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Ovarios

Están hechas de amor y dolor, se bañan en lágrimas tibias, cicatrices que arden con el grito contenido. Me suena a rumbita el olvido, pero hago el esfuerzo para que la canción de cuna permita el sueño contra la vigilia. Duérmete niño, duérmete ya…y se hacen las 4 de la matina, y se rompen los cristales con el llanto guarango del guanaquito pulmón.
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Y le digo al pasar, “Perlitas caen a borbotones de tu boca cuando ríes y es señal que el tiempo fue veloz como el paso de una orquesta ambulante en tu niñez de viento, tierra y acequias sin hormigón, autitos de masilla y muñecas peponas. Son celestiales, mujeres de mi patria dulce que ocultan, por miedo, las tapas de las revistas”. Chau, señora…

Están hechas de amor y dolor, se bañan en lágrimas tibias, cicatrices que arden con el grito contenido. Me suena a rumbita el olvido, pero hago el esfuerzo para que la canción de cuna permita el sueño contra la vigilia. Duérmete niño, duérmete ya…y se hacen las 4 de la matina,  y se rompen los cristales con el llanto guarango del guanaquito pulmón.

Es la abuela, la madre, la hermana, la esposa, la hija y la amiga. Más fuertes y mejor paridas, hechas de tierra firme pa` soportar las crisis, jefas de hogar en las buenas y en las malas. Antígona Vélez, juanita Azurduy y Evita Perón mecen el catre, de herrajes aceitados por obreros. Son las mujeres, mejores y más valientes. Más golpeadas por la indiferencia, machucadas, hacen el aguante en la sala de parto pa` tenernos a los gritos, llorando.

Después, el autoritarismo de mierda que sacamos de no sé donde carajo, que asoma apenitas despuntamos el lenguaje. Pero la sociedad les da el cupo, la ración, su parte para enrostrar la distribución de la riqueza en la repartija de tareas, en la división sexual del trabajo. Y no son solo culos pues, si con las faldas hasta los tobillos te vuelven loco. Y el amor nunca fue un culito a la tanga. Fue siempre mirada, perfumes y gestos. Con eso nos pueden.

Nos estamos fulminando en infartos, mientras ellas hacen malabares de circo familiar. Y nos vamos por ahí, en la noche póstuma, a meter las narices en vasitos de cursilería barata para sentirnos héroes de la noche, solo por una noche. Y se escriben cosas como estas, por la impotencia de ver el desbalanceo en lavarropas y heladeras. Ropa tendida a escondidas, atrás de la casita, pa`que no se note patrón.

Hijo e` tigre carancho. Cagados en pañales de algodón que solo lavaron las viejas con el jabón de pan en la tabla perfumada de madera. Si es para irse a la misma Boca a recorrer el puerto y respirar las nieblas del riachuelo y filmar, a esos viejos y viejas que bajan de los barcos. Son documentales, archivos de memoria que el cuore administra.

Y aquí… Cosquín. Los estábamos esperando hechos vacas y trigo sembrado, en tierras regadas con sangre de indio y gaucho, de criollo y milicia montonera, de difuntitas correas secas de pecho, de tanto chupete pa` la guagua. Mil acordeones para las señoras hermosas, en un solo de dos horas y media sin chistar. Se viene otra crisis mijo, y hay que ver cómo la aguantan las minas…y cómo huimos los machos.

Santa. La imagen de la “tanguedia argentina”. El nido. El barrio, la radio, la misa criolla…perdón, la mufa criolla. Manguita de mufosos. Eso sí, hay minas y minas. A la viejita Mirtha Legrand nunca la prohibieron en dictadura, pero a la tanguera Nelly Omar la silenció la libertadora.


Marcelo Padilla