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El valor de la ternura

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-“Mucho   cuidado con ese chico, es terrible, tenelo cortito porque si no te va hacer la vida imposible, es insoportable”-. Fue la recomendación que me hizo la maestra de Juan, cuando dejó a sus alumnos de cuarto grado en la ludoteca de la escuela.

Cuando lo miré, vi a un niño temeroso, con una actitud  agresiva, pero  su rostro era. triste.
Contrariamente  a lo que me aconsejaron ,  decidí tratarlo como a todos los demás, con cariño y especial  atención. Estábamos trabajando el tema de Resolución de Conflictos. La estrategia de juego “:Yo soy mi abuelo”, consistía en  trabajar la empatía, las diferencia entre las personas,  ponerse en el lugar del otro.  Hablamos sobre   los abuelos o parientes  mayores  que tuvieran en la familia,  cómo eran, qué hacían, qué sentían y  cómo se relacionaban.

Algo despertó en Juan su interés por participar y la agresividad de sus ojos se transformó en ternura. Poco a poco,  se fue abriendo con el grupo y conmigo. Era tan grande su entusiasmo,  que lo nombré mi ayudante personal .Se sentía importante y respetado. Venía a mis clases con alegría y  cuando entraba a la ludoteca corría  a mi encuentro con un gran abrazo.
 Llegó el momento en que los niños debían votar y elegir  quién había sido el alumno que mejor había representado el papel del Nono o la Nona, por sus cualidades y actitudes, para que fuera, por una semana, el Abuelo del curso . Grande fue el asombro de Juan cuando fue elegido como el Abuelo de 4º grado.  

La maestra, asombrada, me contó acerca del cambio profundo que Juan había experimentado. Comenzó a  preocuparse por todos sus compañeros   y el grupo lo había aceptado e integrado..
 Averigüé que este niño, “terrible e insoportable”, era huérfano, había sido criado por su abuelo y éste  había fallecido poco antes de empezar  las clases. Así pude comprender sus actitudes, sus cambios, y el especial afecto que había desarrollado por mi. 

Cuando llegó el Día del Maestro, cada uno de los pequeños  debía elegir a una  maestra  y, con mímicas , hacerle algún regalo. Algunos simularon llevar grandes ramos de flores, otros cajas de bombones ,  pero cuando llegó el turno de Juan , dijo:

- “Yo elijo a la seño Eli, y por su cariño yo le regalo mi corazón".

Fue uno de los regalos más importantes que he recibido en mi vida, el afecto de un niño  que surgió a partir de sentirse  importante, reconocido, útil, pero, especialmente, querido.
Esta historia real, no es sino el simple reflejo de lo que un  buen trato  y el cariño puede lograr en las personas.   

Todos  necesitamos ser   aceptados  por lo que somos y lo que hacemos. Según el padre del Análisis Transaccional , el psiquiatra Dr. Eric Berne, el hombre tiene hambre de reconocimiento, Reconocer es acariciar al otro y las caricias  son esenciales para la vida de una persona. 

Las caricias no son sólo físicas ( un abrazo, un beso), sino también, verbales ( un elogio, una felicitación  por algo que se hace, un halago sobre la persona, una simple expresión de amor) y de acción (un detalle, un regalo, una escucha sincera) cualquier cosa que signifique un “ mimo al alma”. 

Hoy vemos que, desafortunadamente, en todos los órdenes de la vida, en el  hogar, en  la escuela, en el trabajo, en la calle, en los medios, las relaciones se sustentan,  en general, en el uso del poder aprendido y la agresividad.   Poder que se traduce en subyugar, dominar, oprimir, intimidar, castigar, menospreciar  o simplemente  invisibilizar al otro.  El trato  coercitivo  y agresivo   se va  validando y aceptando socialmente. El acostumbramiento es lo peor que nos puede pasar, ya que va paralizando, poco a  poco, nuestra capacidad de reaccionar y nuestra voluntad de buscar cambios.  

¡Cuánto más sencillas, agradables y pacíficas  serían nuestras vidas, si pudiéramos revertir el maltrato cotidiano en  buen trato!

- El buen trato es un constructo de reciente aparición en el área de la psicología (Romero y  Polit) que se puede definir como: “Cualquier comportamiento realizado por una persona u organización en dirección a la integridad física y psicológica, que contribuya al desarrollo de la autoestima y la autonomía, que promocione la singularidad del otro, permitiendo con esto el respeto y la validación de sus derechos, como la promoción de su desarrollo como ser humano”. (Francisco Javier Vásquez de la Hoz).

Saber identificar y valorar en los otros conductas positivas a cambio de la exagerada concentración en las negativas; dar reconocimientos y elogios oportunos y sinceros , manifestar confianza y  promocionar la libertad y la autonomía; dialogar en vez de discutir , mostrar libremente los sentimientos y expresar correctamente las emociones , tener contacto físico , como abrazar o acariciar, sin temor a que se nos acuse de abuso, son unas de las tantas acciones que hemos olvidado realizar con la gente que nos rodea y que tanto bien hace, no solo a la persona que la recibe, sino también, a quien la da y al entorno. 

Entonces, tenemos que empezar a luchar contra  el principal boicoteador de estas acciones: uno mismo  y nuestro “Padre Critico”(Steiner) que nos impide o inhibe a dar o recibir caricias. Ya que ese padre critico esta educado con creencias, prejuicios, costumbres y la cultura de la desconfianza, del autoritarismo ,del egoísmo, del miedo y de la violencia.

Como dice Gandhi: “Nosotros mismos debemos ser el cambio que deseamos ver en el mundo”.

Comencemos a dar  alegría y bienestar  con nuestras acciones de respeto, cariño, valoración, tolerancia, y ternura,  para que muchos “Juancitos” nos regalen sus corazones y nosotros dar el nuestro a los demás.

Eliana Cristina Zizzias de Rosso. Abogada Mediadora..
Elia Ana Bianchi Zizzias. Educadora.