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Aunque el INADI dictaminó que sufrió discriminación de género en la Policía, todos miran para otro lado

Paola Legay hace más de seis años que comenzó a ser sujeto de tratos discriminatorios en la Policía de Mendoza por ser mujer, inteligente y valiente. Por ello el INADI tardó unos tres años en analizar muy bien su caso y en noviembre de 2011 dictaminó a su favor. La mujer que busca “humanizar la fuerza policial” ahora llegó a la Legislatura y prepara su reclamo penal.

En Twitter: @latinderwine

Ser mujer no es sinónimo de débil, mucho menos de incapaz para realizar tareas como de rescate de personas o de intervenciones contra incendios. Pero en Mendoza esto no se ve. ¿Por qué? Porque las mujeres no sirven para estos menesteres, al menos así lo piensan muchos en silencio, mientras ellas estudian carreras universitarias y preparan su físico para eventuales tareas extremas por las cuales no son convocadas. ¿Es sólo tarea de hombres? ¿La Policía de Mendoza, que exige arriesgar la vida –en este caso de ellas- contiene sus aspiraciones?

“No, porque cuando vos peleás por el derecho a la equidad con el género femenino dentro de la fuerza policial, primero te exigen ser cómplice de esa violencia simbólica hacia la mujer. Cuando vos generás, como mujer, esa tendencia a humanizar el trato hacia los recursos humanos en la policía te fuerzan al silencio. Y esto es tan fuerte como que las autoridades se abroquelan y atacan al mensajero en vez de escuchar el mensaje. Yo soy humanista, no feminista como un funcionario una vez me dijo. Sino ¿porqué se suicidaron siete policías el año pasado?”, se preguntó casi al final de su relato de lo que está viviendo desde 2005 Paola Legay, la oficial de la Policía de Mendoza que exigía en un primer momento volver a su trabajo operativo en el Cuerpo Central de Bomberos de Mendoza.

Discriminación puertas adentro: “Las mujeres no sirven”

Paola Legay es oficial de la Policía de Mendoza y actualmente está en su casa sin poder compartir todos sus estudios y percibe un magro suelo debido a que muchos códigos no corren en su bono de sueldo por no estar operativa.

“No estoy trabajando, mantengo mi estado policial según las reglamentaciones vigentes pero con una licencia psicológica. Al no estar en actividad pierdo varios ítems y beneficios que ahora no tengo”, inició el relato Legay.

La mujer, el último trabajo operativo que desempeñó fue en la última Fiesta de la Vendimia “cuando me tiraron directamente a los lobos. Estuve cuatro días de terror. Trabajé bajo las órdenes de los dos jefes que yo había denunciado. Cuando le pregunté porqué al subsecretario Alejandro Gil me contestó que tenía que salir a la calle”, recordó.

La tormenta para Legay inició a fines de 2005 cuando ingresó al Cuerpo Central de Bomberos de Mendoza y Paola buscó hacer carrera en forma operativa, no solamente cumpliendo tareas administrativas.

“La discriminación se basó siempre en mi condición de mujer, dentro del Cuartel de Bomberos de la Policía de Mendoza. Al principio nunca se dio por una cuestión académica, al contrario. Yo cuando entro a trabajar a Bomberos aún no tenía mi licenciatura. Todo empezó cuando a mi me asignan funciones netamente administrativa siendo que soy una policía con portación de arma lo que me permite realizar todo tipo de tareas operativas”, manifestó.



Las tareas a las que se refirió Legay se refieren a “extinción de incendios, rescate de personas, intervenciones en accidentes de tránsito complicados, hallazgo de cadáveres, rescates de animales. Esas son algunas funciones operativas de los bomberos policías. Yo no podía subirme a un camión a realizar esas tareas. La discriminación se fue desarrollando muy lentamente, porque fueron dos años muy largos en esta situación, porque la negativa venía básicamente de parte de la jefatura. Y a eso se sumaba la negativa de ciertos oficiales que decían que mujeres no. No queremos mujeres, porque las mujeres no sirven, eso me lo decían abiertamente. Así empezó todo”, continuó.

“La inutilidad funcional de la mujer era un supuesto ya establecido dentro de ese organismo policial. En realidad nunca fueron todos. Esto partió desde la jefatura que tuvo el Cuartel de Bomberos en esa época. Yo no era la única mujer. Habían varias pero todas las otras hacían tareas administrativas. Yo me quería capacitar porque desde lo subjetivo y lo emocional me atraía muchísimo la tarea del bombero. Ver a mis compañeros cómo regresaban después de cada intervención era algo que movilizaba mucho”, detalló.

Fue que entonces Legay comenzó a exigir capacitación para salir a la calle: “Me autorizaban a hacer un curso pero a la par me ponían trabas para que no la completara. Todo al principio fueron reclamos verbales y lamentablemente todo se fue tornando muy violento. Me gritaban, insultaban, me menospreciaban con tonos despectivos constantes. Nunca me amenazaron. Directamente actuaban complicándome el desarrollo de mi trabajo. Con sanciones administrativas, por ejemplo. No habían sutilezas, habían ataques directos”.

