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Malvinas la noticia: alegrías y broncas del primer día

Diez mendocinos compartieron con MDZ sus recuerdos del día en que se enteraron del desembarco argentino en las islas Malvinas.

No importa la clase social, la profesión, ni la edad. Todos tienen un recuerdo del día que se enteraron del desembarco en las islas Malvinas. Los que iban a la escuela primaria o a la secundaria rememoraron las colectas que organizaron en sus escuelas, las cartas escritas a los soldados, las banderas celestes y blancas, los papelitos. Los más grandes, volvieron a sentir la misma inquietud que tuvieron el día que se enteraron de la noticia y de esa mezcla de alegría y temor.
A 30 años de guerra de las Malvinas, todos comparten la misma desilusión, por haberse enterado de las causas que llevaron al gobierno militar a desembarcar en las islas y del padecimientos de miles de adolescentes, que no eran soldados y que no estaban preparados para enfrentar al ejército británico.
Aquí, los testimonios de diez mendocinos que se animaron a recordar y a compartir sus vivencias.


Marcelo Barbero (empleado)

Yo tenía siete años, recuerdo la revolución en mi casa y de mi papá sorprendido cuando decían estamos ganando.
Nosotros vivíamos en Malargüe, estábamos en segundo grado e hicimos la campaña de la bufanda, era una alegría, nos juntábamos en la plaza. En la escuela nos inculcaban mucho el tema, nos decían: es como si vienera alguien y se mete a tu casa sin permiso. También Escribí una carta, me acuerdo que en cierta forma aprendía a dibujar. Tengo presente los gritos, el ¡Viva la patria!, la bandera argentina. Lo que rescato es que vivimos un momento de patriotismo, lo comparo con un mundial, me acuerdo la inocencia de nosotros, de haberme sacado la bufanda para regalarla.
Cuando me enteré de la verdad sobre la guerra sentí impotencia, bronca porque uno ponía mucho amor


Chari Despous (artista plástica)

Cuando me enteré de la invasión –tenía cuarenta años-  fue un golpe muy crudo. Sabíamos con quien estábamos peleando, no me gustó la noticia. Los días subsiguientes estaba pendiente y atenta a lo que pasaba, pero nunca tuve una ilusión de que fuéramos a triunfar. Yo miraba de afuera esa euforia que había.
Cuando me enteré todo lo que pasó me dio mucha pena por esos chicos, por sus familias. Lo único positivo que saqué de la guerra fue la solidaridad de la gente, que nos unimos, los que podían hacer algo lo hacían con entusiasmo y amor. Después sentí una gran desilusión.


Elvira Búcolo (directora del Archivo de la Provincia)

Yo tenía 30 años. El día que me enteré sentí un poco de temor, porque uno sabía del poderío de Inglaterra, acostumbrada a llevar guerras, un país colonialista y pensé seriamente si los argentinos estamos tan bien preparados para hacer frente. Me conmovió mucho como la gente se movilizaba para hacer bufandas, para enviar guantes, chocolates, para mandar todos los elementos que los chicos necesitaban. Esto nos había revolucionado internamente y pensaba de qué manera podía ayudar porque era una responsabilidad muy grande como argentino y como empleados públicos.
La guerra me pareció de una irresponsabilidad terrible, llegar a una guerra es terminar con todas las instancias diplomáticas. Me pareció una locura total, porque no estaban preparados, mandaron a morir a muchos chicos. Creo que no alcanza la vida para resarcir a todos esos héroes.


Herberto Simmons (jubilado)

Yo tenía 40 años y cuando me enteré de la noticia sentí alegría, no apoyaba la guerra, pero sí creía que era un derecho nuestro y lo sigo creyendo. Lamentablemente esa no fue la forma.
Recuerdo los combates aéreos, los argentinos fueron héroes porque los aviones que tenían al lado de los ingleses eran un desastre. Lo otro lamentable que recuerdo es el Belgrano, donde había 300 soldados.
Yo reconozco que me llevaba por lo que decía el diario, hoy creo que no somos tan tontos, porque creo que la verdad llega cuando uno escucha ambas campanas. Cuando me enteré de la verdad sentí bronca, siempre recuerdo a un periodista que decía en la tele que todo estaba perfecto, que íbamos ganando.

