suena como algo que asusta, o que genera una sensación de carga. Entiendo que esto sea así en determinados casos, cuando el deber fue tomado con poca convicción o placer.
Natalia Aramburu |
Admiro a las personas que se comprometen y luego cumplen con sus pactos o, más precisamente, cumplen con su palabra. Por ello considero importante no comprometerse con nada ni nadie si no hay plena seguridad. Esto evitará frustraciones en quien no logra cumplir y decepción en los que han confiado en él.
En líneas generales, uno puede comprometerse con muchas cosas, y aquel halo de pesadez desaparece si la responsabilidad asumida es algo que realmente genera satisfacción, de una u otra manera. En el caso de vínculos, lo ideal es sólo asumir un compromiso cuando nos sentimos muy afines con ese acuerdo que involucra a una o más personas, cuando realmente tenemos ganas y, sobre todo, energía para ello. Y no me refiero sólo a vínculos afectivos, sino también a relaciones de amistad, de trabajo, de estudio.
Si uno está comprometido, por decirlo de alguna manera, “de corazón”, lo primero que se destaca es el entusiasmo con que hace las cosas; luego se hace evidente que los resultados son mejores y, finalmente, aparece una sensación de gratificación.
Por eso considero que sería muy saludable, tanto para uno como para el entorno, poner empeño en dar la palabra sólo en acuerdos que tenemos certeza de querer y poder concretar.
Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.