El primer reclamo formal a la Jefatura del Cuartel de Bomberos

Luego de varios intentos por ser una mujer policía bombero, Legay inició sus reclamos formales mediante notas a la Jefatura del Cuartel de Bomberos: “Yo exigía desarrollar las mismas tareas que mis compañeros y permanecer en los recintos que permanecían mis compañeros y utilizar los mismos recursos laborales que utilizaban mis compañeros. Esas son las tres cosas que me negaron”, manifestó. Y agregó: “Por ejemplo, yo nunca podía participar en las reuniones de los oficiales siendo que soy oficial. No podía entrar. Yo era la única mujer oficial y operativa. El resto eran administrativas”, remarcó.

También Legay fue imposibilitada de estar en el recinto conocido como la Central de Alarma: “Siempre utilizaban excusas y fundamentos que no tienen lógica. Todo esto termina muy mal porque en diciembre de 2007 sufrí un accidente menor en el trabajo que derivó en una operación en una pierna. Antes de eso había logrado insertarme en las funciones de bomberos y por el apoyo de muchos compañeros pude estar a cargo de una dotación de bomberos. Extinguimos incendios, rescatamos gente, pero duró poco por el accidente. Cuando yo me reintegro con el alta médica no me reintegran en bomberos y me envían a la Comisaría 11 de Luján de Cuyo. Yo vivo en Ciudad y con eso me complicaron la vida. Cuando pregunté otra vez porqué, me contestaron que era a raíz de que en bomberos ya no había un lugar para mi. En esa época el ministro de Seguridad era Ciurca y a mi me atendió el comisario Irrutia”.

Por esos días la oficial había comenzado a golpear las puertas del ministerio de Seguridad para que se la reintegrara “a mi lugar de trabajo que era al Cuartel de Bomberos. Cuando Irrutia me hizo pasar él me confirmó que en bomberos ya no había un lugar para mi, que me había metido con los héroes de esta provincia. Que yo no tenía mas nada que hacer ahí. Por la vía oficial yo nunca logro hablar con el ministro de aquella época”.

“En la policía no hay lugar para gente como vos”



Después de empezar en la comisaría de Luján, Legay logra llegar hasta Ciurca “a través de un amigo, de un amigo, de un amigo. Cuando él me termina dando una audiencia le planteo la problemática me dio una solución momentánea. Me sacó de esa comisaría y me gestionó al ministerio de Seguridad. Cuando yo le comenté a Ciurca sobre la denuncia en el INADI de diciembre de 2008 él se sorprendió y me dijo: Paola porqué no viniste antes a hablar conmigo”.

Ya en el ministerio, donde trabajó un poco más de dos años, Legay también comenzó a tener problemas: “Siempre recibía de parte de mis superiores reclamos por las denuncias que yo había hecho en contra de la Jefatura de Bomberos. Me decían que a mi nadie me quería y no había lugar en la policía para gente como yo.

Antes de recurrir al INADI “yo recurrí a la Inspección General de Seguridad en dos oportunidades para denunciar mi problema. Hasta el día de hoy yo no se qué hicieron con la denuncia porque las personas que yo denuncié siguieron ascendiendo y hoy una de ellas tiene un cargo en el gobierno provincial. No voy a decir quién es pero es muy fácil darse cuenta. Luego de que se me acaba el trabajo en el ministerio, pero, muy mal. Constantemente ninguneada y asignada a funciones que no tenían nada que ver con mis capacitaciones. No se valoraron nunca mis conocimientos, trayectoria o experiencia que yo tengo como policía”, se quejó.

Ya en los últimos meses, “en las conversaciones que tuve con Alejandro Gil, quien era mi jefe directo, él me dijo que no había lugar para mi en la policía, para gente como yo y nunca atendió el proyecto que yo presenté para la dignificación de las labores de policía. Después de la cantidad de suicidios que hubo, considerando que ya casi estoy en cuarto año de la carrera de Psicología elevé un proyecto, pero no lo consideraron. El proyecto se llama Promoción y Sostenimiento del Bienestar Psicológico Emocional y Afectivo del Trabajador Policial”.
“Cuando yo empiezo a exigirle al subsecretario Gil que por favor que me empezaran a asignar funciones que tengan que ver con mis capacitaciones y toda la teoría que estoy recibiendo y que está relacionada con la seguridad pública al final me contestó ni él ni el ministro estaban dispuestos a darme a mi bola en algo porque corrían el riesgo de tener que bajar la cabeza delante de las jefaturas policiales”, remató.

Ahora, Paola Legay, ha planteado su problema de larga data ante la Comisión de Género de la Cámara de Diputados y se prepara para la embestida en el fuero penal.