Presenta:

Enterate cómo docentes piensan abordar la violencia en escuelas

El borrador de la iniciativa de la DGE fue discutido por docentes, preceptores y celadores, en el que hubo más dudas y quejas que aportes para darle un formato definitivo. Los detalles de lo que se trató.
491943.jpg

“Durante un tiempo fui chofer de trafic. Cuando manejaba sabía que si se pinchaba la rueda y quedaba varado en la ruta inmediatamente venía a ayudarme algún otro chofer de la misma empresa que trabajaba. Bueno, esa tranquilidad y contención para casos de emergencia no lo siento aquí adentro de la escuela”.

Si bien el mundo docente no es comparable a ningún otro trabajo, el ejemplo descripto por Germán Contreras -profesor de Lengua y Literatura-  al cierre de la jornada que asistió resume una sensación de desamparo que algunos profesores de secundarios sienten a la hora de enfrentar un hecho de violencia en las escuelas. A su lado, una preceptora –con más de diez años de trayectoria en el secundario público de Godoy Cruz donde también enseña Germán- dijo lo mismo -también al concluir la jornada- , pero desde un plano que involucra a más instituciones:

“Todo lo que dice este Protocolo lo venimos aplicando desde hace muchos años -sobre todo los servicios de orientación, integrado por psicopedagogas y trabajadoras sociales- , pero nos sentimos desamparados cuando llevamos problemas puntuales a otros organismos que tienen que actuar, como municipalidades, centros integrales comunitarios, centros de salud y otros”, explicó.

Si bien el debate del Protocolo de Procedimientos ante Situaciones Emergentes en las Escuelas Secundarias de este miércoles tuvo como fin sumar propuestas del personal de colegios en general, muchos de ellos fueron a las escuelas con la idea de encontrar una solución concreta a los problemas de violencia que día a día enfrentan y por ello es que gran parte de la jornada se lo llevó un debate de fondo de la violencia asociada a las causas externas (de la escuela).

“Rescato que se blanqueó el tema de la violencia. Pero me siento desamparado porque para mi no se llegó a nada concreto (a cómo resolver un posible caso). Además veo una falta de compromiso del gobierno escolar hacia nosotros, porque  lo referido a violencia de los alumnos con profesores prácticamente figura minimizado en los nueve puntos del protocolo”, sostuvo Contreras, quien es licenciado en Comunicación Social y profesor universitario de Lengua, y da clases en los secundarios de las escuelas Profesores Mendocinos (Luján de Cuyo), Álvarez Condarco (Godoy Cruz) y Panquehua (Las Heras).

“Pero también valoro la iniciativa de poder avisar directamente a la supervisión (si la autoridad máxima del establecimiento no escucha a un profesor que denuncia un caso) y al 911. Antes yo creía que no se podía llamar a la policía”, completó Contreras.

El documento que la Dirección General de Escuelas hizo público ante profesores, preceptores y celadores abarca muchos puntos, que a la vez cada uno de ellos tiene una profunda causa social, que -según docentes que estuvieron en las jornadas- resultó imposible analizar con detalle.

“En ningún punto el protocolo establece que el alumno haga un compromiso para cambiar su actitud”, destacó una profesora de Historia que prefirió no dar su nombre, por las críticas que formuló a la iniciativa de la DGE. “Por ejemplo, para los casos de ciberacoso vos no podés hacer un seguimiento por Facebook porque tenés que ser aceptado por el alumno que hostiga y por otra parte nosotros no nos podemos meter en el Facebook de todos los chicos”, ejemplificó. Y también cuestionó la ambigüedad del punto 7, el referido a las situaciones en que se desconoce el paradero de los estudiantes, ya que “no propone estrategias para proceder cuando suceden y tampoco te dice qué hacer cuando un alumno decide no entrar al aula”.

Concretamente ante casos en que se desconoce el paradero de los estudiantes  las acciones específicas que se deben realizar es “orientar a la familia o adultos responsables de su tutoría para que realicen la denuncia a la Oficina Fiscal más cercana por Averiguación de Paradero, brindar espacios de contención a los familiares y compañeros, y realizar el seguimiento correspondiente al caso en cuestión”.

