Los quince métodos de tortura más terribles
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La rueda para despedazar, la cuna de Judas, el aplastacabezas, el cepo, la horquilla del hereje, la silla de interrogatorio, el toro de Falaris, la pera oral, rectal y vaginal, el cinturón de castidad, la máscara infamante, el péndulo o garrucha, el aplastapulgares, la cigüeña o hija del basurero, las arañas españolas, el potro en escalera, el collar de púas punitivo, el cinturón de San Erasmo, el desgarrador de senos, el violón de las comadres, las tenazas ardientes, el cilicio de pinchos, las garras de gato, la flauta del alborotador, los collares para vagos y retinentes a misa, el rompecráneos, el látigo para desollar, la picota en tonel, la lanza o la trenza. Un verdadero despliegue de maligna imaginación para humillar, castigar, torturar y asesinar lentamente a las personas.
El famoso Museo de la Tortura, en Santillana del Mar, España, exhibe un centenar de estos instrumentos que trasladan a tiempos despiadados, de ejecución y pena capital, de humillación pública y de sufrimiento en su máximo grado. Desde la Edad Media hasta finales del siglo XIX, la muestra se centra en los métodos usados en la Inquisición.
Estos son algunos de los métodos de tortura más escalofriantes, recogidos en la Guía de la exposición "Instrumentos Europeos de Tortura y Pena Capital", con objetos originales y logradas réplicas.
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1. La doncella de hierro. Con forma de sarcófago antromorfo con dos puertas, y con clavos en su interior que penetraban al cerrarlas en el cuerpo de la víctima, la primera ejecución con este método se remonta al 14 de agosto de 1515 cuando un falsificador de monedas fue introducido. Relato espeluznante de de Gustav Freytag: «Las puntas afiladísimas le penetraban en los brazos, en las piernas, en la barriga y en el pecho, y en la vejiga y en la raíz del miembro, y en los ojos y en los hombros y en las nalgas, pero no tanto como para matarlo, y aseí permaneció haciendo un gran griterío y lamento durante dos días, después de los cuales murió».
2. El hacha del verdugo. Mientras en la Europa central y nórdica era más frecuente la decapitación con espada, en la Europa gala y mediterránea se usaba el hacha. Los verdugos se entrenaban intensamente con animales en mataderos para perfeccionar el acierto del golpe. Maña y fuerza que no eran iguales entre decapitados nobles que en plebeyos, con agonías más dolorosas.
3. La guillotina. Introducida por Joseph-Ignace Guillotin, este médico francés promovió una ley para que todas las ejecuciones, sea el individuo de la condición que fuese, se realizasen con una máquina que decapitara de «forma indolora», ya cayese la cabeza a un cesto o al suelo. Según se explica en el catálogo de la exposición, la primera se usó en París para ejecutar a un asaltante de diligencias en 1792.
4. El garrote. Mítico instrumento, en el que un tornillo hace retroceder el collar de hierro hasta asfixiar a la víctima. Existe también una versión catalana en la que un punzón de hierro rompe las vértebras y aplasta la tráquea.
5. La jaula colgante. La víctima, desnuda, era encarcelada en estos hierros y colgada. Hambre y frío, sed y quemaduras en verano, los cadáveres se dejaban a la vista del público hasta el desprendimiento de los huesos.
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