¿Es o no un autorretrato de Velázquez?
Keith Christiansen explicó la reciente atribución y cómo tras la limpieza del retrato y su última restauración, salieron a la luz recursos técnicos y estrategias de representación típicamente velazqueñas. Asimismo subraya que desde que observó por primera vez el cuadro en las paredes del Metropolitan, dudó de que perteneciera al taller de Velázquez, tal y como se pensaba en el Museo.
Explicó, comparánlo con el cuadro de La rendición de Breda, cómo el hombre del retrato es idéntico al soldado anónimo que aparece en el extremo derecho de Las lanzas. Así y a medida que se avanzaban las investigaciones y gracias a la colaboración de Jonathan Brown, finalmente, en 2009, optaron por publicar un artículo atribuyéndolo como original de Velázquez.
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No obstante, tanto el director adjunto del Museo del Prado, Gabriele Finaldi, como Javier Portús, jefe de Pintura Española de la pinacoteca, tienen "muchas razones" para dudar de que este caballero retratado en el cuadro procedente del MET sea el propio Velázquez.
Entre las razones que esgrime Javier Portús, figuran la propia anomalía que supone que en un cuadro dedicado para exhibirse en el Salón de Reinos tenga una huella del propio artista y que el hecho retratado (La rendición de Breda) haya tenido lugar diez años antes de ser pintado.
"En un cuadro destinado al Salón de Reinos es muy raro que el pintor se autorretrato. Con los datos que hay es muy difícil afirmar que es un autorretrato de Vélazquez", subraya Portús, y recuerda que esta idea del conservador del Metropolitan es producto de la mentalidad del siglo XIX cuando se pensaba que cualquier cuadro tenía que tener la huella del pintor.
"La comparación entre ambos (el hombre que aparece en el cuadro del MET y los autorretratos de Velázquez admitidos) nos muestra una tipología diferente, se observa una frente más ancha, cejas y labios más marcados y un aspecto más meridional", alega Javier Portús.
Este Retrato de caballero había pertenecido, desde el siglo XVIII, a colecciones privadas alemanas, hasta que en 1925 o 1926 pasó a manos de Joseph Duveen, el marchante de pintura antigua más importante de su tiempo.
Con objeto de facilitar su salida comercial, hizo restaurar el cuadro atendiendo a criterios que satisficieran las expectativas del coleccionismo internacional. Esa intervención creó un fondo homogéneo, definió las partes del tronco que estaban simplemente abocetadas, convirtió el cabello en una masa uniforme y, en general, dio lugar a una imagen muy estática y uniforme, una sensación que el envejecimiento del barniz no hizo sino aumentar.
Fuente. Europa Press


