Sobre madres e hijas: un vínculo de amor y odio
De hijas y madres. De colines, vestidos, sonrisas, gestos y muecas que se asemejan. A la cada vez más temprana adolescencia que enfrenta a los límites: los que se pudieron poner, los que no, los de las niñas- adolescentes y por supuesto los de las madres. Limites internos que marcan que no se es, como se esperaba ser. Ni ella es como esperaba ni yo soy como deseaba. Que hay diferencias. Y que algunas de ellas pueden ser un abismo. Madres e hijas de la unión a la queja del desencuentro. De una relación idílica a una relación real. El vínculo entre madres e hijas es un vínculo que siempre da para hablar y nos invita a reflexionar.
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Freud dirá “un amor que pide exclusividad y no se contenta con fragmentos... es un amor propiamente sin límite, incapaz de una satisfacción plena y por esta razón está condenado esencialmente a terminar con una decepción y dejar lugar a una actitud hostil”. La hija se consagra a su madre o la rechaza. Vinculo que quedará oscilando entre el amor y el odio.
Odio que se sostiene en la privación original de estar “mal hecha”, no ser como el varón, por lo tanto castrada. La niña siempre queda un poco en déficit, ella nunca termina de separarse de la madre y el peligro del retorno de esa figura materna la “acosa”. Ella a lo largo de su vida no cesara de resistirse, de defenderse de diferentes maneras sintomáticas de ese peligro.
“La niña está en un estado de reproche, de desarmonía con su madre. Tengo bastante experiencia analítica para saber cuán devastadora puede ser esta relación” dirá Lacan
Esta relación devastadora, de estrago no debe ser entendida como el resultado de una desastrosa relación entre madre e hija a causa de una mala madre.
Más bien se trataría de un hecho estructurante que da cuenta de la imposible armonía de esa relación. Madre e hija deben renunciar a ese ideal de armonía producido por la ilusión de pertenecer al mismo sexo. En la experiencia de madres e hijas se convive con la devastadora sensación de hacer imposible la similitud. Ambas atravesaran este “ravage”. Que no es síntoma a curar, sino una condición de la relación madre- hija, un hecho de estructura que pone de manifiesto que la esencia femenina no es transferible. Pasar por allí seria una manera de aceptar que una madre y una hija no serán amigas a pesar de sus esfuerzos. Transitar esta disparidad es fundante. Es en algún punto aceptar la imposibilidad que se esconde en todo vínculo: “no todo se puede” y “no hay complemento”.
Imposible universalizar a las mujeres. Imposible determinar como ser madre. Madres de hijos varones, madres de hijas mujeres. Madres todas diferentes. No se es la misma madre con todos los hijos. Por ello en este vinculo, la mayoria de las veces sacralizado, habra que dejar lugar a las posibilidadesde e imposibilidades, a los sufrimientos y sintomas, que pueden producirse y permitirnos que la palabra circule por aquellos intersticios de este vinculo para poder ser descifrado.
Lic. Laura Alcaraz
Psicóloga (UBA)
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