Una fiesta de empresarios que censuró a Doña Solidaridad, esa ingrata
El viernes en la noche, en la cena de entrega de los premios General Las Heras al Compromiso Empresarial, justo cuando los empresarios comenzaban a comprometerse, alguien les pidió plata y dieron por finalizada la velada.
El departamento que dirige Rubén Miranda hizo su tercera entrega de los premios al compromiso empresarial, y galardonó a diversos actores de la economía departamental con la estatuilla General Las Heras.
La velada comenzó cerca de las 21:30 en el salón Palatium, con un servicio digno de reyes. Cerca de 500 personas fueron invitadas al evento pero la comida alcanzaba para el triple. No faltaba nada. Lleno de lujo, el salón Palatium de El Challao se vistió de blanco y dorado y el municipio no escatimó en gastos aunque eso no alcanzó para que la organización fuera un desastre.
Es que además de comenzar casi dos horas después de la hora de llegada, más allá de la cantidad de estatuillas que se entregaron, el premio mayor, el Cóndor de Oro, fue esta vez a las manos de Nidia Soto, la asistente social creadora del hogar para niños Brazos Abiertos que no hace mucho quedó devastado por un incendio y, poco después, fue saqueado y de allí se robaron todas las donaciones que habían recibido.
Una buena y encantadora noticia para Nidia, quien hasta soltó unas lágrimas al recibir el premio a pesar de que tuvo que esperar más de 4 horas con sus 84 años y su ceguera a cuestas.
Es verdad que el premio mayor se entrega al final de la velada, pero también debería haberse tenido en cuenta que no se puede tener a una señora de tal edad esperando tanto tiempo para recibir un premio. Nidia, por supuesto, nunca se quejó. Por momentos se adormilaba en la silla, siempre con el mentón en alto y con su porte perfectamente recto. Uno no sabía si se dormía o rezaba para que la fiesta llegara por fin a su fin.
El mismo gobernador Pérez (quien estuvo junto a algunos ministros y funcionarios desde un principio), se encargó de entregarle el premio aunque tuvo que esperar bastante con el Cóndor en las manos ya que Nidia había sido ubicada en una de las últimas mesas del enorme salón. Casi 10 minutos le llevó a su hija abrirle paso entre las sillas y ayudar a Nidia a llegar hasta el escenario al que no pudo subir porque las escaleras, entre la ceguera y la edad, ya no son para ella.
Y ni el micrófono tenían preparado.
Pero fueron 10 minutos de ovación contínua, de aplauso imparable, de bravos y hurras a todo pulmón. Y uno podría creer que ese era el verdadero premio para Nidia, pero no, había más.
Luego de que la mujer de los brazos abiertos dijera su discurso, sin quejas ni reclamos, agradeciendo por lo que hay, por lo que recibe y por la solidaridad del pueblo mendocino, un hombre subió al escenario y planteó un desafío.
“Ya que acá hay tantos empresarios, aprovechemos para juntar plata para el hogar de Nidia” dijo el señor de impecable traje a todos los presentes que, por unos segundos, se quedaron mudos tal vez rigando que se tratara de un chiste.
Era Tito Bustos, dueño de Cariló disco, quien robando el micrófono y poniendo los primeros $10 mil para el hogar, comenzó a hacer casi una subasta arengando a los presentes a que sacaran sus chequeras y empezaran a firmar.
Consiguió 10 mil más de Miranda, otros 10 y otros 5 de los directores de un supermercado y de un banco y cuando le pidió al gobernador que pusiera un dinerillo… le sacaron el micrófono y lo bajaron del escenario.
Si bien Paco Pérez ya le entregó a Nidia Soto los $50 mil que le había prometido para arreglar el hogar (las obras son muy lentas y aún falta mucho), siempre aparece alguien más papista que el Papa y hace estos papelones. No había necesidad de bajar a Bustos del escenario. Estaba logrando una recaudación que para Nidia y sus niños es casi el cielo y además, como buen hombre de la noche que es, hasta le había puesto un toque de humor a la velada tratando de sacarle algo de dinero a quienes generalmente tienen cocodrilos en los bolsillos.
Seguramente habrá una excusa, o varias. Que era tarde, que tenía que comenzar el cuadro artístico, que estaban por apagar las luces. Lo cierto es que justo cuando una fiesta al compromiso empresarial empezaba a mostrar ese compromiso, se acabó la gala.
De todos modos, Tito Bustos no se rindió y se dedicó a pasear mesa por mesa tratando de juntar un peso más. Pero, ya sabemos, no es lo mismo pedir al oído que desafiarte a poner en público…