Presenta:

El valor de la esperanza

La columna El Observatorio, preparada para MDZ por Elia Bianchi de Zizzias y Elena Zizzias de Rosso.
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“Esperando el hombre se compromete con la realidad” . (X.Zubiri)

Cuando leo los diarios o veo los programas informativos, plagados de malas noticias: muerte, violencia, corrupción. Cuando camino por las calles y observo la agresividad en las actitudes de las personas y la preocupación en sus rostros. Cuando voy al supermercado y no entiendo como comprando cada vez menos, pago más. Cuando me entero que los adolescentes esperan salir los fines de semana para beber, fumarse un porrito, o “transar” y tener sexo con cualquiera. Cuando veo a los niños en las escuelas con sus notebooks y sus zapatillas rotas, sus ropas sucias, sus cuerpos  desnutridos. Cuando observo a los jóvenes preocupados por vivir el aquí y el ahora, sin importarles el futuro porque sienten que no tiene certezas sobre el mismo.

Cuando despiden, acosan  o persiguen a empleados públicos, de cualquier rango, por no pertenecer a la ideología política de turno. Cuando me coartan la posibilidad de elegir como invertir o ahorrar. Cuando siento que estamos en un gran reality como “Gran Hermano” en donde todos me observan, todos me controlan,  pero los que están afuera hacen lo que quieren con total impunidad. Cuando los que hablan de éticas para los demás, no tienen espalda moral para hacerlo. Cuando vivencio todo esto, la sensación de tristeza, bronca,  ira, impotencia y desesperación  es muy profunda.

Vivimos en tiempos signados por la  complejidad, la ambigüedad y el caos. Es una era de crisis y de desencanto. Época bisagra entre la modernidad y la posmodernidad.  Jean Francois Lyotard en su libro “La Condición Posmoderna” anunció el fin de una era estructurada, con certezas  y la apertura de un relativismo epistemológico que involucra a todas las instituciones de la sociedad. Nuestra realidad posmoderna esta signada por ciertas  características que nos explican el por qué del caos: relativismo, ya no hay verdades absolutas, todo depende del  cristal con que se mire; el eclecticismo acrítico y amoral, todo está permitido, libertad sin límites, todo se puede, todo está bien, el limite lo pone el deseo; el hombre light no solo en lo corporal sino también en los pensamientos y en los valores: no me comprometo, no participo, no opino; los medios comunicacionales y el mercadeo se convierten en centros de poder, en donde el contenido del mensaje no importa tanto, como la forma en que es trasmitido ; la desaparición de la ideología como forma de elección de los lideres reemplazándola por la imagen y su marketing; Individualismo, tiempo del yo  antes que del todos al vivir con incertidumbre y sin proyecciones a futuro, el individuo se preocupa por si mismo, por su metro cuadrado y por su presente ; masificación, consumo, globalización y la invasión de conflictos destructivos en todos los ámbitos de la vida.

Es difícil esta contemporaneidad que nos toca vivir, sumada a la perversa actuación de los poderes económicos y políticos que nos imponen la idea de ausencias de alternativas que conllevan a la parálisis del entendimiento y por ende  a la falta de acción, hacen que se instale en la conciencia colectiva la tesis de la futilidad e impotencia del empeño humano.

Es evidente que todos estos aspectos de la cultura posmoderna impregnan los intercambios cotidianos en todos los estamentos de la vida. Si bien la realidad atrapa al individuo en una red previa inevitable, esta red es lo suficientemente elástica para que se abran márgenes de cambio. 

Si bien las sensaciones de impotencia, tristeza y bronca, como dije al principio, invaden muchas veces los momentos de mi vida,  logro diluirlas cuando miro a mi alrededor y con otros ojos veo que también hay otras realidades. Existen otros corredores en los que transitan miles de personas en forma silenciosa y desinteresada, caminos de esperanza, solidaridad y honestidad. Entonces, cuando veo a muchos jóvenes que luchan por sus ideales, a través de centros de estudiantes,  que trabajan incansablemente por sus pares con políticas de deporte, acción social, cultural, o en  de congregaciones religiosas, en comedores sociales, dedicando su tiempo, su ayuda y su amor. Cuando veo a maestras, directoras y supervisoras jubiladas que en distintas Instituciones siguen luchando por brindar  a docentes ámbitos de diálogo y capacitación, sin bajar nunca los brazos. Cuando compruebo que hay  periodistas que, sin importar su propia seguridad, denuncian la corrupción, la impunidad y la desfachatez de algunos funcionarios del estado. Cuando sé que existen  profesionales que trabajan por sueldos paupérrimos por el solo hecho de dar y ayudar a los demás, por verdadera vocación de servicio. Cuando veo a ONGs luchando por el medio ambiente, por la salud, por el sostenimiento de la vida democrática,misiones que nos implican a todos. Cuando compruebo que algunas escuelas públicas, que rompen con la creencia establecida de “todo anda mal” y funcionan con excelencia, gracias a la confianza y a la dedicación de sus directivos y maestros. Cuando veo a tantos comedores sociales dirigidos por personas que hasta dan lo propio para que un niño o un anciano no se queden sin comer. Cuando advierto que hay cientos de colegas mediadores tratando difundir y de establecer formas distintas de resolver los problemas que no sean a través del autoritarismo, la violencia en la que siempre “uno gana y uno pierda” , sino a través del dialogo, la comprensión, la colaboración  y la responsabilidad de asumir la resolución de su propios conflictos.

Entonces, cuando comprendo este otro escenario, el corazón se me llena de esperanzas, dejo de lado la sensación de que nada se puede hacer, saco de mi cabeza el cepo de  la desesperanza , la impotencia y la indignación , que me impiden actuar y continuo el camino que mis padres  me enseñaron y que mis hijos se merecen : el del ejemplo de luchar siempre por la dignidad del ser humano, por la justicia,   por el esfuerzo y la honestidad. Por la entrega  de nosotros mismos a los demás.

La  esperanza da sentido a la vida, porque sin ella la vida no tiene sentido. 

“La esperanza humana no es un empeño individual, sino comunitario” “Solo espera el hombre en el nivel del nosotros”. (Gabriel Marcel)

Eliana C. Zizzias de Rosso. Abogada. Mediadora.
Elia Ana Bianchi Zizzias. Educadora.