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De encuentros y desencuentros...

La psicóloga Laura Alcaraz se enfoca en su columna de hoy en los porqués de las parejas y de la finalización de los vínculos. Prendete, leela, compartila y dejá tu comentario.
Juntarse y pelearse: hay explicación.
Juntarse y pelearse: hay explicación.
Una de las condiciones más importantes del ser humano, es su capacidad de formar y mantener vínculos. Estos son absolutamente necesarios para que cualquiera de nosotros pueda sobrevivir, aprender, trabajar, amar…

Generalmente no nos planteamos cómo nos relacionamos y cómo es el vínculo que nos une a otra persona. No sabemos cómo se ha construido ni qué parte hemos puesto para construirlo. Sólo sabemos que nos gusta estar con alguien, que disfrutamos de su compañía. Que nos produce emociones y que esperamos encontrarnos con aquel que elegimos para compartir algún momento de la vida.

Establecer vínculos es necesario para la construcción de la subjetividad. Es la experiencia emocional y fundante entre dos personas, decía Bion (1965). Experiencia que se inaugura con la investidura libidinal entre la madre y el bebe, base de todo vínculo.

Las experiencias durante estos primeros y vulnerables años del desarrollo evolutivo de un individuo, influyen significativamente en el moldeado de la capacidad para formar relaciones íntimas y emocionalmente saludables. La empatía, el afecto, el deseo de compartir, el inhibirse de agredir, la capacidad de amar y ser amado y un sin número de características, están asociadas a las capacidades medulares de apego formadas en la infancia y niñez temprana.
En todo estrecho lazo que construimos con otro existe en el imaginario un intento de retornar a un nivel primario de funcionamiento, en que el psiquismo materno y el del niño se confunden entre sí.

Del latín: "vinculum" de "vincire" que significa atar, unión o atadura de una persona o cosa con otra. Antiguamente expresaba la unión entre dos ramas sujetadas firmemente con una cuerda de nudos.

Sí, a veces, nos atamos tanto a nuestras relaciones que nos cuesta diferenciarnos y nos confundimos, nos perdemos de vista a nosotros mismos, nos fundimos con el otro y quedamos sujetados. Del encuentro con otro al desencuentro con uno mismo, nos perdemos.

Pero también nos encontramos, ya que el vínculo afectivo es el puente relacional que nos une al otro, nos permite conocer y al mismo tiempo nos trae la posibilidad de conocernos. El vínculo afectivo es misterioso, podemos saber qué enviamos a través de él, pero es difícil saber qué es lo que el otro percibe. Y en ese ida y vuelta pueden producirse grandes confusiones y grandes hallazgos.

En los vínculos que establecemos fluctuamos del amor al odio. Del conocimiento del otro al desconocimiento. Parece más fácil apegarnos, sin embargo mantener un vínculo implica sacrificar ciertas zonas, renuncia pulsional, que ensambla una relación y la convierte en aquello que nos da las más plenas satisfacciones y también,  los peores momentos.

Si hacemos un breve recorrido por nuestros dolores psíquicos,  sufrimos por lo que esa persona significativa, pensó, hizo y/o  dijo, (o la inversa); sufrimos porque esperábamos otra respuesta… Acaso,  ¿sufrimos por otra cosa que no sea por nuestra forma de vincularnos?
"Hay una violencia intrínseca a todo vínculo de amor que nace de la tensión entre la tendencia a fusionarse en uno y la existencia de inextinguibles diferencias de la otredad (…) la violencia de desconocer la existencia diferente del otro y de sentir que el otro desconoce la propia."  (Seiguer y Moguillanski, 2005).

El malestar es intrínseco a las relaciones humanas. Si hay vínculo habrá en algún momento malestar.  Lejos de ser una patología, entre encuentros y desencuentros, construimos vínculos reales.

Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
www.aabramendoza.com.ar
[email protected]