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Volver a fumar

La columna de la incidental Mara está disponible para finalizar una semana laboral cargada de informaciones importantes y también interesantes. Ahora se descarga con una consideración reflexiva y valiente contra los saltos al vacío. Caer también nos hace saber que no podemos volar, concluye la columnista de MDZ este viernes.
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Volver a fumar. Algo que desde hace 1 año, 2 meses y 16 días yo deseo cada vez que salgo  mi balcón. Volver a hacerme la película con el humo de cada pitada. Volver a pertenecer al grupo de los que no pueden dejar. Volver a ser yo.

Nadie escapa de querer convertirse en su propio aspiracional, y a veces juntamos todo el coraje necesario para volverlo real. Dejar de fumar no es más que otro de esos cometidos.

Una verdadera cruzada contra nosotros mismos. Como la de los nuevos vegetarianos atormentados por la suplantación de proteínas, como la de los bares que no tienen menú pero sí te ofrecen tres variedades de aceites de oliva, como esa gran masa que ahora aprende técnicas de respiración perteneciendo a la clase más contaminada de todas.

Fuera de lo que somos realmente nos pensamos otro y dejamos que sean los demás quienes nos definan, justo los mismos que hemos estafado mostrándoles lo que querríamos ser.

Soy fumadora, tal vez no ejerzo pero tengo todo aprobado para serlo, pero en busca de ese indefinido en lo que todos queremos convertirnos en algún momento yo dejé de fumar; sólo para pasearme frente a mi propio espejo como ésa que quería ser. Y debo decir que me convertí en un modelo perfecto de displacer. Estoy limpia de tabaco y soy, no alguien feliz, pero sí alguien que no fuma. Y aunque me pensé ejemplo me encontré siendo un revés para los que todavía no pudieron. Porque es así, nadie disfruta realmente del éxito ajeno, éste sólo nos enfrenta al propio fracaso.

Dejé de fumar, ok, y no he sumado por esto más aceptación (ahora me odian los que fuman y no soy nada especial para los que no).

Mi aspiracional se hizo trizas contra la realidad. Y en esta poda completa de hoja y rama que implica dejar una adicción he perdido todo el placer que se puede juntar de a ratos. Ya nada es como antes: ni el café, ni el ocio, ni las confidencias. Cualquier espera es eterna, cualquier silencio incómodo, cualquier desamor más soledad. En definitiva, me llené de huecos que ahora tendré que tapar construyendo otro aspiracional o, más fácil, generando otra adicción.

Paradójicamente dejar de fumar trae algo de insatisfacción. Si es cierto que recuperás oxígeno, también lo es que perdés todos los aires de libertad que te daba el cigarrillo. Porque la libertad se pierde también cuando nos lanzamos a “lo bueno por conocer” y tanto vértigo nos atrapa en indefinición y nos deja, otra vez, buscando reconocernos.

Vuelvo a fumar. Me quedo con lo malo conocido: ese cigarrillo, ese ex amor, ese lugar algo devaluado que guarda también lo más esencial que tengo y me devuelve una imagen más cercana de lo que soy.

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