Estar ausentes en el presente
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Natalia Aramburu |
Esto es algo que siempre ha sucedido, ya que es posible viajar mentalmente o abstraerse de una conversación por algunos instantes, imaginando, recordando, pensando en algo que debíamos hacer; pero pronto, algún comentario, pregunta o risa del momento presente nos traía de vuelta al instante, a la reunión, a las personas, a interactuar con los que estaban a nuestro lado.
Hoy ocurre algo similar, aunque con otros ingredientes: en medio de una situación social (aunque solo haya una sola persona más) solemos hipnotizarnos con el teléfono, que nos distrae del momento y lugar presente para llevarnos a… ¿conversaciones, fotos, mails, mapas, otras charlas?
No tenemos nada contra la evolución en las comunicaciones. Para muchas cosas el teléfono inteligente es eficiente y súper útil, pero a veces también nos aliena cuando no estamos solos, nos aleja de situaciones reales y momentos importantes que luego no podremos recuperar en google ni en ningún otro sitio de internet.
¿Tan poco interesante es lo que sucede a nuestro alrededor, tan poco nos importan las personas que nos acompañan, para que estemos pendientes del teléfono? En gran parte es una especie de vicio que se va generando, una dependencia un tanto extraña. Hasta han surgido algunas normas de etiqueta en cuanto al uso de este tipo de tecnología en restaurantes: no dejar el celular sobre la mesa, ponerlo en modo vibrador, no contestar llamadas, no leer mails ni avisos de ningún tipo. Algunos restaurantes ofrecen descuento si uno lo entrega al entrar y lo recupera al pagar la cuenta.
Tal vez podríamos observar en cuántas situaciones estamos con el teléfono encima cuando no es para nada necesario, útil o enriquecedor, y simplemente decidir no llevarlo o apagarlo en esos momentos. Sería una manera simple y consciente de estar presentes y disfrutar esas situaciones que de otra manera nos perderíamos.
Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.