Bienvenidos al mundo del juguete: peripecias y malabares para sobrevivir como artistas
Las ganas de hacer arte se entremezclan con la necesidad de remontar un negocio lucrativo. Una ecuación conocida, claro que sumamente compleja. Eleonora y Débora Acosta saben bien de qué se trata. Artesanas desde siempre, una maestra y una diseñadora, son jugueteras con un mensaje: dejemos de lado el frío y despersonalizado plástico industrial y volvamos a los muñecos de trapo, los títeres de papel y los camiones de madera. Las hermanas sostienen su negocio en base a esculturas lúdicas, títeres de cono, tatetís, baleros, muñecos, móviles.
D: Ellas estaban trabajando con niños e investigaban el proceso del juego y los juguetes. Este proyecto se llamaba “Crecer con juguetes”. Éramos varios jugueteros. Esto fue en el 2003. El proyecto se cortó, pero nosotras seguimos con la inquietud. Fue como la semillita. Empezamos con muchos títeres, papel maché, cartapesta. Y tratamos de insertarnos.
E: También empezamos a investigar con qué cosas un niño puede jugar: cartón, papel. Y qué durabilidad tiene cada material para ser utilizado como juguete.
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¿Lo que ustedes hacían, con esos materiales, encajaban como juguetes?
E: Un juguete no tiene por qué ser eterno, puede ser algo etéreo: un nene ve una plumita y juega con eso, es un pájaro para él. Ese era nuestro concepto, que el juguete no fuera para toda la vida, pero lo acercara al niño a un material diferente a la textura y al tacto, con materiales reciclables. Y de paso, que el niño pudiera reconstruir el juguete en caso de que se rompa.
D: También intentamos rescatar el hecho artístico: que el niño pudiera conectarse con algo que fuera lindo, que sea artístico. El juguete industrial es despersonalizado, masivo, está acabo: un auto es un auto, no puede ser otra cosa.
E: A partir de ahí empezamos a estudiar pedagogía Waldorf, que tiene vetas interesantes. Cuando empezamos con esto, se dio conjuntamente con el arte y nos acercó a un punto: a unirnos a algo más noble para el niño. Después de un tiempo, abrimos una juguetería “Eccole Quá” y traíamos juguetes de artesanos y artistas plásticos de todo el país. Y no duramos, no nos fue bien. Fue difícil sostenerlo.
D: No fue sencillo porque la juguetería la pusimos en el 2005 y el juguete artesanal no era mucho más reconocido, además de que otros factores también influyeron. A la gente le gusta algo, ve el juguete y dice “ay, que lindo, que maravilla, que creativo”. Y cuando preguntan cuánto sale, ahí desisten. El tema del precio es lo que cuesta.
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¿Estos juguetes son más caros?
E: Y sí. Es que nosotras trabajamos todo como una pieza artística, no hemos logrado desprendernos de eso.
D: Todo lo pintamos a mano, tiene un precio agregado.
E: No podemos quitarle lo artístico. Tenemos ta-te-tis estándar y nunca, pero nunca salen iguales. Pero tampoco queremos sacarle eso, porque nos identifica. Sino caemos en lo masivo. También sucede que los adultos compran este tipo de juguetes sólo para regalar, porque son lindos, pero no para sus hijos.
¿Ustedes le venden a alguien? ¿Trabajan por pedido?
D: En una época le vendíamos gente de Buenos Aires, que tenían un negocio similar al nuestro. Pero ahora no. Hacemos venta directa en la Plaza Independencia o en varias ferias que nos invitan. A veces en Chacras. O exponemos con artistas plásticas. Nos movemos entre lo artesanal y lo artístico, tenemos esas dos vetas.
E: Hemos podido varias veces mostrar nuestras cosas. Después también tenemos un local en el Barrio Bombal, en Fragata Moyano y España. Pero las compras que nos hacen son mínimas.
¿Entonces no viven de esto?
D: Sí, yo sí. Sobrevivo de esto.
¿Se puede vivir del arte, en su caso?
D: Es difícil. Yo vivo sola, pago el alquiler, pero depende del mes. No me compro libros o salgo al cine todo el tiempo. Mi consumo es mínimo. Pero le sigo apostando y trato de seguir generando en la gente y darle su tiempo.
