Alta Performance y Calidad de vida: Altavoz
Hace unos días viajaba con un amigo en su auto cuando sonó su teléfono celular. Como corresponde, respetando las normas de tránsito y su propia seguridad, atendió a través del altavoz. Luego de saludar, advirtió al interlocutor que se encontraba conmigo.
He presenciado este tipo de situación en varias oportunidades. Resulta curiosa la necesidad de realizar esa advertencia: ¿será que quien llama usaría un lenguaje no apropiado, mencionaría algún tema inadecuado o expresaría una opinión no muy oportuna con respecto a algunos de los oyentes circunstanciales?
Pienso qué bueno sería usar como ejercicio la técnica del altavoz. Es decir, siempre que hablemos con alguien (sea cual fuere el grado de cercanía o intimidad), imaginar que lo hacemos a través de un teléfono en modo altavoz, desconociendo quién más puede escucharnos. Seguro que pondremos más conciencia a la hora de expresarnos, mejorando nuestro lenguaje, siendo más afectuosos a través de las palabras y pensando mejor antes de emitir un juicio sobre personas, acciones o, incluso, objetos. Además, la práctica de este ejercicio, probablemente, generará en nosotros un condicionamiento positivo.
Y algo más: si al atender el teléfono sonreímos, la persona al otro lado seguramente lo notará.