Memoria y justicia por José Benedicto Ortiz
El 2 de abril de 1982 es un día que nadie olvidará en nuestro país. Millones de personas se encontraban frente a sus televisores, en los espacios públicos o bares mirando e incluso festejando el desembarco argentino en las islas Malvinas, dando comienzo a la última guerra nacional. Pero ese mismo día, la familia Ortiz estaba en las afueras del hospital Central, intentando tener noticias sobre José Benedicto, quién había sido gravemente herido días atrás en medio de una manifestación contra la dictadura militar.
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Al otro día, cerca de las tres de la tarde, se produjo el fallecimiento de José Benedicto Ortiz (53), interventor nacional de la Asociación Minero Obrera Argentina (AOMA), quién participaba junto a otros gremios como la CGT y grupos de jubilados de una marcha en el centro mendocino contra el gobierno de facto, el cual estaba en el poder desde 1976.
Mientras tanto, una muy buena parte de la sociedad argentina y mendocina seguía atentamente lo que parecía una aplastante victoria del ejército nacional frente a las fuerzas británicas.
Ese momento fue muy bien aprovechado por las autoridades locales (que ya eran civiles colocados por la dictadura) para encubrir el caso Ortiz. El resto es historia conocida.
Tras treinta años de permanecer fuera de la memoria social y gubernamental, en el 2012 se recordó la figura de José Benedicto Ortiz en un emotivo acto realizado en la Legislatura de Mendoza, donde participó la familia del sindicalista. Y este nuevo año arribó con otra novedad: la esposa e hijos de Benedicto recibirán una importante indemnización y el próximo 30 de abril se colocará una placa en la esquina donde ocurrió la manifestación.
La familia Ortiz recibió muy amablemente a MDZ Online en su casa de Las Heras. En principio se encontraban Blanca Villegas, esposa de José Benedicto; Raúl, hijo de Ortiz y quién estuvo durante la movilización y Florencia, una de las nietas de Benedicto. Más adelante se sumaría Ana Ortiz, hermana de Raúl e hija del gremialista.
Todos recordaban a Benedicto con mucho cariño y respeto, si bien se mostraban emocionados al recordar aquellos días cuatro días de angustia y ahogo que debieron sufrir injustamente. Si bien Raúl fue la voz principal, tanto Ana como Blanca aportaban datos a la historia.
La señora Villegas, a pesar de que prefería que Ana y Raúl sean los narradores y de mostrarse por momentos emocionada, se mantuvo serena y con mucha entereza, gracias al apoyo de sus hijos en este momento tan especial, donde su marido recibió y recibirá un gran reconocimiento histórico y económico por parte del Gobierno.
Historia de aquel 30 de marzo
Principios de 1982. El malestar social contra la dictadura militar, que estaba desde hacía seis años en el poder, se encontraba en un punto de inflexión. Ante inminentes marchas y reclamos de amplios sectores de la sociedad argentina, el gobierno de facto dejó ingresar a sus filas a varias figuras civiles, con la intención de mostrarse aperturista.
En Mendoza, los militares dieron "un paso más" y colocaron como Gobernador (más bien Interventor) al entonces dirigente del Partido Demócrata Bonifacio Cejuela, desplazando al brigadier Rolando Ghisani, presente desde 1980. Cejuela decidió conformar su nuevo gabinete con personas de su propio partido.
Durante la segunda quincena de marzo, la CGT nacional convocó a una movilización en todo el país, que incluía una marcha hacia la emblemática Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada en Buenos Aires, en reclamo de la modificación de la política económica y del retorno de la democracia.
El 30 de marzo, el movimiento obrero, dirigentes políticos y sociales comenzaron a movilizarse por todo el país bajo la consigna "Argentina por Paz, pan y trabajo". Miles de personas se convocaban en diversos puntos para hacer oír su voz. Ese día, la CGT en Mendoza se concentró en la intersección de Mitre y Colón; mientras tanto, los jubilados habían dispuesto esperar la llegada de la movilización en Pedro Molina y Mitre, para luego marchar hacia la Casa de Gobierno.
