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Informar, confundir, contaminar: un día para no mirar tele ni leer diarios

Nuestras momias niñas son luego exhibidas, analizadas, diseccionadas en otro ritual –el de la ciencia– para hurguetear con la razón entre sus ropitas y sus collares. Candela, la niña sacrificada –vaya a saber por qué– formaría parte de estas ritualidades sacrificiales urbanas de nuevos tiempos.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Es de perogrullo plantear por estos días que vivimos en una “realidad” sobreinformada. Y lo es también si decimos que la mayoría de los medios de comunicación no tienen ningún pudor para lanzarnos gases lacrimógenos con noticias que vienen del espanto, del más oscuro rincón de la perversión y la mente humanas. No voy a negar la “necesidad” que tienen los medios de informar y “competir” con la “primicia”. Esa es la regla de juego, el leitmotiv del periodismo, entre otras.

El asesinato atroz de la niña ha sido perpetrado y un país la llora y estalla de bronca. Y nos toca a todos tan de cerca porque en la sociedad siempre los niños deben ser los únicos privilegiados. No hay crimen más movilizador que el de un niño. Hasta hoy nos corre un hilo de frío seco por la espalda pensando en el ritual sacrificial incaico en el que a los niños se los entregaba a los dioses en una montaña, para que murieran allí por congelamiento.

Nuestras momias niñas son luego exhibidas, analizadas, diseccionadas en otro ritual –el de la ciencia– para hurguetear con la razón entre sus ropitas y sus collares. Candela, la niña sacrificada –vaya a saber por qué– formaría parte de estas ritualidades sacrificiales urbanas de nuevos tiempos. Destrozada y en una bolsa la dejaron como fiel testimonio de que en estas sociedades la vida de los niños vale mucho. Pegar ahí, saben los asesinos, que duele y mucho.

Como el secuestro y la trata de niños, como el robo de bebés durante la dictadura.
Ahora bien, una cosa es informar y otra es confundir. Una cosa es informar y otra contaminar. Como siempre, el oportunismo mediático y político se pone al día y se renueva. Se alimenta de Candela. Se come a Candela. Como perros holgazanes rasquetean la bolsa con los restos de la niña y se pelean por las presas. Son la expresión más salvaje de la pavura.

La oposición política (los medios y los restos de noches swingers de los partidos y sellos de la vergüenza) también tiene hambre y pide más candelas. No luces, no iluminaciones, sino más candelas niñas muertas y destrozadas. El dolor se hace información y la información confusión. De la confusión a la contaminación hay un pasito. Estamos entonces en el espantoso oportunismo de la información y la especulación política.

Culpables son, somos, seremos. De todo, de haber nacido, de haber probado y de haber vivido. Pero lo que no garpa es haber confundido. No es un buen día para mirar televisión ni para leer diarios. Y, claro, mucho menos leer esta culpable columna oficialista.