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Preocupante situación de la secundaria en Mendoza

Radiografía de un aula donde 9 de cada 10 alumnos desaprobaron el primer trimestre por no hacer nada en las horas de clase. Casos emblemáticos.
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Al igual que el torneo de Wimbledon - que se disputa en estos días en Londres-, o que un mundial de fútbol, la escuela pública secundaria es una eliminatoria. A diferencia de estas competiciones deportivas, el alumno sólo enfrenta a un rival: a sí mismo. En primera ronda (ex octavo o primer año) entran todos y no queda ningún banco desocupado. Al finalizar el certamen (quinto año) más de la mitad de esos bancos están vacíos. 

El enorme retroceso en la educación argentina -constatado a nivel mundial por la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, en inglés) que se realizó durante el séptimo año de la "década ganada" y en el que Argentina cayó de 418 (en 2000) a 398 puntos (en 2009)- hace que esta suerte de Wimbledon o Mundial de Fútbol que disputa el estudiante consigo mismo se convierta en una competencia mucho más fácil a las enfrentadas por los que hoy son sus padres, abuelos o mismos profesores, que vinieron de épocas con una educación pública más exigente. Y el hecho de que la Dirección General de Escuelas hoy se centre más en dar una respuesta a la violencia en las escuelas más que a la calidad en las enseñanzas -para que haya menos bancos vacíos en el último año de la secundaria, a través de la política de la inclusión- termina en una secundaria menos exigente para los estudiantes de hoy.

Pero lo que viene a continuación muestra que ni aún así muchos estudiantes están dispuestos a pensar en su vida de acá a diez años.

MDZ habló con un profesor de Lengua de un colegio de Godoy Cruz. Y le pasa lo mismo que a sus colegas de ese secundario y de otros del Gran Mendoza: en el primer año (el ex octavo), el gran problema es el comportamiento y desde el segundo año en adelante se agrava la vagancia y falta de interés. Y lo que sigue es un ejemplo de esto último.

La siguiente planilla corresponde a un curso de un secundario del Gran Mendoza, con las notas del primer trimestre de todas las materias. Aclaración: no dice qué escuela es, ni a qué año corresponde, como tampoco los nombres y apellidos de los menores porque la idea es rescatar una muestra pequeña del nivel que hoy tienen los mendocinos que hoy van a la secundaria:

El docente consultado dio su última clase el miércoles, ya que este jueves y viernes hay exámenes. Para entender el ritmo de aprendizaje de sus alumnos de segundo año cuenta que hace dos semanas enseñó pronombres y adverbios, y la semana última, el género lirico, con los conceptos de rimas y métrica. Este miércoles tenía que evaluarlos: el examen consistió en identificar los pronombres, adverbios, rimas y métrica de una poesía de Armando Tejada Gómez. Para ello los jóvenes tuvieron dos horas de clases (cada clase es de 40 minutos). De los 27 de ese curso sólo vinieron 11. Y aquí abajo están las pruebas corregidas de 9 de esos 11 (los nombres y apellidos no figuran).

Exacto: ninguno aprobó, ya que las notas de los dos restantes fueron 5 y 6, indicó el profesor consultado.

“Mientras tomaba la prueba, dos de los once chicos sacaron la netbook y se pusieron a jugar. Seis se sacaron uno (y si ven los exámenes directamente no hicieron nada) y los cuatro restantes no llegaron al siete. Tuvieron 80 minutos para hacer el ejercicio en seis estrofas de un poema de Armando Tejada Gómez", explicó el docente.

Consultado sobre una autocrítica por su forma de enseñar, el profesor de Lengua contestó algo razonable:

“Puedo detectar mis fallas como docente en los tipos de errores que presentan los alumnos. Allí uno se da cuenta si no explicó bien. Pero si la mayoría me devuelve la hoja prácticamente en blanco, ¿cómo hago para saber si soy yo el que falla?”

