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En primera persona: "Me convertí tras ir a una Jornada Mundial de la Juventud"

Vive en Godoy Cruz y estudia diseño en la UNCuyo. Hace dos años fue a la que se realizó en Madrid y hoy su hermano menor está en Río de Janeiro.
Foto: Facebook
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La noticia principal de los últimos días es la visita del papa Francisco a Brasil, en la que preside la Jornada Mundial de la Juventud. Es un particular evento religioso –iniciativa de Juan Pablo II- que debutó en 1984 con el nombre de Encuentro Internacional de la Juventud. Pasó a llamarse Jornada Mundial de la Juventud una año después, cuando las Naciones Unidas declaró el Año Internacional de la Juventud.  Y desde 1986 se lleva a cabo cada dos años en distintos puntos del mundo.

En 1987 pasó por Buenos Aires, con un millón de jóvenes; dos años después, en Santiago de Compostela (España), con 600 mil asistentes; en 1991 la sede fue Czestochowa (Polonia) con 1,5 millones de jóvenes. Las más concurridas hasta el momento fueron las de Manila, Filipina (1995) con 4 millones de jóvenes y la que precedió a la de Río de Janeiro, la JMJ Madrid 2011, con dos millones de jóvenes.

María Pilar Amoretti estudia diseño en la Universidad Nacional de Cuyo y hace dos años, junto a su hermana Mercedes y amigas, fue una de los dos millones de jóvenes que asistieron a la JMJ en Madrid. Y esa experiencia le cambió su vida. El entusiasmo que le generó ese encuentro multitudinario llevó a que su hermano menor, que cursa el último año del secundario, sea uno de los tantos mendocinos que en estas hora acampa en las playas de Copacabana y siguiendo de cerca el evento que observa el mundo, pero sobre todo la Argentina, por el protagonismo del primer papa latinoamericano, el porteño Jorge Mario Bergoglio.


“La verdad que yo tenía cero expectativas antes de ir a la JMJ 2011 (en Madrid). Me llamaba mucho más viajar a España que el evento en sí. Era la primera vez que conocía Europa y si bien quedé encantada con todo lo que es ese país, noté que hay cosas impresionantes pero agotables en su totalidad. Tienen un tope. De hecho es como que te decías “sí, está todo bien, ¿pero que más? Y acá nos quedamos”, inicia su relato Pilar.

Si bien la godoycruceña era una simple creyende, ella cuenta que su verdadera conversión fue tras la experiencia en la Jornada Mundial de la Juventud en España:

“El llegar a Madrid me hizo revalidar la fe. Esa fe que siempre la seguí porque mis padres me lo inculcaron y porque medianamente entendía que me hacía bien. Pero a partir de lo que fue esa Jornada Mundial de la Juventud puedo decir que soy católica apostólica romana por voluntad propia”.



La joven que estudia diseño industrial explica en qué consistió realmente esa conversión:

“Porque se me da la gana voy a misa los domingos. Porque se me da la gana ayudo sin pedir nada a cambio. Porque se me da la gana creo en Dios y en lo que la iglesia determina que es un dogma de fe. En Madrid experimenté esa familia espiritual, ese parentesco que se tiene con todos los bautizados que nos hace hermanos gracias al sacrificio máximo, aprendí a valorar la religión que tengo y lo más lindo de todo fue ver y experimentar lo que es tener un Padre en la fe”, explicó.

Al contar lo qué significó para ella ver a un papa (en ese entonces, Benedicto XVI) se puede entender lo que en estas horas pasa por dentro de muchos jóvenes del mundo al experimentar el contacto con el papa Bergoglio:

“Antes de ir a la Jornada en Madrid yo la verdad que estaba cero preparada espiritualmente y cero predispuesta para la JMJ. De hecho al papa Benedicto lo quería y lo respetaba más de lo que lo quería. Cuando lo vi por primera vez en vivo y en directo despertó en mi lo que, en mi opinión, despierta en cada uno de nosotros el ver a nuestro abuelo. Al ver a mi abuelo jamás me pregunté siquiera si es feo o lindo o gordo o flaco; sabés que es tu abuelo y que lo que sentís por él es incondicional. Es tu abuelo, cuando de chiquita lo ven los nietos quieren salir corriendo a abrazarlo y llenarlo de besos. Eso fue lo que yo sentí cuando vi al Papa”.

Por todo lo expresado, debido a lo fuerte de la experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud, en estas horas Pilar sigue por televisión e Internet lo que viven cientos de miles de jóvenes y no tan jóvenes en Río de Janeiro.

“La verdad que me hubiera encantado ir. Más que nada llevar a gente, hacerles saber lo que es. Tratar de que entiendan o se entusiasmen por lo menos para ir, porque yo sé que una vez que están ahí inmersos en todo ese clima, en ese desborde de gracia, es Dios el que se ocupa del resto, de meterse en sus corazones, en mover y ablandar la tierra para que a corto, mediano o largo plazo se vean los frutos, o quizás no los veremos pero se dan seguro”.

“No se puede explicar muy bien. Es increíble porque como decía el Benedicto XVI en la última JMJ, ésta empieza cuando cada uno vuelve a su hogar, a su casa. Ahí es cuando tiene que empezar todo. Llevar la JMJ a los que no pudieron ir. Llevar el mensaje y el cariño que el papa como padre espiritual les manda a todos sus hijos dispersos por el mundo”.



Andrés, el hermano menor de Pilar, está terminando la secundaria en un colegio de Guaymallén fue de viaje de egresados con todos sus compañeros a la JMJ de Río. Es una aventura que planificaron desde hace mucho tiempo y que en estas horas está disfrutando. Así lo cuenta ella:

“Mi hermano más chico está en este momento allá y la verdad que dice que no se puede creer cómo tanta gente está movida por lo mismo”.

“Cómo pueden todos seguir a algo que no ven, que no sienten físicamente, en un mundo tan movido por lo material por las sensaciones”.

“Ver a dos millones de personas que tiran para el mismo lado, por el mismo ideal, que claramente se siente el Espíritu Santo en todo eso”, explicó.

Qué están sientiendo los mendocinos en Río

"Humanamente es una experiencia totalmente enriquecedora. Vos llegás a una ciudad en la que lo último que vas a hacer es conocer realmente el lugar con sus personas. Caés en un sitio que está siendo simplemente una sede mundial, en donde interactuás con personas de las más diversas nacionalidades".

"Lo que se vive en cada jornada es esencialmente lo mismo. No puedo expresar lo que cada uno siente porque eso es muy personal, pero si ahora enfrente tuviera a alguien que está dudando en ir, la verdad que no dudaría ni por un instante en contarle una y cien veces todo lo que les acabo de contar y más".

Respecto del papa Francisco dijo:

"Hay que aprovechar muchísimo este papa tan cercano que tenemos, tan "Jesús" que tenemos. A Jesús me lo imagino como Francisco: cercano, misericordioso, bueno y a la vez firme, que dice las cosas como son".