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Por qué una escuela de Lavalle cortó la Ruta 40

A diferencia de otros colegios mendocinos, el transporte es clave para el funcionamiento de la "Tito Francia" de Jocolí.
Foto: FACEBOOK
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Desde que tiene 14 años, Germán se levanta a las 5.20 para ir a una escuela que queda a 15 kilómetros de su casa. Será un día largo porque a las 18 saldrá del cole y una hora después estará de vuelta en su rancho casa. Reza una oración con su familia y desde la ventana espera la llegada de la trafic. Lo que ve desde allí es lo que cualquier mendocino soñaría observar al iniciar el día: un campo eternamente extendido hacia un horizonte que empieza a sacar el sol del vientre de la tierra. Saluda al perro y sabe que no lo verá nuevamente hasta que regrese a las 19. Arriba la trafic y hay tanto espacio allí adentro que en invierno no puede concluir allí el descanso reparador de la noche porque tiene que acurrucarse solo. Cierra la puerta de la trafic. El vehículo sale de la finca y entra a otro campo. Se sube otro chico. Y sigue recorriendo campo por campo, casa por casa, hasta encauzarse en la Ruta 40 -la que une Mendoza con San Juan- para arribar a las 7.40 a la “Tito”. A veces, a esa hora la escuela está cerrada. Espera 20 minutos afuera, así haga diez o cero grados. Son las ocho. Bienvenidos a la 4-160. Oye el maldito timbre. Arranca la jornada escolar, a la espera del recreo para desayunar.


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Unos 80 chicos de entre 13 y 18 años que cursan en la Tito Francia de Jocolí hasta fines del año pasado vivían esto cada mañana. Pero el contrato con las trafic terminó cuando concluyó el ciclo escolar del año último y la empresa que brindaba este servicio no pudo sumar más vehículos para cubrir la capacidad requerida. Se hizo la licitación y otra empresa retomó el servicio. A partir de ese momento, alumnos como Germán empezaron a viajar apretados y parados (según contó Graciela, la preceptora jefa del establecimiento rural). Otra forma de empezar el día y terminar la tarde. Más inhumano. Hasta que hoy se hartaron y cortaron la Ruta 40. Y así el pesado embarazo de problemas acumulados dio a luz en un parto violento que dejó al descubierto el mal estado de los techos del establecimiento, la falta de espacio –que ha llevado muchas veces a que durante el invierno algunas clases se dictaran en la cancha de basquet situado en el predio del colegio, y la lamentable llegada de la inseguridad. Es que hasta hace un año se podía vivir más tranquilo, pero en este 2013 las cosas empeoraron y además del flagelo del transporte, "la Tito" tuvo que cargar en su mochila violentos asaltos, con daños en la puerta del establecimiento y saqueos en la sala de informática y cocina.

Y la cocina de la “Tito” es clave para este grupo de chicos que vive una jornada larga, en un secundario de seis años con especialidad agropecuaria técnica, que asegura la salida laboral de los pocos que terminan egresando, como aseguró a MDZ Radio el vicedirector de la “Tito”,  Andrés Cardozo.

Dos mujeres son las que cada medio día preparan un sobrio pero exquisito guiso de lentejas con pan casero. Alumnos y profesores comparten. Y la escuela se hace familia entre las 13 y 14, momento en que toca el timbre para la primera hora de la tarde.

El transporte es un asunto clave y determinante: allí concurren 170 alumnos, de los cuales 80 –como Germán- llegan en las trafic. “Muchos chicos nunca empezaron este año las clases porque los choferes decían que no podían llegar a esos lugares – donde viven. Otros empezaron a venir y después no pudieron”, cuenta Graciela.

También el transporte es determinante para los profesores. Tomarse un colectivo de la Terminal para ir a la “Tito” lleva dos horas y media. Gran parte de los docentes se las arreglan para compartir vehículos, porque ir a dar clases en micro implica de entrada una pérdida de tiempo de cinco horas. Y en vehículo resulta conveniente si es a gas, porque el naftero o gasolero le va terminar costando unos 40 pesos. Y eso no se recupera con el 80% de zona que el docente percibe por dar clases allí. El 5 de abril de 2005, los profesores Ricardo Videla, Lilia Leonor Henríquez, Nelly Ruth Jofré y Alejandra Pérez fallecieron en un accidente automovilístico, cuando veinte minutos antes de que tocara el timbre de la primera hora, el vehículo en que iban chocara contra un micro de la TAC. El zoom de la “Tito” (el aula más grande) lleva el nombre de ellos. Allí es donde todos los días los chicos desayunan y almuerzan.