Caty Llort (artista plástica)

Tenía 34 años cuando anunciaron que iban a desembarcar en Malvinas y me pareció atroz. Por lo que  podía ver no estábamos preparados para mandar gente a la guerra. Fue una decisión apresurada, resaltando un patriotismo que creo que habría que haberlo volcado a defender a los hijos de la patria. Realmente sentía mucho dolor, porque veía que en general todo el mundo apoyaba el desembarco.
Lo charlé con mi marido que estaba de acuerdo conmigo. Yo me sentía muy mal, muy  descolocada, porque no pensaba igual que los demás, porque veía otras cosa que no tenían nada que ver con lo que decían.
Cuando comprobé lo que pasaba sentí mucha tristeza, saber que tenía razón no me servía de nada.

Graciela Demarchi (docente jubilada)

A mí me dio mucha pena el día que se iban y todo el pueblo los aclamaba. Yo no sentía lo mismo, decía pobres chicos, a dónde van. Era un presentimiento, pero la gente estaba contenta.
En la familia se habló el tema y sobre todo del apoyo que le dieron los chilenos a los ingleses. Mientras iban un poco mejor, uno tenía ilusiones, pero no duró poco.
Participé de colectas, por eso me sentí mal cuando me enteré que las cosas no les llegaban, pero uno lo hizo de buen corazón.


Ricardo Penice (chofer)

Estaba en la secundaria y recuerdo que pedían la colaboración con  mercadería, cigarrillos, chocolates. Además, con mis  viejos hicimos una carta. En mi casa se vivía con cierta incertidumbre.
Cuando nos enteramos de toda la verdad, de que las cosas que enviábamos no llegaban a los soldados nos sentimos defraudados. Fue una tristeza grande porque le pusimos muchas ganas para que esos elementos llegaran, pusimos mucho amor.


José Encima  (comerciante)

Tenía doce años y estaba en primer año de la secundaria. Fue una  mañana especial, oscura, mi padre me llevaba al colegio  y escuchamos el comunicado. Teníamos mucha confusión. Lentamente fuimos entendiendo la situación, me acuerdo la euforia, el patriotismo, después supimos la historia de traiciones, de poder.
Cuando fui entendiendo cómo fueron las cosas sentí mucha tristeza, porque si bien tengo un patriotismo muy arraigado y amigos de la vida que han sido combatientes y me trasmiten lo que vivieron y me siento orgulloso de ellos, también siento una tristeza enorme.
Ahora creo que todo lo que sea por una vía pacífica es bueno, pero no me gusta el tinte político que tiene todo.

Betina Martino (directora de la carrera de Comunicación Social UNCuyo)

Tenía doce años y recuerdo que fue como la construcción de un escenario que nos dejaba muy lejos de lo que realmente pasaba. Se hablaba de esto en mi familia, pero nos decían que no teníamos que comentar nada afuera. Nos comprometían desde la escuela, la iglesia, nos hacían escribir cartas y se demonizó todo lo que venía de afuera, incluso la música. Yo tenía un vecino que enviaron a Malvinas y lo que él contaba no tenía nada que ver con lo que nos decían. Nosotros escribíamos a un soldados de las películas, en cambio había jóvenes sufriendo, sin preparación. Los medios jugaron un papel tremendo, eran actores mucho más políticos, no como ahora que son más económicos. En aquel momento jugaban un papel importante como actores políticos en cuanto a la propaganda y el ocultamiento. Tenían grandes niveles de connivencia con el gobierno. Fueron hábiles en la construcción de ese escenario que apeló a los afectos, la emoción, la sensibilidad. Hoy tenemos la posibilidad de entender a los medios desde otro lugar y hay un gran sector de la población que, aunque sea superficialmente, reconoce quién está detrás de los medios. Hoy los estudiantes entienden perfectamente que los medios no son neutrales, que tienen intereses sociales, económicos y políticos.


Beatriz Bragoni (historiadora)

Yo desconfié de entrada. Tenía 20 años, era el cumpleaños de mi sobrina y había ido a comprar el regalo. Cuando paso camino al Bombal veo a toda la gente con las banderas, enciendo la radio y escucho la noticia y pensé que era una locura. Fui a la Facultad, le expliqué a una profesora mis dudas y me dijo que había que esperar. A la tarde ya estaban los pizarrones en celeste y blanco y anunciaban una conferencia, donde dieron un discurso épico explicando lo  justo de la causa y agradeciendo a las generaciones de maestras que inculcaron que las Malvinas eran argentinas. A partir de ahí la facultad hizo campañas y donaciones.
La visión general fue unánime, no podías decir otra cosa, tener una opinión un poco dudosa, porque era mal visto.