Almafuerte, primer motín: comenzó el juicio por el asesinato de Darío Vega
El miércoles en la mañana comenzó el juicio contra tres internos de la cárcel de Almafuerte que el 24 de abril de 2010 protagonizaron un motín en el módulo tres, en el que tomaron como rehenes a cinco agentes penitenciarios y asesinaron a otro interno que cumplía una condena por violación. Carlos Manuel Díaz encarna el tribunal unipersonal, mientras que Fernando Guzzo es el fiscal y Claudia Acebedo es la defensora oficial del caso, que se desarrolla en la Cuarta Cámara del Crimen del Poder Judicial.
Toma de control
De acuerdo a la reconstrucción de los cinco testimonios, los hechos se desencadenaron alrededor de las 4 de la mañana del sábado, cuando tres internos que se ubicaban en el Ala 2, llamaron la atención de los agentes, al avisar acerca de un cuestionado ataque de epilepsia sufrido por Sergio Barroso, quién ya tenía antecedentes de este tipo, y por lo que tomaba una medicación que se le suministrada en la cárcel.
Así fue que auxiliados por un agente, Lorca y Casanova, compañeros de celda de Barroso, lo tomaron (uno de los hombros y el otro, de los pies) y lo sacaron al pasillo, mientras éste aún sufría convulsiones y arrojaba espuma por la boca. Sin embargo, lo que fue tomado por los penitenciarios como una urgencia, rápidamente mutó hacia la forma de un motín, que se favoreció porque dos de ellos estaban cuarteando (en la jerga penitenciaria es empleado para referirse a cuando los agentes descansan o comen dentro de un cuarto dentro del módulo, destinado a esos fines), fueron reducidos casi inmediatamente, utilizando una serie de chuzas de fabricación artesanal y palos de escobas, golpearon y amenazaron a los agentes que fueron atados y dejados de costado, mientras los internos revelados recorrían los pasillos.
En esos momentos fue que se terminó de revelar la treta, ya que Barroso, que hasta hace unos instantes había exhibido un ataque epiléptico, se incorporó y plegó al motín.
Hacia la venganza
Una vez hechos con el poder del módulo en el que en ese momento residían unos 170 internos, repartidos en celdas compartidas –en la mayoría de los casos- por hasta tres personas, se volcaron hacia el segundo objetivo: atacar a Darío Vega, que cumplía una condena de 18 años por abuso sexual y que se alojaba en la celda 323. Ataque que se prolongó durante unas horas y terminó con su vida.
Siguiendo el testimonio de los agentes y ante la pregunta insistente del fiscal Guzzo dirigida a conocer el motivo del ataque, los cinco hombres dijeron que Vega era increpado constantemente por Barroso, Lorca y Casanova, quienes en varias oportunidades lo habían amenazado utilizando la frase: “Violín, te vamos a matar”.
Después de reducir a los agentes, obligaron a éstos a marcarles cuál era la llave que abría la celda de Vega, al que sacaron de allí para golpearlo fuertemente y volverlo a meter dentro del recinto. Sin embargo, no conformes, volvieron a introducirse en la celada para herir a su víctima con una chuza a la altura del tórax.
El juego del horror
Después que recibe el primer puntazo, Darío Vega, -que había suplicado que no lo mataran-, empezó a correr por los pasillos, tratando de refugiarse de sus agresores que lo perseguían y asestaban con elementos cortantes cada vez que lo alcanzaban.
Bajo este juego del horror, -que se mantenía por pequeños intervalos en los que Barroso, Lorca y Casanova perseguían a Vega por el pasillo y los asestaban con chuzas cada vez que lo alcanzaban-, poco a poco las fuerzas de la víctima fueron mermando a medida que perdía cada vez más sangre.
Finalmente, alrededor de las 4.40 cayó Vega desplomado sobre los guardiacárceles, con la ropa bañada en sangre. De esa posición, fue Barroso, que calmado y frío, tomó al herido de los cabellos y lo arrastró por el pasillo a la vista de todos los demás internos, y después de proferir una serie de insultos, tomó un elemento cortante y lo degolló, acabando así con toda posibilidad de supervivencia.
Después de esto, la población del Ala 2 fue testigo de algo aún más macabro. Barroso, Lorca y Casanova, absorbidos por la euforia, pusieron música en un grabador que habían tomado de la celda de Vega y comenzaron a bailar alrededor de su cadáver, festejando mientras exhibían unas lanzas que habían fabricado con chuzas atadas a palos de escobas.
Un fuego ignorado
Si bien la finalización oficial del motín fue anunciada a las 13.30, las autoridades penitencias pudieron conocer la situación recién cuando comenzó a clarear la mañana, en el momento en que otros guardias intentaron comunicarse con el personal del módulo intervenido, y se encontraron con las voces de los amotinados.
A partir de esto, comenzó la negociación que permitió que fueran liberados cuatro agentes en primer lugar, y el último al finalizar. Todos fueron rescatados en perfecto estado.
Sin embargo, fue llamativo el hecho de que apenas comenzó el motín, desde una de las celdas de ese módulo se inició un pequeño fuego, que fácilmente se podría haber visto desde algunas de las torres de control, pero que extrañamente fue ignorado por completo.
Los cinco agentes que aportaron sus testimonios en esta primera parte del juicio, resaltaron este hecho, pero negaron tener conocimiento de las causas por las que no fue visto por el resto del personal.
Continuación del debate
Este jueves será el turno de los alegatos del fiscal Fernando Guzzo y de la defensora oficial Claudia Acebedo, quiénes ofrecerán más detalles del motín que significó el bautismo de fuego del complejo Almafuerte.
Por Horacio Yacante, en twitter @horayacante