Alta performance y calidad de vida: ¿es tan grave?
Diversas situaciones cotidianas me hacen reflexionar acerca de la reacción ante ciertos estímulos. Hay cierto tipo de reacciones –por ejemplo, químicas– que son medibles según las sustancias que combinemos. Pero tratándose de humanos es casi imposible medir la respuesta ante cierta combinación de sucesos, ya que depende mucho de la subjetividad de cada uno y, lo que es más asombroso, del tamaño o características que predominan en el grupo, si se trata de varias personas.
La escala de valores y seguramente la educación recibida influyen en nuestra forma de actuar ante ciertas circunstancias “apremiantes”, por llamarlas de alguna manera. A veces, cuando estoy detenida ante un semáforo, se enciende la luz verde y quien está detrás comienza a tocar bocina instantáneamente. Me pregunto entonces… ¿tendrá un problema de salud, o riesgo de vida? Lo pienso porque me parece desmedida la forma y ansiedad con que muchos reaccionan ante una situación tan corriente.
Otra situación que viví hace poco fue en el aeropuerto; al bajar del avión nos avisaron que las valijas demorarían porque había asamblea de los trabajadores de esa área. Pasados varios minutos de espera, muchas personas comenzaron a aplaudir y a ponerse agresivas con cualquiera que trabajase en el aeropuerto.
En ese momento volé un poco y pensé “así, es muy difícil lograr la paz mundial”. Si cada vez que las cosas no se dan como están planeadas o deberían ser, reaccionamos tan instintiva y agresivamente, los problemas en el mundo van a aumentar en lugar de disminuir.
Propongo como ejercicio que, ante una situación acuciante, antes de actuar la comparemos con otra realidad realmente problemática y nos preguntemos ¿es tan grave? Tal vez entonces podamos reaccionar de una forma más civilizada. Incluso, proponiendo una solución.

