Alta performance y calidad de vida: beneficios de la sinceridad
Por definición, sinceridad es falta de fingimiento en las cosas que se dicen o en lo que se hace. No asociando la franqueza o la mentira con ningún tipo de mandato moral ni religioso, podemos pensar que por sí solas ambas palabras podrían darnos un mapa bastante claro de dónde se llega eligiendo una u otra opción.
Natalia Aramburu |
La pregunta es… ¿tanto cuesta ser sincero con uno mismo? Porque tal vez ese sea el punto de partida que nos hace ir hacia la veracidad o hacia la hipocresía. Suponiendo que cueste ser sincero con uno, más vale esforzarse por superar esa dificultad que entrar en los laberintos de la falsedad, los cuales probablemente nos agotarán mucho más que trabajar para ser auténticos.
Todos hemos tenido en algún momento la experiencia de la duda sobre si decir algo o no decirlo y, muchas veces, los argumentos imaginados para optar por la segunda opción fueron principalmente convenientes para uno, pero no para la otra persona.
A mi entender, si uno logra ser franco consigo mismo, luego es más fácil ser naturalmente transparente, claro y sincero con los demás, y las consecuencias suelen ser más livianas. Por supuesto que al decir ciertas verdades, hay que tener tacto y cariño.
Si entramos en los enredos de ocultar, tergiversar, distorsionar la información o, lo que es peor, engañarnos a nosotros mismos, entonces podremos terminar en un callejón sin salida… donde nos toparemos tal vez con una gran pared.
“La sinceridad tiene un doble fondo curioso. No modifica la naturaleza del que la practica, y sí le concede una especie de doble vista, sensibilidad curiosa, y que le permite percibir la mentira, y no sólo la mentira, sino los sentimientos del que está a su lado.” (Roberto Arlt, “La terrible sinceridad”, Aguafuertes porteñas.)
Por Natalia Aramburú, directora de la sede Mendoza del Método DeRose.

