El relato del asalto y la muerte de Matías, según los testigos, es distinto al de la policía
Con el paso de los días, han comenzado a aparecer cada vez más testimonios que se contraponen total o parcialmente a la versión oficial brindada por el comisario Daniel Massola y el ministro Carlos Aranda. La falta de precisión en la cantidad de criminales implicados, hasta el modo en que éstos abandonaron la playa del supermercado, abrieron no pocos interrogantes que sólo podrán ser explicados por los testigos involuntarios de esta historia.
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Las dos camionetas
En el primer informe aportado por el comisario Massola, se hace mención de la utilización de dos vehículos. El primero de ellos es una camioneta Ford Transit blanca sin patente, que contaba con una orden de secuestro después de haber sido robada durante esa misma semana. De allí habrían descendido la gran mayoría de los asaltantes –unos siete de acuerdo a las primeras estimaciones-, que conformaron la primera línea de ataque. Mientras que el segundo de los vehículos, un utilitario Renault Kangoo también blanco, y en las mismas condiciones que el anterior, participó como apoyo de la operación.
Ahora bien, este “apoyo” no fue claro desde el primer momento, ya que si bien fue visto por los vecinos de la calle Guido Spano, no fue así de igual por los efectivos de la UMAR que acudieron a la alerta emitida por el blindado. Razón por la que en un principio se desconocía si este vehículo había estado presente durante el tiroteo y cómo había logrado salir de esa situación, ya que tres o cuatro delincuentes –aún armados, con capuchas y chalecos de bala-, abandonaron la playa del Carrefour por la salida norte y se dirigieron por Manuel Moreno hacia Guido Spano, en un cuadro de visible desamparo de parte de sus compañeros.
Dónde estuvo todo ese tiempo ni cómo fue que se unió a la desesperada huida es una incógnita aún no resuelta.
Desesperación y asesinato
Mientras la situación era controlada enfrente de la Bolsa de Comercio, y se lograban las primeras dos aprehensiones, la acción se había trasladado 150 metros hacia el norte, justamente a la esquina de Manuel Moreno y Guido Spano.
Hasta allí habían llegado aquellos que lograron huir a pie, y rápidamente comenzaron a deshacerse de las capuchas y los chalecos antibalas –que arrojaron en la calle-, para no ser reconocidos por sus perseguidores.
Esta acción claramente obedecía a un plan dispuesto con anticipación, pero que no fue completado según lo esperado, ya que el retraso del transporte que los sacaría de ese lugar, aumentó el nerviosismo y provocó que empezaran a forzar las cerraduras de cada uno de los vehículos que estaban estacionados al costado de la calle, con la clara intención de hacerse de un medio de escape.
Fue en ese intermedio de desesperación, que llegó Matías en el Citroën C3 de su madre, hasta esa encrucijada, en la que uno de los delincuentes se colocó frente al vehículo y disparó dos veces contra el muchacho, que cayó vencido dentro del automóvil.
Un vecino, que por razones de seguridad pidió mantener su nombre en reserva, dijo que otra camioneta pasó por esa esquina antes que el C3, pero que al percatarse de la situación, dobló en contramano por Guido Spano hacia la calle San Martín, previendo la suerte que habría de correr, y que cayó sobre el muchacho de 21 años.
Una vez que aquellos sacaron a Matías –aún con vida-, del vehículo; alzaron la vista y pudieron constatar que la Kangoo blanca había llegado desde el este y en reversa por Spano, hasta el punto prefijado.
Su plan falló doblemente. No sólo no lograron quedarse con el dinero sino que se cargaron con ellos la vida de otro mendocino inocente.
Por Horacio Yacante, en twitter @horayacante