Aunque analizándolo en detalle, mucho del problema de fondo tiene que ver con la falta de información acerca de quién es el responsable cuando el alumno que fue al colegio no está adentro del aula. Para algunos -guiados por el sentido común- el profesor va a dar clases y será responsable de lo que pase adentro del aula; en cambio otros el docente tiene a su cargo al alumno que también decidió no ingresar al aula.

Otro aspecto pendiente de debate, que surgió a partir del análisis del punto 7 del protocolo, fue la ausencia de un alumno en clase porque acordó esperar a un familiar que lo visitara y –ante la ausencia de porteros, cuya función en la mayoría de los casos lo hacen celadores que ocasionalmente abren la puerta del establecimiento cuando tocan timbre-, el alumno desde adentro del establecimiento invita a ingresar a su padre y eso resulta peligroso cuando el que llega busca generar una situación de violencia.   

“Evitar que se transforme en una escena mediática”

En el capítulo referido a los hechos de violencia entre los mismos alumnos, el documento insta a evitar que el incidente repercuta en los medios para no dejar expuesto al menor y así proteger su identidad. Y en otro apartado del borrador explica qué hacer para los casos en que la opinión pública ya se enteró a través de los medios.

 

“Evitar que se transforme en una escena mediática, en el caso de que la pelea haya ocurrido frente a un grupo, a fin de proteger los derechos de los estudiantes involucrados”, detalle, en referencia a las agresiones entre propios alumnos.

 

Las acciones específicas ante la prensa consiste en informar, “pero sin juzgar ni emitir resoluciones hasta tanto avance la investigación sobre los hechos”, hacerlo a través de un vocero por escuela, “evitar detalles innecesarios” y “solicitar a los adultos que trabajan en las escuelas y a las familias que respeten este procedimiento”: este último, si bien aclara que se hace “en pos de la protección de los estudiantes y de obtener la tranquilidad para intervenir de manera adecuada en la resolución de la situación”.

Consultado sobre este punto a Germán Contreras, que también estudió periodismo, opina que "el protocolo dice que los casos no pueden ser mediáticos. Eso es una clara bajada de línea y nosotros hoy estamos aquí porque los casos de violencia salieron a la luz”.

También esto se puede interpretar como una regla de la comunicación organizacional que consiste en evitar que hayan muchos interlocutores para no emitir mensajes contradictorios, que confunda a la opinión pública. 

Entusiasmo, preocupación, interés y dudas

La jornada del miércoles, a diferencia de otras, sirvió de catarsis para blanquear el tema de la violencia escolar y eso se tradujo en un montón de ejemplos que los trabajadores de la educación que participaron decidieron compartir.

Algunas propuestas para completar el protocolo de los profesores consultados por MDZ fueron brindar a los alumnos información de acoso sexual porque “el saber más atempera los ánimos”; ante un conflicto “ser discreto y proceder bien” y llevar a la escuela a especialistas en droga para que informen cómo identificar a alumnos que se inician en la misma, como también a asesores jurídicos que expliquen qué resguardo legal tienen los profesores ante casos de violencia por parte de alumnos.

Un ejemplo del tema drogas lo dio un directivo escolar, que contó el caso de un alumno, que es el mejor de su aula, y se sabe que consume drogas. Pero además de ser un estudiante ejemplar también se destaca por su buen comportamiento. "Realmente no sabemos qué hacer en situaciones como ésta", admitió.

En tanto, a la hora de proponer soluciones –para completar el protocolo- resultó dificultoso traducirlo en acciones concretas porque además de profundizar el origen social de este problema, en los colegios no resultó fácil lograr un debate en el que cada uno hable y escuche por igual.

Las anécdotas de casos de violencia se llevaron buena parte de la mañana del miércoles. Uno de los que más llamó la atención en una escuela en concreto fue lo que le ocurrió a una profesora de un colegio en Panquehua: dejó su cargo luego de que los alumnos la bombardearan con aceitunas (que habían sacado de un árbol de un vecino, cuyas ramas da en ese establecimiento público).

“El protocolo no dice de los profesores que se ven forzados a abandonar un colegio por la violencia que recibe de sus alumnos”, criticó Germán -quien aprovechó la jornada para denunciar una falta de respuesta a las situaciones de profesores que dejan escuelas por la violencia recibida por alumnos.