El transporte también es clave cuando llueve. En una escuela pública del Gran Mendoza o de otra región de la Provincia, cuando hay precipitaciones las clases siguen su curso. En Jocolí no es así: si bien las fallas en el techo son evidentes y preocupa, se da una situación extraña para uno que no es de allí y es el cambio de ánimo que hay cuando amenaza una lluvia fuerte: el suelo de ese distrito lavallino no está preparado para la misma, del modo que ante una precipitación (que no es habitual allí) el terreno se inunda con facilidad.

Una tarde en 2011 llovió fuerte y el colegio fue evacuado. A los pocos minutos se inundó todo el ingreso al establecimiento y algunos profesores que vinieron en coche tuvieron que ayudar a llevar a alumnos, porque inundar el terreno significa inundar el camino, la vereda de la casa, todo. Esa vez, la trafic fue clave para resolver la situación.

Abrir la jornada de clase en la “Tito” –al igual que cualquier otra escuela de Lavalle- implica para los que llegan de Mendoza manejar 40 kilómetros con el sol en contra y el peligro de esquivar a vehículos pesados conducidos algunas veces con choferes con sobredosis de sueño.

“Yo llego a la mañana muy temprano, a las 7.30, y a muchos les cuesta llegar. Hay un montón de problemas edilicios, estamos llamando y teníamos respuestas, pero a medias. El techo está por caer y es una escuela construida en los noventa”, explicó al programa Hacete Cargo (MDZ Radio) el vicedirector de la escuela Tito Francia..

Respecto de Jocolí admitió que “era un lugar muy pacífico, ya que he vivido momentos muy lindos que ahora nos se viven”.

Momentos lindos como cuando hace dos años la escuela participaba activamente con la comunidad. En esos tiempos la directora se llamaba Fernanda Alonso y se dedicaba plenamente a su labor. Padres y miembros de esa comunidad lavallina situada en ambos márgenes de la Ruta 40 concurrían a la “Tito” para diversas actividades, como difundir la producción de tomates triturados, como también la difusión de una revista escolar y hasta la participación de algunos estudiantes en una radio local. A diferencia de otros secundarios públicos, la biblioteca funcionaba a pleno y la fotocopiadora también, al igual que la sala de informática, con todas sus limitaciones a la hora de navegar. Era el mejor momento de ese secundario rural.

El año pasado, para hacer la escuela un poquito más segura, los estudiantes armaron un cierre perimetral con PVC, es decir, con botellas de plástico que traían los mismos alumnos y profesores. Así fueron juntando un montón de botellas de plástico en el patio de tierra que lindera con la cancha de basquet, pero con esta nueva realidad de la inseguridad sólo sirvió para una cuestión estética.

“Yo vivo diciéndole a mis propios hijos que no corten rutas, pero hoy hemos tenido que trasgredir la ley”, reconoció el profesor Andrés Cardozo, quien asegura que es el último que se va cada día y siempre arrima alumnos hacia sus casas, aunque se haga tarde. Y por hacer eso tiene miedo de que algún día lo asalten:

“Yo soy el último en salir de la escuela todos los días y me cuesta, Yo creo que me la perdonan”.

Mientras la Dirección General de Escuelas, el propio establecimiento y autoridades de Lavalle intentan solucionar el problema inmediato del transporte -que derivó en un piquete escolar en la Ruta 40, con un enorme retraso en el tránsito- y empezar a revisar los otros que dejó el parto violento, Germán espera terminar el último año del secundario, aunque en estas horas vivirá momentos de decepción al ver que tanto esfuezo y horas dedicadas al estudio se está echando a perder por algo que totalmente fuera de sus manos.

 

 

* Quien escribe fue profesor de Lengua y Comunicación en "la Tito" durante 2011 y 2012.