Marcha por Matías: el día en que la gente salió a pedir el fin de los Derechos Humanos
Bajo la consigna de hacer una manifestación pacífica para pedir justicia por el crimen que conmocionó a toda la provincia, Osvaldo Quiroga “El Oso” partió desde San Martín y Garibaldi, acompañado por los remeros compañeros de Matías y las decenas de amigos del joven y de sus padres.
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La hora del discurso
A menos de media hora de haber comenzado, Osvaldo Quiroga se colocó en la parte más alta de la escalera en la Legislatura. Allí, con un micrófono cuya potencia no fue suficiente como para abarcar a la columna que se extendía hasta la intersección del Paseo Sarmiento con la Avenida España, les habló a los presentes.
La falta de potencia del micrófono fue notorio cuando empezó a hablar Quiroga, y la gente ubicada más alejada del palco, no enterada del inicio del discurso, seguía aplaudiendo como lo hacía desde el punto de partida.
Las primeras alocuciones fueron fieles a su dolor de padre. Dolor, que también era compartido por cada uno de los manifestantes que conocían o tenían un pariente o amigo que había sido víctima de la inseguridad.
Pero ese sentimiento duró sólo unos segundos, porque inmediatamente lanzó por el aire: “Todos nosotros estamos solos…”, y esperó otros dos segundos para reponerse y reforzar el argumento: “Este flagelo nos mata cada vez más rápido”.
Desde allí, el discurso se dividió en dos. Por un lado, los padres de Matías proferían su discurso basado en la desilusión del sistema penal argentino, pidiendo que el mismo sistema se haga responsable de los crímenes que asestan aquellos que se encuentran bajo algún régimen de libertad tutelada o salida transitoria. Y desde la otra cara, los “oyentes” respondían con dictámenes de “mano dura”, “pena de muerte” y el fin de los derechos de libertad condicional.
Para quien estaba mezclado entre la muchedumbre, se hacía difícil poder entender qué parte del discurso era pronunciada por Osvaldo y María Inés, y cuál provenía desde el gentío.
Ellos y nosotros
La convocatoria que se hizo con fines pacíficos y sin intención de marcar diferencias, tuvo un punto de inflexión radical cuando Quiroga dijo: “Siguen matando a los chicos que verdaderamente sirven”. “Estamos hartos de derechos humanos”, recalcó.
También cargó contra los abogados penalistas que fundan las defensas de los presuntos criminales en los principios de defensa de los DD. HH. Son unos “sabiondos de barbas prominentes que opinan y alegan mientras nuestros hijos mueren”, dijo –o más bien gritó- por el micrófono ante el vitoreo de muchos de los presentes.
“Hay que desatarles las manos y los pies a los policías para actúen y recorran los lugares donde se ocultan los criminales”, dijo ya sobresaltado y sin vos, y advirtió, antes de entrar a la Legislatura para entregar un petitorio, que por ahora “no habrá violencia, todavía”.
Por Horacio Yacante, en twitter @horayacante