Las soluciones que propone el documento

El Protocolo de Procedimientos ante Situaciones Emergentes en las Escuelas Secundarias tiene 39 páginas y propone nueve puntos.

 

Llamar la atención que para los casos de violencia del alumno hacia el personal de la escuela sólo diga que en estos casos “se aplicarán las medidas disciplinarias pertinentes”.

 

El punto 1 del documento, “situaciones de violencia en la escuela”, se refiere a episodios del tipo entre pares, acoso escolar, ciberacoso, discriminación y acoso por orientación sexual, violencia en el noviazgo; episodios de violencia de padres, madres, familiares u otros hacia el personal de la escuela; episodios de violencia de personal de la institución hacia estudiantes, situaciones de violencia entre personal de la institución, agresión dirigida a sí mismo, autolesiones y estudiantes que expresan ideas de suicidio.

El punto 2, “situaciones de violencia intrafamiliar o extrafamiliar detectada en la escuela”, apunta a la presunción de maltrato o abuso, signos evidentes de maltrato o abuso sexual o relato del estudiante, abuso o maltrato intrafamiliar hacia el niño/a, en el ámbito escolar y violencia intrafamiliar en la que participa el niño en forma indirecta.

El punto 3 es sobre “situaciones por el uso problemático de sustancias” y el 4, sobre “presencia de armas en las escuelas”, presunción o evidencia de trabajo infantil (5), situaciones en las que se desconoce el paradero de los estudiantes (7), situaciones en las que los padres, responsables o tutores no retiran a los estudiantes en el horario previsto por la institución escolar en forma reiterada (8) y situaciones en las que se interactúa con los medios de comunicación (9).

Respecto de las soluciones que propone destaca que deben prevalecer las acciones de prevención “en forma interdisciplinaria” por encima de las acciones de represión y sanción. También indica que ante cualquier situación de violencia “se debe realizar la inmediata comunicación a los padres o responsables” y que exige “escuchar y considerar la opinión de los estudiantes para que puedan expresar con libertad los asuntos que les conciernen y que tengan interés”.

Cuando se pelean los alumnos entre ellos algunas acciones específicas son “convocar a una figura significativa de la institución que pueda mantener la calma en este tipo de situaciones y que acompañe en todos los momentos a los involucrados, solicitar la presencia de familiares en forma inmediata, realizar la entrevista con cada familia por separado, registrar lo sucedido en actas, llamar al 911 en casos extremos, articular acciones con el Centro de Salud o Centro Integrador Comunitario correspondiente, reunir a los compañeros y verificar si existió algún registro digital del episodio (en caso de detectarlos sacarlo de Internet, por las consecuencias que trae aparejado) y dialogar con las familias sobre el cuidado de las identidades de los estudiantes intervinientes.

En los casos de ciberacoso, las acciones específicas son: “pedir al estudiante que no conteste a mensajes que traten de intimidarlo o hacerlo sentir mal, solicitar al alumno que guarde el mensaje como prueba del hostigamiento, notificar fehacientemente a la familia de lo sucedido, informar al supervisor y/o director” . Y brinda acciones concretas para Facebook, Fotolog, PsicoFxp, Blogger y Yahoo!.

Cuando familiares del alumno se muestran violentos con algún personal de la escuela, además de no responder a la agresión y tratar de mantener la escena lejos de la presencia de estudiantes (y llamar al 911 si no se logra desarticular al hecho violento), las acciones específicas a realizar son: brindar atenciones de primeros auxilios y llamara la emergencia médica con la que cuenta la escuela o Servicio Coordenado de Emergencias, contener al personal de la institución que ha sido destinatario de la violencia, registrar lo acontecido en un acta y comunicarlo a supervisores y director de nivel. También indica que si el adulto afectado no hace la denuncia deberá realizarlo el director del establecimiento.

Más allá de los puntos críticos detectados en el documento, la jornada del miércoles dejó instalado un tema que obliga a que desde ahora en adelante los docentes estén más atentos al contexto de violencia que esconden ciertos alumnos para detectarlos a tiempo  y resolverlo de una manera interdisciplinaria. En este sentido, las autoridades escolares instaron a los docentes a que se animen a contar lo que ven adentro de las escuelas.

Cuando la DGE reúna los borradores de lo que el miércoles último se analizó en cada escuela se le dará un formato final a este protocolo.