Cada secundario de Mendoza tiene su equipo de psicopedadogas y trabajadores sociales. Las primeras se encargan de resolver los problemas de aprendizaje de los estudiantes y los segundos, de arreglar los problemas de fondo: si el entorno familiar del alumno ayuda o no. Y aquí aparecen muchas sorpresas:

“He tenido que enfrentar casos de padres que se sacan de encima todas sus responsabilidades. Los citás a la escuela y no vienen. Vas a la casa y te encontrás con que son criados por la abuela y muchas veces la abuela misma termina diciendo que la culpa la tiene la escuela porque los sandwiches del kiosco del colegio le caen mal a su nieta y por eso ella no va a clase. Después empezás a hilar fino y te encontrás con grandes problemas familiares”, contó Griselda, quien trabajó en el servicio de orientación de un colegio de Villa Nueva y de otro en El Bermejo, Guaymallén.

“También me ha pasado de ir a la casa, encontrarme al alumno viendo televisión y a sus padres diciéndome que su hijo decidió tomarse un año sabático. Esto me pasó tres veces en los últimos dos años”, relató.

Volviendo al profesor de Lengua del segundo año “estancado”, Mdz le preguntó si habló con algún padre y si aplicó alguna estrategia para que esos jóvenes intenten aprender mínimamente algo.

“Tengo dos alumnos muy dispersos. Primero hablé con un padre y ahora es el mejor del aula, de hecho que aprobó el primer trimestre. El otro arrancó bien el año hasta que el Gobierno le entregó la netbook: desde ese día todo empeoró. Su madre está muy preocupada porque en su casa también se la pasa jugando. Tampoco le puedo regalar la nota. Tiene que levantar mucho para no llevársela a diciembre”, explicó.

De los 27 que integran ese segundo año sólo 3 aprobaron Lengua en el primer trimestre. Es decir, el 90% del curso ( nueve de cada diez) reprobró.

Y hablando de las netbook, ese docente utilizó un curso de Técnicas de Estudio que brindan las netbook que entregó el Gobierno para arrancar el año primero enseñándoles a sus alumnos a estudiar:

“Cuando prendés la computadora tenés el sistema operativo y luego, los programas. Yo hice lo mismo cuando se iniciaron las clases: primero les enseñé a estudiar y luego comencé  a impartirles los contenidos de Lengua y Literatura. De nada sirvió: nadie le dio bola. Y al evaluarlos te das cuenta de que finalmente desaprueban porque no estudian. Yo les di herramientas para que salgan adelante”, contó.

A diferencia de las clásicas técnicas de estudio,  el curso que traen las netbook incorporado en la sección Escritorio Alumno parte de la idea de cómo aprender un contenido que a un individuo no le gusta. La estrategia consiste en relacionar ese tema “feo y aburrido” con algo que el alumno ya conoce (como podrían ser los equipos de fútbol de Europa si lo que se quiere aprender es la capital de las naciones de ese continente, por ejemplo) y descubrir para qué sirve ese contenido que se resiste a aprender. Luego el alumno planifica un cronograma con las actividades que hace en su tiempo libre y allí le asigna los minutos u horas semanales que le dedicará a la materia que más le cuesta aprender.

Posteriormente se intenta descubrir porqué ese contenido para él es difícil de aprender: a través de un proceso de autoconocimiento se busca causas para identificar: desde el “no me gusta porque no me gusta” pasando por problemas en la familia y dificultades para descansar hasta fallas del mismo docente para enseñar, o la detección de comportamientos que hacen a la distracción, como el uso del celular y de la computadora en clase, que es muy usual en las escuelas.

“Aún con todo ésto se ve que ninguno le echó una ojeada en su momento”, concluyó el docente.

Y los resultados, como habrán visto, están muy a la vista.

La historia de este profesor de Lengua es una muestra de lo que pasa en prácticamente todas las escuelas públicas de la provincia.

Así de mal estamos: resultados de la evaluación PISA 2009 (los últimos registrados hasta el momento)

Aclaración al pie: no toda la educación está en las mismas condiciones, hay situaciones que permiten esperanzarse a futuro en el tópico educativo.