Cristian Roca, un guerrero de este lugar
Hay que cruzar un portón de rejas para llegar a una edificación pequeña, en la que ya hay gente armada y donde uno debe dejar su documento a cambio de una oblea que explica nuestra condición de visitantes. Luego, unos sesenta metros más allá, se pasa por el segundo portón, entonces se llega a una sala donde hay que explicar a qué se viene. Allí revisan bolsos, celulares, estuches de los lentes, nos piden que vaciemos los bolsillos, nos hacen un cacheo… Recién entonces se puede acceder a un patio en el que todo está tranquilo, porque es la siesta, la siesta mendocina, así que bajo un sol que pega fuerte llegamos a una oficina, donde esperamos unos cinco minutos, hasta que por fin llega Cristian Roca, que es a quien fuimos a ver, quien obtuvo el segundo puesto en las Olimpiadas de Historia que organiza la Universidad del Litoral y en las que compiten alumnos de todo el país en distintas categorías. En la categoría en la que participa Cristian es la de alumnos en contextos de encierro, y adonde llegamos para conversar con él es el penal de Boulogne Sur Mer, porque Cristian ha cumplido apenas la mitad de su condena de ocho años por robo, con el agravante de haber sido reincidente.
Papeles en la pared
De camisa y jean, Cristian es un tipo de esos con los que dan ganas de hablar, de quedarse un rato charlando, y es que él es uno de esos tantos héroes anónimos que nos rodean pero que no sabemos que existen hasta que alguien nos lo hace notar.
Y es que Cristian Roca, de 30 años, fue tentado por su profesor Diego Sánchez para participar en una Olimpiada de Historia a nivel nacional, y aceptó, y mejor aún, obtuvo el segundo lugar, y eso lo logró (sencillamente) a pesar de todo.
A pesar de que abandonó sus estudios cuando iba sólo a quinto grado de la primaria, a pesar de que su adolescencia la pasó en las calles, a pesar de que ya desde chico fue encerrado en instituciones, a pesar de que tiene que estudiar en un ámbito en el que las condiciones no son las más favorables.
La celda en la que está alojado Cristian Roca.
“Acá es complicado estudiar, porque en el módulo hay que tener mucha paciencia, hay mucho ruido, música por acá, gritos por allá. En una sola ala hay ocho o diez celdas, en las cuales viven tres o cuatro, una multitud que viene y que va, entonces se necesita mucha concentración”, nos cuenta Cristian, quien desde el penal rindió las dos etapas de las olimpiadas, porque es muy difícil lograr que una persona en su situación asista a las ciudades en las que debe rendir los exámenes, porque eso exigiría un desplazamiento de personal muy engorroso, además de que, en todo caso, debería ir a alojarse a otra cárcel, lo que ya es un gran problema.
Cristian tuvo que participar en dos etapas para lograr el segundo puesto. En la primera, los temas eran la economía y la política hasta los años ochenta del siglo veinte, en la segunda, la historia político-económica desde allí en adelante.
Para poder estudiar, uno de los métodos que usó Cristian fue el de llenar su celda de afiches con nombres, fechas, relaciones y demás. “Uno, de tanto mirarlo, se le va grabando”, explica.
El tiempo para estudiar en su situación lo tiene, pero tiene algo más: la voluntad. “Es difícil estudiar acá”, nos repite. “Y bajar a la escuela también es difícil, porque uno depende del penitenciario para poder llegar”.
Pero él no baja los brazos, porque ahora, cuando le queda sólo rendir dos materias para terminar el secundario, se inscribió en la carrera de Enfermería, que se cursa en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCuyo. Para poder realizar las prácticas de algunas de las materias de esta carrera debe esperar a que el juez le habilite las salidas transitorias, porque debería ir al Hospital Lagomaggiore a hacerlas. Con la mitad de su condena cumplida, no debería tener problemas para salir regularmente del penal para cursar. No debería tener problemas…
Romper con la biografía anticipada
Los padres de Cristian Roca se separaron cuando él era aún muy chico. Su padre, por no poder mantener a todos los hijos, los dejó a él y a dos de sus hermanos en la Colonia 20 de Junio.
“Siempre estuvimos muy separados”, sostiene Cristian, quien fue a dar, dentro de la colonia, al Hogar Uno, por ser menor de 12 años, mientras que sus hermanos fueron al Hogar Tres. “La imagen que me quedó es ver que se iban… Y no los vi más por cuatro años, después me encontré a uno en el correccional”, recuerda.
En la vida de Cristian se sucedían delitos leves, algunos robos, estar en la calle, por eso fue a parar al correccional de menores, de donde su madre lo sacó cuando tenía 18 años. Pero ya había un sello en su vida, y siguió delinquiendo.
“Pero cuando conocí a mi novia dije ‘hasta acá llegamos’, ya no quería delinquir más, pero ya era tarde, ya tenía cosas que pagar”, asegura. Y así fue como, a los tres meses de estar de novio, fue detenido y luego condenado.
Cristian y su novia se casaron hace tres meses. Ella ha significado en su vida un gran cambio, y ahora asegura que lo único que quiere es terminar la carrera de Enfermería, para que cuando esté afuera pueda trabajar y tener una familia.
En cuanto a los hermanos de Cristian, los dos que fueron llevados a la colonia también se dedicaron a delinquir y fueron atrapados y condenados. Uno de ellos ya salió, tiene su familia, una hijita pequeña y un trabajo. El otro está en San Felipe, pero sale en libertad en unos días, el 26 de diciembre.
Pero Cristian tiene otros hermanos. A uno de ellos, por ser más pequeño, el padre lo entregó a una familia adoptiva. “Él trabaja en pozos petroleros, nunca tuvo problemas”, cuenta Cristian sobre él. Pero también tiene hermanas, quienes tampoco tuvieron nunca problemas con la Justicia. Los únicos tres que delinquieron fueron los que quedaron internados en la Colonia 20 de Junio, y Cristian tiene una explicación personal para eso.
“Yo tenía un dolor muy grande, no hacia mi familia, hacia la sociedad. Creía que ver familias todas unidas y la mía no era culpa de la sociedad. Creo que por eso quería desahogarme haciendo daño al Estado, haciendo daño en la vía pública…”, dice, simplemente.
Ahora, Cristian Roca espera poder terminar la carrera de enfermería, pero también quiere que su caso no quede en la nada, que la gente pueda, a través de él, ver la cárcel y a quienes en ella están de otra manera.
“Si se viera con los ojos que yo la veo a la gente que está acá adentro, que pelea para estudiar, para salir, gente que estudia en la universidad, que trabaja en los talleres, a la que la mayoría de la sociedad juzga una y otra vez, todo sería distinto. No voy a decir que todos, porque tampoco es que el cien por ciento de los internos tienen ganas de estudiar o trabajar, pero acá adentro hay gente que quiere salir adelante, que estudia”, concluye Cristian.
Nos despedimos, volvemos a atravesar, en sentido contrario, todas las puertas vigiladas por gente armada, nos devuelven nuestros documentos. Ya estamos en la calle. Adentro quedan muchos, y entre ellos, Cristian Roca, quien obtuvo el segundo puesto en una olimpíada de Historia, una de esas personas que dan ganas de seguir adelante, uno de esos tantos héroes anónimos.
Alejandro Frias