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¿En qué se inspiran para hacer los juguetes?
E: Sale, todo sale de nosotras.
D: No vemos televisión de niños, no sacamos ideas de Internet. Nuestra abuela era modista. A veces nos pasa de estar pintando y darnos cuenta que era una tela de nuestra abuela, por ejemplo. En el color puede ser. Muchas cosas nos recuerdan a nuestra infancia.
E: Tuvimos una buena infancia, pudimos disfrutar. Eso sí. Íbamos a una escuela muy artística en San Martín. Desde chicas estuvimos relacionadas con el arte, es todo imaginación. Nos nutrimos de lo que está afuera, de los gatos, por ejemplo. De sus posiciones. Hacemos muchos animales. Somos muy observadoras.
D: Todo está relacionado con animales, todavía no sabemos por qué.
¿Sus juguetes tienen género? ¿Son para nena o para nene?
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E:
Los juguetes son para todos. La muñeca es un personaje importantísimo en un niño y su juego, porque habla mucho de lo que ese niño proyecta para su futuro como ser humano. Ese bebé es una persona para él. No hay género.D: Nos pasa con el tema del color. Es un tema que está muy arraigado. Cuando vendemos los juguetes, nosotras vemos los comportamientos. Por ejemplo, hacemos baleros y algunos tienen color fucsia. Y por ahí el nene lo elige y quiere jugar, pero es el padre el que se lo quita, porque tiene rosado o violeta. Las nenas eligen autos, los varones títeres. Si al niño le atrae un juguete, es porque tiene una necesidad o le gusta. O porque algo se le va a ocurrir.
E: Los niños juegan con lo que tienen acceso y son los adultos los que le proporcionan los juguetes, los determinan. Un nene juega con lo que encuentre, porque entiende la vida como un juego. El adulto intenta traducir ese lenguaje y volverlo algo de adultos.
¿Hay mucha competencia en Mendoza con el tema de los juguetes artesanales?
D: No, ninguna. Los que conocemos que hacen juguetes, tienen líneas bastante diferentes a la nuestra. Hay personas que hacen juguetes didácticos, o de encastre, lo nuestro pasa más por hacer piezas artísticas. Hay gente que pinta mucho, pero hacen muebles por ejemplo.
E: Cuando nosotros empezamos, y abrimos la juguetería, sí había otros jugueteros. Hacían juegos de ingenio, juguetes de madera que parecían antiguos.
D: El problema es que es difícil sostener la idea a lo largo del tiempo, más cuando no es muy rentable. Nosotras seguimos con esto porque es lo que creemos, pero a veces nos hemos planteado dejar, porque es un trabajo de horas y horas, todos los días.
El ambiente juguetero, si bien en la provincia no genera competencia, las ideas artísticas pueden rozarse, sobre todo cuando son pocos los que se encargan de la producción.
D: En ese tema, también muchas veces te sentís influenciado por los demás artistas.
¿Les ha pasado que les hayan copiado productos?
D: Sí…pero no nos influye. Cada uno hace lo que hace. Pero siempre hay influencia. Muchas veces, no lo hacés apropósito, porque estás muy influenciado por muchas cosas a la vez.
Pero es muy difícil hablar de derecho de autor en este ambiente, o al menos acá en Mendoza.
D: Si, no se puede. De todas maneras, en Mendoza, los que hacemos juguetes seremos cinco o seis y los que hacemos cartapesta, no sé, tres. En Córdoba y Buenos Aires sí, hay furor con el papel.
E: Lo que sí nos llama la atención es que los turistas se vuelven locos con la cartapesta en Mendoza. Los chilenos, los italianos. Les encanta.
El toque final: la feria de juguetes para todos y todas...literalmente.
“Siempre participamos de ferias, nunca nos ha ido mal. Solamente una vez me parece que la pifiamos. Teníamos nuestro puesto, con nuestros títeres, muñequitos….y al lado nuestro ¡Había un stand de juguetes eróticos! Fue muy gracioso, nada que ver. Creo que la gente no entendió bien qué hacer con nuestros productos, ¡Se deben haber malinterpretado seguro!”, comentó Eleonora entre risas





