Con menos agua que nunca
Tres años de crisis hídrica dejan su huella. Y por eso el sistema de riego de Mendoza debió adecuarse. Este año tres de los seis principales ríos de Mendoza registraron el caudal más bajo de su historia. Se trata de los ríos Tunuyán, Atuel y Grande, que en marzo tuvieron una cantidad menor al récord histórico.
La situación más complicada se vio en el río Tunuyán, donde hubo mucho menos caudal del esperado. Según los registros del Departamento General de Irrigación durante el verano ese río trajo un 35% menos de agua que lo pronosticado. Por eso fue necesario revisar la estrategia de distribución del agua en medio de la temporada.
El río Tunuyán en marzo estuvo por debajo del caudal mínimo histórico para
la época.
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El Departamento General de Irrigación hizo un ajuste de lo que fue la última temporada y tomaron como referencia el pronóstico que habían hecho y aseguraron que hubo un alto grado de certeza.
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El área de influencia del río Tunuyán, el más
afectado por la crisis hídrica.
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Para explicar la diferencia en el río Tunuyán apelan a las cuestiones climáticas, asegurando que hay variables que no se pueden prever, como la temperatura. “Nosotros podemos realizar proyecciones en función de la cantidad de nieve caída, pero no podemos pronosticar la temperatura que generará el escurrimiento. Entonces, si bien en el río Tunuyán las nevadas de la temporadas fueron un poco menores a las promedio, además, la temperatura no permitió que se derritiera cómo esperábamos”, explicó Rubén Villodas, jefe de Hidrología del DGI.
Cambio climático: la adaptación
Mendoza llega tres temporadas de crisis hídrica. Aunque hay variables que son cíclicas, hay otro factor que influye y que está cambiando Mendoza: el calentamiento global. Los especialistas advierten que algunas de las consecuencias del cambio climático para la zona son la disminución de las nevadas en cordillera (principal fuente de agua de los oasis) y la pérdida de masa de los glaciares por el aumento de la temperatura en las zonas altas. Ante ese panorama una de las respuestas es la adaptación.
Desde Irrigación explican que para amenguar las consecuencias de la falta de agua en los ríos se cambian las estrategias de gestión del agua. “Lo que pasó en el Río Tunuyán nos obligó a ajustar la erogación, el riego, día a día. Lo que se hizo fue un seguimiento diario del escurrimiento. Así, por ejemplo, en vez de otorgar el turno a todos los usuarios juntos, se entregaron en bloque para hacerlo más eficiente”, explicó Juan Pina, director de Gestión Hídrica.
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El Río Grande estuvo por debajo del mínimo histórico durante 3 meses.
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Otra característica que puede cambiar con el tiempo es que Mendoza tenga más precipitaciones de agua provenientes del Este. Justamente este año ocurrió que en todo el verano hubo abundantes precipitaciones en algunas zonas. Según explicaron desde Irrigación, se hizo un manejo de ese recurso y hubo casos en los que se reemplazaron turnos de riego por el agua de lluvia. “Se aprovechó el agua de las lluvias. Lo que hacemos es trabajar con las inspecciones de cauce. Se suspenden las dotaciones de riego si hay lluvias para aprovechar ese recurso”, aseguró Pina.
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En las últimas semanas los equipos técnicos de Irrigación realizaron los últimos trabajos de la temporada de verano en alta montaña para acondicionar las 9 estaciones nivológicas que hay en las 6 cuencas hídricas. Como era esperable, en ninguna hay nieve de reserva y las expectativas están puestas en lo que pueda pasar durante el invierno. Al mismo tiempo, desde el Instituto Argentino de Nivología Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) realizan el seguimiento de la evolución de los glaciares, otra de las reservas naturales estratégicas de agua de la provincia.