Cuando la movilización cegetista se encontraba en Colón y Mitre y movilizándose hacia Pedro Molina, la concentración de jubilados y algunos gremialistas de la CGT, que se habían adelantado, comenzaron a entonar las estrofas del Himno Nacional.
Sin embargo, llegó al lugar una unidad de la Gendarmería Nacional, y bajaron del mismo unos veinte hombres con fusiles FAL. En un determinado momento, desde la camioneta de Gendarmería, efectivos dispararon primero al aire y luego contra los manifestantes.
Raúl, quien en ese entonces era delegado del Sipemon, lo recuerda de la siguiente manera: "Llegué en el momento en que apareció Gendarmería en una camioneta. Ellos bajaron, se apostaron y tiraron tiros hacia los árboles, veíamos como caían las hojas. Después tiraron al pasto e hicieron una “ráfaga” hacia las personas donde cayó mi padre".
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Raúl Ortiz estuvo en la manifestación del 30 de marzo de 1982.
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Unas seis personas fueron alcanzadas por las balas, y entre ellas se encontraba José Benedicto Ortiz, aunque su hijo aún no lo sabía. "Vi que cayó una persona, pero no sabía que era mi padre. En la disparada partí con mi grupo y cuando llegué a mi casa me enteré lo que le había sucedido a mi padre", prosiguió Raúl.
Juan Enzo Ortíz, Raúl Aldo González, Ricardo Jorge García, Buno Antinori y Héctor Moirat, quienes resultaron heridos, fueron llevados a la entonces clínica Mitre por otras personas que se encontraban en el lugar. Mientras que José Benedicto Ortiz fue subido a una ambulancia con otro destino.
"Primero lo metieron al viejo edificio del diario Mendoza, y de ahí una ambulancia lo trasladó al hospital Central, donde quedó incomunicado. Nosotros no tuvimos más comunicación con él hasta el momento en que murió", explicó Raúl. Su hermana Ana agregó después: "Cuando estábamos en el hospital, tirados afuera todas esas noches, no nos dejaban acercar. Si no hubiera sido por los enfermeros que fueron tan amables de darnos noticias, no hubiéramos sabido nada".
Raúl fue la última persona que vio a su padre con vida: "El último día me dejaron entrar a verlo unos minutos, y corroboré que estaba vivo, ya que había rumores sobre su muerte. Recuerdo patente que cuando me miró, le corrió una lágrima. Parece que se quedó tranquilo, porque para mí estaba esperando saber que yo estaba bien. Una o dos horas después falleció".
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Ana Ortiz repitió las duras palabras que tuvo que escuchar en el hospital Central.
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Sin embargo, los momentos posteriores al fallecimiento de Benedicto fueron muy duros. "Lo primero que nos dijeron fue que teníamos que mantener todo en secreto y no hacer escándalos porque si no se lo llevaban. No podíamos demostrar lo que sentíamos en un momento de desesperación" explicó Ana, y Raúl sostuvo que "hasta nos prohibieron llorar".
Blanca indicó que "todo estaba en manos de los militares: pusieron el médico, también colocaron un control en la entrada de la sala. Todos eran militares".
Incluso siguieron siendo hostigados por las fuerzas públicas de la época para evitar que se supiera la verdad: "En primera instancia no se hizo nada por miedo. Llegó un momento en que yo fui a pedir papeles al comando para iniciar algo y no solamente me lo negaron, sino también me tuvieron una semana guardado (es decir, preso) diciéndome “vos molestas y hasta acá llegás”", expresó Raúl. "Estuvimos controlados permanente, durante un tiempo", agregó.
Incluso Blanca comentó que a su hija Ana le impidieron realizar la apertura de un negocio por sólo ser "la hija de Benedicto Ortiz".
