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Va en picada pero vuela

Va en picada pero vuela, va en picada pero respira, va en picada pero ríe. Así se vive en los retazos del paraíso: riendo cayendo, respirando enterrados, volando a lo bajo.
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ
Foto: Gerardo Gómez/ MDZ

Se asoma el sol y se esconde como reo paranoico. Ha sido asustado, ha sido amenazado, siempre lo estarán vigilando.

Se asoma el sol y se esconde. Que hay vida en la tierra y ya en Venus es de noche. Que hay lunas menguando sopladas por cerdos, picadas por pájaros.

Es –casi– de locos. Es la hora de los locos. El rey bajo la capa está desnudo. El cuadro bajo el óleo está desierto. Llegaron los galeones repletos de cofres sin nada.

La pausa es un beso silencioso en el mundo. Se asoma el sol y se esconde y aparece la nube sola, solita, solitaria, soledad, solana, soldada.

Hacemos pozos para encontrar los tesoros que guardamos de niños, allá, más cerca de un lejos, lejano.

No hallarán más –lo que los invasores querían¬– los secretos de otoño, bienes nuestros, bienvenidos.

Hay una sola reina que camina normalita, sin corona ni reino. Medio-ángel, medio-diablo, medio miedo. Es que esto le pasa cuando se asoma el sol y se esconde.

Va en picada pero vuela, va en picada pero respira, va en picada pero ríe. Así se vive en los retazos del paraíso: riendo cayendo, respirando enterrados, volando a lo bajo.

Donde un pleonasmo es un don, la necesidad virtud, la carencia un capital, el amor un vendaval. Las lágrimas, una inversión a futuro. El ocio, una melódica liturgia anticapitalista.

Se asoma el sol y se esconde, ya, en verdemar, ya, en el celaje de un día extenso. De un día como una vida. De un día inmortal.

Felices, los congelados y los condenados, están, más que ayeres de solitarias moradas.

Hasta el campo ha sucumbido. Hasta el gallo se ha medido esta vez. Sin agua, errante, picoteando fantasmas, ha caído, ciego, cieguito.

Los ultra, tumba.