Por qué es un problema que los chicos coman en la escuela
#Primera parte
Hay muchas razones que hacen que cada vez más niños coman en la escuela. Una parte de ellos asiste a los comedores escolares (esto sucede en escuelas privadas y públicas), y otros llevan sus propios alimentos en viandas o luncheras, una versión en español del término en inglés “Lunch box”, caja de almuerzo.
Las dos alternativas, la del comedor y la de la vianda, contienen problemas de muy compleja solución, aspectos que abarcan desde las variables de la macroeconomía (el precio creciente de los alimentos y de las tarifas de los comedores escolares), hasta, en el caso de las viandas, toda la logística que presiona los horarios de trabajo de los padres, los escasos o nulos conocimientos que tienen muchos padres sobre cocina y alimentación, y la falta de viandas diseñadas efectivamente para transportar variedad de alimentos, como las bento box, muy difíciles de conseguir en Argentina.
El Comedor
La mayoría de los comedores escolares no improvisan y están asesorados por nutricionistas especializados, expertos que diseñan el menú semanal del comedor balanceando los ingredientes, los gustos de los chicos, la estacionalidad y la rentabilidad del negocio medida al centavo. Hay escuelas incluso que tienen servicios de comedor que sirven alimentos 100% orgánicos y que varían los platos cada día, logrando que no se repitan en todo el mes.
Pero a pesar de eso, no es posible decir que esos menús sean los correctos de forma inapelable. Sólo para resaltar la incertidumbre que tiene este tema, muchos menús preparados por nutricionistas especializados en Argentina, difícilmente serían aprobados con los criterios que expresa la Chef y experta en almuerzos escolares Ann Cooper en su conferencia en TED, o incluso por Jamie Oliver en el mismo ámbito. Es decir, sobre la alimentación en general y la de los niños en particular, no hay verdades absolutas y hay mucho para opinar. Las familias no deberían delegar la dieta de sus hijos en la escuela con los ojos cerrados.
Los comedores producen una dieta que tiene un consentimiento social promedio, para niños de gustos promedio y salud promedio (aunque también se consideran necesidades especiales como celiaquía y obesidad). Esa aprobación promedio tal vez no alcance para armar la dieta ideal que los niños deberían tener. Por ejemplo, el menú que la mayoría de los comedores escolares sirven en la Argentina con abundancia de carne, no coincide con las proporciones sugeridas en la nueva pirámide alimenticia llamada “MyPlate” que impulsa en su país el gobierno de Estados Unidos. “MyPlate” es una rigurosa guía alimentaria que cuenta con un amplio apoyo científico de instituciones y especialistas que propone consumir las siguientes proporciones de alimentos para una dieta saludable de niños y adultos:
- 30% de vegetales
- 30% de frutas
- 20% de granos
- 20% de proteínas
- Una porción de lácteos descremados.
El programa se llama MyPlate porque éstas proporciones recomendadas son representadas en un plato, lo que ayuda como una guía visual para saber si se está o no cumpliendo con las cantidades:
Pero Harvard School of Public Health realizó su propia versión de MyPlate dando mayores precisiones sobre qué debían contener esas porciones, donde, por ejemplo, desalienta directamente el consumo de proteínas de carnes rojas, para preferir las de pescado, las legumbres y las aves de corral. De llevarse a cabo una dieta de este tipo en Argentina derrumbaría el mercado de la carne local.
O sea, ni pollo con arroz con manteca, ni bifes a la criolla, ni milanesas con pure, ni pastel de papas…Casi nada de lo que muestra el siguiente menú escolar argentino hecho para niños mayores de 4 años. Para los criterios de comida saludable de MyPlate, este menú escolar que aparece abajo, es prácticamente veneno.
Somos nosotros
La dieta que propone el comedor de la escuela en gran parte tiene en cuenta los “gustos y hábitos” ya desarrollados por la población en sus propias casas. Si mañana se sirviera en todas las escuelas de la Argentina un plato como “MyPlate”, seguramente produciría el repudio instantáneo de la mayoría de los chicos “¿30% deVegetales con aceite de canola? ¿30% de frutas? ¿Té frío? ¿Arroz integral? ¿Pescado?”. Sin un programa de alimentación eso es imposible (es lo que cuenta Ann Cooper en la conferencia en TED).
La razón de que los chicos no comen todo lo bien que deberían y terminan moldeando el discutible menú escolar, puede rastrearse mejor en los hogares que definen el perfil alimenticio de su hijos que en el diseño de los menús de los nutricionistas. Habrá que aceptarlo, en la mayoría de las casas en Argentina y en otros países se come muy mal (y no es una cuestión de dinero). Se seleccionan mal los alimentos, se los prepara de forma incorrecta o repetida, y por ignorancia, se terminan produciendo menús inadecuados, y hasta peligrosos.
Pero no solo pasa en Argentina. Tan mal lo hacen en Estados Unidos, por ejemplo, que el director de la escuela pública Little Village Academy en Chicago, harto de los perniciosos hábitos alimenticios de sus alumnos, prohibió el año pasado que los niños llevaran a la escuela el almuerzo desde sus casas. En efecto, en esa escuela sólo pueden llevar su propia comida aquellos alumnos que presenten un certificado médico. El polémico argumento es que la comida servida en la escuela es más sana, fresca y nutritiva que los “snaks y gaseosas” que los chicos traían desde sus casas.
#proxima nota “La vianda perfecta. Diseño, funciones y menú”