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Pecadores virtuales

Algo en lo que todos nos estamos convirtiendo. El que esté libre de pecado que me haga el primer click.

¿Un chat o un click? ¿Una foto o un video? ¿Cuál de todos será el pecado más grave? ¿Cómo se mide en virtual?

Virtual, platónico, inofensivo. Quién puede castigar algo que no es, no existe, no está. Algo que se lo llevó la ráfaga más lapidaria de todas: la del ciberespacio.

De modo ingenuo nos abrimos una cuenta, por probar aceptamos contactos, sin querer entramos en el juego del chat, en el del tipeo compulsivo, el voyeurismo extralimitado y las frases muy amplias para describir nuestra situación sentimental. Navegamos por lo prohibido porque está ahí, en el mismo mar, todo mezclado. Y después de caer en la tentación del primer click, de la anestesia de las horas perdidas, de algunos nuevos vicios creados, y de la intriga por lo que nos quedó por ver, somos parte del rebaño que emerge de las nuevas tendencias de satisfacción rápida y al alcance de todos. Somos los nuevos pecadores virtuales.

Nos dan un toque, lo devolvemos, damos un Like. Dejamos que nos etiqueten y comentamos los comentarios de otros en una carrera por ver quién es más astuto, inteligente y reflexivo. Jugamos, total no es cierto, no está, o mejor dicho no somos.

Nos damos el gusto de ser activistas políticos sin ideologías, de salvar ballenas que no nos importan,  de proteger niños y perros huérfanos con el mismo nivel de compromiso.

La virtualidad nos da la posibilidad de ser parte sin estar, de redefinirnos protagonistas sin grandes esfuerzos. Nuestro gran espacio moderno de expresión (mejor dicho de expulsión de lo que jamás vamos a experimentar en el mundo real: nuestro lado oscuro).

Avanzamos un poco, mucho más de lo que podríamos avanzar en el espacio real, porque no es cierto en realidad. Somos osados como nos gustaría, mostrando nuestras mejores fotos, nuestros comentarios más acertados. Colgamos videos que no acostumbramos ver, nos describimos con gustos que nos gustaría tener. ¿Quién va a cuestionarnos, si en realidad estamos todos en la misma virtualidad?

Damos otro paso y le aceptamos un chat a quien se muestra cibernéticamente interesado, nos reímos demás, y somos incrédulamente locuaces y oportunos (Porque no sé si se dieron cuenta de que en redes todos quieren ser graciosos