Hablan las menducas selfies: "Me encanta que quieran ser como yo"
El tema de las chicas selfie, esta adicción, compulsión, necesidad de sacarse fotos todo el tiempo y estar mostrando la vida casi a la par en que la misma se va viviendo ha preocupado a nuestros lectores y a la sociedad mendocina.
Desde que el tópico se esbozó como una característica saliente de las vacaciones de verano en Chile, y luego fue tratado en MDZ Radio y MDZ online, lectores y profesionales opinaron con el fin de desentrañar el por qué de esta curiosa actitud.
A su vez, algunos testimonios en primera persona dieron las pautas de lo que en realidad sienten las que están insertas en esta vorágine.
Lali es diseñadora industrial, y ha decidido vivir en el plano virtual la vida que no puede vivir en plano real. “Te cuento mi vida: estoy gorda, no tengo novio ni amante, tengo poco trabajo, vivo con mis padres a los 35 años porque la plata no me alcanza para vivir sola y mi día es súper rutinario… todo conspira para deprimirme enormemente. Pero encontré un escape en Facebook y Twitter: allí soy divertida, ocurrente, inteligente… he podido crear la imagen que me gusta, y soy exitosa: la gente me sigue, me manda invitaciones de amistad, le pone ‘like’ a mis comentarios y mis posteos son catalogados de ingeniosos y ‘con onda’. Prefiero mi vida virtual a la real. De hecho, he aprendido a sacarme fotos de tal manera que escondo mis imperfecciones y me veo sofisticada, linda e interesante. Por eso vivo conectada al Face y al Twitter: soy allí la que siempre quise ser”.
Este primer testimonio, que fue dado con la condición de proteger la identidad de la emisora bajo siete llaves, muestra que el fenómeno de las “chicas selfies” no es solo un juego de adolescentes, sino una situación, un estado de la persona que puede llevar incluso a una disociación de la vida: a dejar, incluso, de lado la vida real para cada vez hundirse más en la “de mentira”, la creada, la virtual.
¿Qué dicen las teens adictas al autorretrato?
MDZ salió en la búsqueda de las protagonistas, las que están bajo la lupa. Es que estas chicas están siendo fruto de análisis y de conclusiones, pero poco se había hablado con ellas. La idea fue, entonces, darles la palabra.
La primera que aceptó espontáneamente fue Micaela, una joven de 14 años que fue entrevistada telefónicamente en el programa “No será mucho?”, que se emite de lunes a viernes de 9 a 13 por MDZ Radio.
“Todo el día subo fotos. A cada rato. Me gusta muchísimo. Lo hago porque me gusta como me visto, me gusta mi cuerpo, me gusta como soy y quiero que me vean”, dice ella.
“Me hace feliz que me pongan ‘me gusta’. También sé que han sacado mi foto del Facebook, y las han compartido en otras páginas. Al principio esto me puso nerviosa y dejé un tiempo de subir fotos, pero ahora volví”, sigue contando la teen. “Amo el Facebook, es así”.
En la entrevista habló de su adicción al Facebook, de la posibilidad de ser reconocida y seguida en la vida real por personas que la conocen desde lo virtual, del tiempo que le dedica a esto y del uso que le da a Internet. Por supuesto, también de cómo maneja esta costumbre con sus obligaciones, por ejemplo, la de ir al colegio. A continuación, el diálogo con Micaela. Te recomendamos escucharlo, son unos pocos minutos.
Frente a las respuestas de esta joven, el paso siguiente fue recorrer algunos lugares en los que descubrimos, justamente, a chicas sacándose “selfies” y posteándolas en el momento. El primero de ellos fue la plaza Independencia, en donde nos encontramos con Celeste (19 años) y Carla (20 años), dos primas que nos explicaron que “no vemos nada malo en esto. Al fin y al cabo, el Facebook es una página personal cuyo fin es compartir allí cosas de tu vida. Yo –Carla- vivo aquí y mi prima Celeste es cordobesa, está de visita, y estamos posteando fotos justamente para que su familia las vea, y sepan que está bien y feliz, disfrutando de Mendoza”.
Pero cerca de ellas, otras tres chicas de menor edad –unos 15 años- escucharon y dijeron que querían opinar. “Justo tenemos una anécdota para contarte: ayer hicimos una juntada en la casa de una amiga, y nos sacamos un montón de fotos tomando cerveza, para hacernos las vivas las pusimos en el Facebook –en realidad para que la vieran unos chicos compañeros nuestros del secundario- y nos la re mandamos, porque las vieron los padres de ella, y el hermano de ella –señala a dos amigas- y ahora no queremos ni volver a casa, porque se nos viene la noche. Ya nos mandaron mensajitos de texto diciéndonos que nos están esperando a cada una”, cuenta Vanesa, quien solo dijo que “voy a una escuela de la Universidad, no te digo a cual”.
Frente al relato, les preguntamos si siempre suben fotos de este tipo al Facebook, a lo que contestaron que “sí. Es decir, no siempre tomando o desubicadas, pero si las subimos cuando nos juntamos, cuando nos maquillamos juntas para salir, cuando vamos a algún lado, que se yo. Es como que así les mostrás a todos que tenés vida”.
