Presentan hoy un libro sobre ludotecas
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El libro pone a disposición de los docentes un proyecto de formación y trabajo en ludotecas, consideradas como espacios de aprendizaje y crecimiento. Es, ante todo, una guía de trabajo para quienes entiendan que trabajar desde el juego no sólo es posible, sino también necesario.
Historia de un proyecto que se diversificó
Desde 1980, Bianchi de Zizzias comenzó a investigar, junto con un equipo interdisciplinario, el juego en las escuelas, sentando entonces las bases de la necesidad de formar un nuevo perfil docente: el de ludotecario. Con esta propuesta, elaboraron un convenio con la Universidad Nacional de Cuyo para capacitar a ludotecarios y organizar la primera ludoteca experimental en el Departamento de Aplicación, hoy Escuela Carmen V. Arenas. A partir de esta experiencia, el equipo de trabajo recibió pasantes de varios países, lo que transformó al proyecto en la primera experiencia mundial de este tipo.
Sin embargo, la experiencia, aplicada en países de América y en España, reconocida por IPA, la Asociación Internacional de los Derechos del Niño a Jugar, y declarado de interés por la DGE, no encuentra el eco esperado a nivel de autoridades escolares.
En tanto, el proyecto alcanzó a extender sus actividades a otros espacios, como centros de salud, hospitales, uniones vecinales y otros espacios.
Aulas luditizadas
“Una mirada prospectiva sobre el niño y su derecho a jugar nos sitúa en una reflexión sobre posibilidades, deseos, metas, aspiraciones, necesidades y esperanzas, que debe partir del análisis de la realidad actual del contexto sociocultural del que emerge el niño del futuro”, sostiene Bianchi de Zizzias en las conclusiones de Ludotedas, espacios para jugar de la A a la Z, apostando a la existencia de espacios en los cuales los niños puedan aprender mientras juegan.
A propósito de esto, MDZ Online se comunicó con Bianchi de Zizzias para conocer más sobre la situación del juego y su relación con las aulas.
- La escuela, ¿aleja al niño del juego?
- Depende de la concepción de escuela. En nuestro país, los paradigmas de una escuela vertical y estructurada todavía siguen vigentes. No es casual que, en una investigación que realizamos, los niños respondieran que lo mejor de la escuela es el recreo. “En el aula se trabaja y en el recreo se juega”, fueron algunas de las respuestas docentes. Estas respuestas manifiestan una grave incomprensión del significado profundo del juego. Desde su nacimiento, el niño aprende jugando en una relación lúdica ambital de apelación y respuesta que va tejiendo una trama existencial de conocimiento y sentido.
- Ante este cuadro, ¿qué acciones concretas se pueden realizar desde las aulas para que el juego se transforme en una acción pedagógica?
- En primer lugar, el docente debe capacitarse. La pedagogía lúdica requiere conocimientos, creatividad y dedicación. Ya lo indican filósofos, sociólogos y estudiosos del tema, que el juego, para el niño, es cosa seria. Desde el Proyecto Ludoniño, proponemos aulas luditizadas, que suponen la creación de un ambiente significativo para el niño, en el cual se pueda expresar de distintas maneras. Sabemos que los ambientes pueden funcionar como facilitadores de los aprendizajes. Pero eso no basta, la tarea del docente es esencial.
- Por último, ¿todo juego en las aulas debe tener un objetivo pedagógico?
- No. Si bien nosotros trabajamos con estrategias lúdicas orientadas al aprendizaje, también es necesario organizar situaciones de juego libre.



