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La columna de Mara: putitas & burguesas

La columna de Mara. Literatura erótica para chicas bien. Un fenómeno que crece de boca en boca de las esposas y descansa en la mesa de luz de los maridos.

Que las hay, las hay, y todas llevamos un poquito de una y otra adentro. La transgresión nos atraviesa, seamos quienes seamos, y en un cúmulo de actos correctos, ésta nos traspasa dejando la evidencia de una daga reclamando sobre nuestros cuerpos.

Todas tenemos una puta interior que a veces es mejor que no salga nunca. Pero la puta está ahí, esperando su momento, jamás duerme, sólo oscila entre la mujer que somos y la que nos permitimos ser. Aunque reconozco que hay a quienes se les hace más difícil; las mismas a quienes se les hace difícil dejar de pedir Sprite con limón, dejar de usar aritos de perlas, o dejar de ir a Reñaca en el verano. Las mismas que se animan a los tacos pero de corcho, a los viernes pero de chicas, a los amantes pero en el chat. Chicas bien que tienen nombres de deseos para el Mundo: Paz, Esperanza, Milagros, Amparo, Consuelo. Que aseguran que el auto colorado es de chongo pero el mismo modelo en gris es chetísimo. Chicas que siguen prefiriendo que pague él, que van a morir sosteniendo que ser sexy es lo mismo que ser trola, que adoran la cumbia pero sólo en los casamientos, que si no las llaman no salen y terminan saliendo con cualquiera pero, eso sí, recomendado por una amiga… Chicas que sostienen personalidades ficticias construidas sobre decisiones equivocadas y que, un día, de la noche a la mañana, dan un salto abrupto y se vuelven irreconocibles.

Pero ok, todas somos, también y en efecto, burguesas. Y tal vez en la conspiración diaria de lo cotidiano en contra de lo mágico, de la rutina en contra de lo imprevisible, de lo real en contra de lo onírico se acumule tanto deseo dejado para más adelante. Una manera racional de pensar que lo mejor está por venir. Un aburguesado buen comportamiento en una putita que lucha por nunca salir a la luz.

Estas chicas que parecían dormidas despiertan con novelas eróticas revestidas de info histórica que oficia de sustento para el tema prohibido. Ellas descubren, de grandes, el placer de perderse en un libro, la paz de irse muy lejos de lo que pasa alrededor. Dejaron “Cien años de soledad” por la mitad y creen que “Instantes” es de Borges. Leyeron todo Coelho y ya dieron la vuelta por la espiritualidad, la autoayuda y el feng shui. Avidas por sensaciones nuevas, pero que no se corran del marco de sus vidas pre establecidas, han ido por más. Pero ya sabemos, lo que ya no se ejerce se intelectualiza y es así como estas chicas han decidido hacerlo con el sexo.

Literatura erótica para chicas bien. Besos, sudor y orgasmos con firma editorial que les dan el permiso para gozar a través de otros, que las deja sentirse pecadoras. Nadie en casa está al tanto de los contenidos, mamá ahora se vuelca a la literatura y no es más que otra muestra de su madurez. Libros enormes y trilogías que se convertirán en zagas; ¡estas chicas ahora pueden con 600 páginas como si nada! A la mañana siguiente dirán que las desveló la descripción de París, la idiosincrasia del Congo o se mostrarán más interesadas por el conflicto Gaza-Israel. Se sentirán orgullosas de su desvelo literario y recomendarán la lectura a todo aquel con quien se crucen. Se reconocerán asiduas lectoras como siempre quisieron ser, sólo que hasta ahora no habían encontrado el género que las identificara mejor. Seguirán criticando a Tinelli, a Rial pero se permitirán una cuota diaria de literatura basura.

Hay quienes sostienen que son las propias madres quienes las introducen en el nuevo género deseosas de que sus hijas gocen un poco más que ellas pero sin cometer adulterio.

Sea como fuere, estas chicas relegarán sus tópicos indiscutidos de los sábados a la tarde por la recomendación de esta nueva experiencia a sus amigas. Entre risas cómplices compartirán sólo algo de lo interpretado y algunas hasta se animarán a dar detalles de sus propias sombras grises en medio de la oscuridad. No podrán esperar la hora de ir a la cama, de abrir esas páginas, de cabalgar esos párrafos. Sentirán latidos en todo el cuerpo y se exaltarán cuando alguien entre a la habitación. Disfrutarán haberse independizado también del sexo habitual y se acomodarán más dispuestas cuando los maridos duerman, para ya tranquilas, poder plasmar en sus cuerpos todo lo leído. Cerca de su letargo hormonal descubrirán que es posible tener orgasmos aún cuando nadie las toque.

Ese amante que nunca se animarán a tener duerme junto a ellas todas las noches mientras sus maridos se ahondan en un sueño profundo que ellas también logran conciliar con la convicción de no haber cometido pecado, porque en realidad ¿quién puede culpar a un papel impreso?

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