El paso del tiempo y algunas otras vicisitudes hicieron que el recuerdo de aquella marcha y su consecuencia trágica, desapareciera del pensamiento colectivo. Excepto para la familia Ortiz y varios dirigentes gremiales, quienes siguieron recordando a Benedicto con pequeños homenajes públicos y privados.
El recuerdo de José Benedicto
Blanca describió muy bien la personalidad de su esposo: "Era muy buen padre, y una persona muy callada. A lo mejor si veía algo en ellos (sus hijos) me decía a mí, no los reprendía".
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Blanca Villegas recordó a su marido como "un buen padre" y "defensor de sus compañeros".
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"Pero ellos tuvieron mucho respeto por él. Además, era muy activo en el sindicato, de toda la vida. Incluso cuando falleció, fui con Ana a los escritorios donde estaban sus patrones y nos felicitaron. Si se tenía que enfrentar al patrón, lo hacía, y siempre defendiendo a sus compañeros", narró Blanca.
Benedicto Ortiz logró ir ascendiendo poco a poco en la estructura sindical de los trabajadores mineros durante 25 años: había sido ayudante químico en la fábrica de cemento Juan Minetti, luego pasó a ser delegado de su sección, secretario general de la Asociación San Martín y finalizó como el último interventor nacional de AOMA.
Reconocimiento y homenaje por parte del Gobierno provincial
Luego de años de olvido gubernamental, el año pasado se realizó un homenaje en la Legislatura provincial a José Benedicto Ortiz por los treinta años que pasaron desde su fallecimiento. Esto fue posible gracias a la gestión del diputado Gustavo Arenas (PJ) y los dirigentes gremiales Juan Carlos Navarro (ATSA) y Jorge Córdoba (CGT).
Para Raúl, "el año pasado fue el primer reconocimiento grande que tuvo. Nos gustaría que no quedara solo lo del año pasado. Me gustaría que el nombre de José Benedicto Ortiz no termine en el olvido, ya que fue parte de la fabricación de la llave que abrió las puertas de la democracia".
Por ello, la familia Ortiz dará un paso muy importante con respecto a esto último: "Lo que pretendemos ahora es hacer un juicio de lesa humanidad. Alguien tiene que pagar por la muerte de él: el que dio la orden, o el que pegó el tiro. Que no quede impune".
Una buena parte de esta actitud está influenciada por los jóvenes de la familia: "Los nietos de Benedicto Ortiz nos piden esa justicia a nosotros. Ya no tenemos miedo porque ellos son grandes", explicó Raúl, y Ana agregó "Estamos en una democracia. Han salido muchos casos, entonces ellos ni nadie más tienen que vivir lo que vivimos nosotros".
Por su parte, para Blanca todos estos reconocimientos, más la última noticia referida a la indemnización que le otorgaría pronto el gobierno provincial, le ha causado una enorme sorpresa insospechada hace poco más de un año atrás: "Me cayó tan de sorpresa porque no me lo imaginé nunca que esto pudiera haber seguido".
"Ese acto (el homenaje) no lo esperábamos. Nunca me imaginé la última noticia que me dieron (la indemnización) porque después de los 30 años no tuvimos contacto con nadie. Nunca me lo imaginé", sostuvo.
Finalmente, Raúl explicó cuál será el próximo acto que se realizará: "El 30 de abril a las 11 de la mañana en Pedro Molina y Mitre, nos vamos a reunir en un acto donde se va a poner una placa y nombrarán al paseo de la calle Pedro Molina con el nombre de mi padre. Se eligió esa fecha como homenaje por el Día del Trabajador".
Esperemos que el deseo de la familia Ortiz para que la sociedad mendocina y argentina no vuelva a olvidar la figura de José Benedicto se mantenga con el tiempo. Así podremos seguir dando importantes pasos en la construcción de una memoria por la justicia y la democracia.