![]() |
La más copada, a como de lugar
Mercedes –Mechi- es, casi, la “divina” de su curso. Va a quinto año a un colegio de mujeres, confesional, católico. Es muy buena alumna, y también es la dueña de un Facebook frondoso. “A mi me va muy bien en la escuela, por eso no estoy de acuerdo con que descuidas tu educación o formación por darle bola al Facebook. La verdad es que a mi me encanta que quieran ser como yo. ¿Está mal eso? Me gusta sacarme fotos todos los días y mostrar lo linda que es mi casa, lo bien que lo pasamos con mis amigas, mis mascotas –tengo dos perros- y todo eso. Es como que es súper cool mostrar que tu vida es lo más, me parece que la onda es hacer que los que te miran te envidien, jaja”, dice.
“Es una realidad, y no creo que esté mal: si no tenés Facebook, no sos nadie. A ver, yo no pongo en el Facebook mi número de teléfono, o mi domicilio, o mi cuenta de mail. No creo que me puedan ubicar, como vos decís. Solo posteo fotos todo el tiempo, y frases o videos de Youtube que me gustan. Obviamente que van a ser fotos donde salgas diosa, linda. Sino, ¿qué sentido tiene?”, aporta Irene, amiga de Mechi, cuando le preguntamos si no les da miedo que esa compulsión a subir fotos le genere problemas de seguridad, por aportar tanta información de su vida a la web.
“A ver, si vas al gimnasio, te re cuidás, hacés dieta, gastás un presupuesto en peluquería, manicura, depiladota, cremas, etc… ¡Mínimo te sacas buenas fotos y las ponés en el Facebook! Te vas a reír pero yo así conseguí mi novio: era un amigo de un amigo. Los dos le comentamos una foto a él –viste que los comentarios se van agregando uno abajo del otro-, entonces le parecí linda y graciosa y me agregó. Bueno, empezamos a chatear y chatear, me invitó a tomar algo, y así pegamos onda hasta que nos pusimos de novios. Esto fue hace un año, justo”, aporta la hermana de Mechi, Laura, que tiene 22 años.
¿Y de los padres qué dicen?
Mientras las chicas aseguran que es algo divertido y que no le ven ninguna consecuencia negativa a la adicción a la selfie –“Me parece re fuerte la palabra ‘adicción’, eso me suena a droga, o a alcoholismo, y nada que ver. Esto no te hace mal, es un juego, una taradez. Es simplemente mostrarte todo el tiempo, jugar y mostrar que tu vida es genial”, dice Sandra, de 18 años- la pregunta obligada es que dicen sus padres cuando ven que suben fotos posando permanentemente a Facebook, o imágenes en malla, o ropa súper ajustada.
“Obviamente no tengo a mis viejos en el Facebook. Eso sería lo más tonto del mundo”, dice Eliana, integrante de otro grupito de amigas reunidas en la Plaza Independencia.
“En mi caso, yo reconozco que a mis viejos los veo prácticamente en las noches y los fines de semana. Trabajan todo el día, nos vemos a la noche, pero siempre cenamos rápido y jamás he hablado de mi Facebook con ellos. No sé, no entiendo que es lo que debería contarles. ¿Qué subo fotos súper divertidas a cada rato?”, dice Jésica.
“Por ahí mi papá me ha dicho ‘nena, parecés tonta sacándote fotos vos misma’, pero nada más”, comenta Paola.
Una conclusión
La especialista en medicina psicosomática María Alicia Vinent –quien también es psicoanalista de la Sociedad Española de Psicoanálisis (SEP-IPA) y de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA-IPA)- explica en uno de sus tantos escritos que “en la adolescencia y temprana juventud se produce un auge narcisista, con turbulencia. Para ser valorado, se mantiene la oposición a familia y autoridad y se busca la aprobación de los grupos de pares. Se cumplen sus expectativas y se asumen los mismos líderes. Se proyectan en ellos los ideales, lo cual permite proyectar también la exigencia de cumplirlos. La identificación permite sentirse ideal”.
“En la sociedad occidental de estas últimas décadas se han tergiversado valores. Se suele aconsejar educar con libertad, no reprimir, facilitar el logro de titulaciones, estimular los liderazgos y las posturas de oposición, mantener familias y grupos sin jerarquías ni autoridad. Aunque cada vez se escuchan más voces que alertan de los riesgos y ya se están viendo consecuencias negativas, aún persiste esta postura”, sigue la estudiosa.
“La libertad prematura no permite la satisfacción sino sólo el cumplimiento de deseos. La verdadera libertad es ejercer la decisión y esto sólo es posible a partir de la capacitación. Antes de esto siempre se es dependiente. La gratificación excesiva y apresurada mantiene la dependencia. No capacita para la autonomía”, afirma Vinent.
¿Qué deben hacer los padres? ¿Deben prohibir? ¿De qué manera abordan este fenómeno de la exposición de la vida privada? “La sugerencia no es invadir la privacidad del adolescente, sino que se debe explicarles, dialogar mucho con ellos. El padre debe estar presente. Se debe hablar sobre lo que es íntimo, privado, y lo que puede ser público. Debe aclararse lo que debe quedar en el círculo íntimo de su persona, o de la familia. El abrir los ojos, el hacer que nuestros hijos puedan percibir con claridad los peligros a los que se exponen, es fruto eminentemente de la conversación con ellos”, aseguraba ayer la Lic. en psicopedagogía y psicología Silvia Imperiale.
“No se trata de invadirlos, no hay que poner sistemas de seguridad, o quebrar sus claves de mails o redes sociales. Hay que respetarlos y hacer que entiendan pautas, explicar las razones de la preocupación”.



